Arreglarse con lo propio

Con una buena imagen y con la confianza del exterior, el país busca depender menos del crédito ext

La decisión mexicana de pagar $500 millones de dólares de su deuda externa fue el paso más reciente en una larga estrategia para reducir su dependencia de fuentes de financiamiento foráneas. El país está aprovechando la fuerte percepción positiva de la que goza por parte de los mercados internacionales.

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La suma involucrada es menor a 1% del total de la deuda, pero se hizo para mandar una señal de buenas intenciones.

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Andrés Conesa, el ministro de Tesorería en Hacienda (a cargo de la emisión de deuda), declaró al Financial Times: “El objetivo a mediano plazo es apoyarse únicamente en el mercado local. En la medida que los países se desarrollan, los gobiernos cesan de supeditarse a la deuda externa.”

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Los ánimos mejoraron con el anuncio y el riesgo país de México, medido por el margen de bonos gubernamentales comparables con bonos del Tesoro estadounidenses, cayó a un bajo histórico de 188 puntos básicos en la tercera semana de noviembre, según JP Morgan. Esto representa una caída de más de 130 puntos básicos desde principios de 2002, cuando Standard & Poor’s y Fitch otorgaron al país el grado de inversión.

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Moody’s computa la deuda dos grados por encima de otras calificadoras y está considerando aumentar su calificación. Los fuertes datos de exportaciones en septiembre, que mostraron que la economía nacional estaba reaccionando a la recuperación en la unión americana, también alentaron al mercado.

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Buenas señales
Recientemente la Secretaría de Hacienda realizó una emisión de bonos por $1,000 millones de dólares, con vencimiento a 10 años; el interés más bajo que ha tenido un bono gubernamental mexicano de tal madurez. Otros signos de progreso reciente residen en la primera emisión de un bono con vencimiento a 20 años en México; la salida exitosa de la deuda mexicana Brady con 20 años de anticipación y la primera emisión en euros.

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Todas estas son medidas de defensa en vigencia desde la crisis del tequila, de 1994 a 1995, cuando la devaluación del peso le pegó a la banca. Tales disposiciones consisten en la rigidez ortodoxa de la política fiscal y bancaria, que busca una sustitución progresiva de deuda externa por interna.

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En 1996, la deuda interna representaba tan sólo 14% del balance total. Esta cifra actualmente se encuentra arriba de 50%. Mientras que la deuda externa ha caído ligeramente, de $76,800 millones de dólares a $75,900 millones, la doméstica del gobierno se ha incrementado de $128,000 a $851,200 millones de pesos durante el mismo periodo.

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Esto se deriva principalmente de la nueva demanda domestica por papel gubernamental, creada por las reformas de los fondos privados de pensión hace seis años. Las Afore tienen 83.5% de su cartera en valores del Estado. Hacienda ha hecho todo lo posible para apoyar a los mercados de derivados y de venta con pacto de recompra. La Secretaría crea mayor liquidez a través de la emisión de bonos que pueden ser reabiertos para ofertas de seguimiento, en vez de hacer series de emisiones separadas.

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Externamente México está tratando de proveer opciones a los inversionistas, tales como grandes fondos de pensión estadounidenses y europeos que sólo han podido comprar deuda mexicana desde que se le otorgó al país el grado de inversión en 2002. La emisión en euros se diseñó para atraer la atención de inversionistas del viejo mundo y dejar claro que México goza de muchas características acordes con economías en transición del este europeo.

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Los analistas continúan divididos en cuanto a si el bajo riesgo país de México está justificado. La economía sigue en recesión; aparenta estar perdiendo competitividad en los mercados de exportación respecto a nuevos rivales en Asia, y los políticos de oposición han creado trabas desde que el presidente Vicente Fox llegó al poder hace tres años. Las propuestas para incrementar impuestos, vigiladas muy de cerca por las agencias calificadoras, aparentemente tendrán un éxito limitado.

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Sin embargo, de acuerdo con Gray Newman, jefe estratega de Latinoamérica para Morgan Stanley, los nuevos inversores que han comenzado a comprar deuda mexicana en los últimos dos años “lo ven a través de una dinámica completamente distinta, como un crédito que confía cada vez menos en mercados externos. Hay una cantidad de papel limitada que va a escasear con el tiempo. También argumentan una mayor integración de México con Estados Unidos”.

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