Aterrizaje mexicano en España

El Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea hace más atractiva a la Península Ibérica para
Zacarías Ramírez Tamayo

Como los viejos amores, México y España ni se olvidan ni se dejan. ¿Ayudará el libre comercio firmado con la Unión Europea (UE) a tomar decisiones?

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Quienes así lo piensan se preparan para participar de las mieles de la unión, pero deberán tener paciencia. Los $2,000 millones de dólares de transacciones mercantiles –$1,000 millones para cada parte– hablan de una relación desangelada, máxime que 65% de lo que México aporta a la balanza común es petróleo y derivados. “Podemos hablar de que el intercambio comercial está ampliamente desaprovechado –dice Ximena Caraza, ex consejera comercial de la Embajada de México en el país ibérico–. Cada uno vive en su mundo y sus circunstancias.”

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Y el mundo y circunstancias para México es el TLCAN, mientras que para España es la UE. Hace 10 años ambos eran países más cerrados. La apertura de sus economías se inició a finales de los años 80 y principios de los 90, como preparativo para la integración económica; pese a que la internacionalización de sus empresas comenzó todavía más tarde, las firmas españolas han mostrado últimamente una marcada agresividad en lo que a la conquista de mercados americanos se refiere, en tanto que las mexicanas, salvo excepciones, se muestran francamente tímidas frente al país europeo.

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Eso podría cambiar, según algunas opiniones. A pesar de ser el segundo productor pesquero del mundo, España no tiene capacidad con que satisfacer su propia demanda, lo que es visto como una oportunidad para los mexicanos. En textiles, autopartes y calzado también hay opciones –de acuerdo con promotores del servicio exterior–, lo mismo que en materia de servicios médicos privados, ámbito donde las firmas nacionales han acumulado experiencia, asegura Caraza.

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Historias de éxito, como las de la cerveza y el tequila, se toman como ejemplos para levantar los ánimos. A quien eso no le baste, puede asomarse al caso de Cemex, que hizo de su operación en tierras hispanas una jugada clave en su expansión internacional. “Yo fui de los pioneros –recuerda Lorenzo Zambrano, presidente y director general, quien compró en 1992 dos firmas cementeras que unió bajo el nombre de Valenciana–. Llegamos antes de que las compañías españolas comenzaran a salir de su país.” La empresa es hoy la tercera más importante para el grupo mexicano, con ventas que superan los $600 millones de dólares.

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Hasta ahora, el último en llegar es PI Mabe, corporación de origen poblano fabricante de pañales desechables. En una operación de la que no se reveló el monto, adquirió 71% de la propiedad de Grupo Lhysa, el tercer productor de estos artículos en España y segundo en Portugal, con ventas por $50 millones de dólares. “Es un paso muy importante –se jacta Gilberto Marín, presidente del Consejo de Administración–. Es la primera operación del corporativo fuera de América Latina.” La organización llevará su tecnología en la producción de pañales, que le ha significado numerosas patentes, así como un porcentaje menor de productos hechos en México; en tanto, Lhysa aportará su estructura y conexiones comerciales.

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La industria de alimentos quiere anotarse en la lista de los testimonios de éxito. Grupo Herdez, productor de víveres envasados, ya dio el primer paso. “El acuerdo con la UE nos hizo decidir ir a Europa con una operación [comercial] que será la segunda más fuerte para nosotros, después de Estados Unidos”, comenta Enrique Hernández-Pons, presidente del Consejo de Administración. Los productos que venderán en el viejo continente –salsas, mole, nopales, tortillas, frijoles y, probablemente, jugos y néctares– serán llevados desde México, aunque no se descarta que, si la demanda responde a las expectativas, puedan armar una planta en territorio europeo.

A diferencia de lo que hace en países latinoamericanos, Herdez llevará a cabo en España su propia distribución, lo que ha significado erogaciones por $1 millón de dólares. “Es el inicio, pero estamos dispuestos a invertir para hacer presencia en Europa –señala el directivo–. Algunas empresas de alimentos ya lo aprovechan y otras ya debieran estarlo pensando.” (Su competidor directo, La Costeña, no requirió del consejo; sin embargo, sus ejecutivos no aportaron datos sobre sus planes.) El tratado con la UE elimina aranceles a insumos básicos para la industria, como el de los chiles, que bajó de 20 a 3%.

El español es un mercado interesante, opina Zambrano: la economía es estable y, desde hace años, se hacen inversiones en infraestructura para ganar eficiencia. “Es una economía donde se facilita mucho hacer negocios.”

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Sólo para globales
La Península Ibérica es para algunos, literalmente, la puerta de entrada a Europa. “El primer mercado que nos interesa es Inglaterra –señala Hernández-Pons, quien asegura que de llegar a la decisión de construir una planta, la haría en ese país–. El mercado inglés de comida mexicana es de $150 millones de dólares y de $500 millones el de comida étnica.” Gracias a sus socios multinacionales, McCormick y Hormel Foods, no piensa que la distribución en el viejo continente será un problema. “Atacar los mercados internacionales en forma conjunta es estratégico –asegura el entrevistado–. De lo contrario llegaremos con debilidad.”

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Hasta los imitadores podrían ser de ayuda. Exponentes de la comida tex mex, procedentes de Estados Unidos y comúnmente considerados una distorsión de la auténtica comida mexicana, sin pretenderlo podrían haber preparado el mercado para las firmas nacionales. “Nos queremos aprovechar de lo hecho por los estadounidenses para introducir nuestro concepto mex mex”, admite Hernández-Pons; en sintonía con esa decisión, la marca que en México aplica a una serie limitada de productos, Doña María, será el arma que utilicen en la batalla por los anaqueles.

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Y si España es la puerta a Europa, ésta es la puerta a la globalización. Cemex coordina desde ahí sus operaciones en Egipto y Asia. “Conforme incorporemos más países, en la cuenca del Mediterráneo o en África, tendremos un centro de cómputo y administrativo regional en tierras hispanas”, prevé Zambrano.

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¿Cuántos pueden hablar en esos términos? En estricto sentido, sólo Cemex; sin embargo, el optimismo se ha extendido. “Los acuerdos ayudan a las empresas a tener otra mentalidad –asegura Hernández-Pons–. Al no haber cerrojos, se ayuda a expandir mercados.”

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Hay quienes piensan que incluso las pequeñas y medianas compañías nacionales y europeas –abundantes en ambos casos– tendrían que estar más atentas. Para eso existen los Eurocentros. Estos programas institucionales, que la UE aplica en diversos países latinoamericanos en coordinación con organismos locales, se encargan de organizar encuentros empresariales en ferias especializadas con el fin de que se generen desde contratos de venta hasta alianzas.

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A partir de su creación, en 1997, uno de los tres que funcionan en el país, y en el que participa el Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext), ha intervenido en 12 reuniones en las que 47 firmas mexicanas reportaron algún tipo de negocio; este órgano refiere la culminación de algunas transacciones, como la subcontratación, por $2 millones de dólares, de una compañía del sector metal mecánico por parte de una compañía alemana; o el contrato, por $18 millones de dólares, para formar una sociedad entre una empresa mexicana y una española de prendas de vestir. Sin embargo, no fue posible corroborar los montos, ni las operaciones mismas, debido a un presunto acuerdo de confidencialidad entre las organizaciones involucradas y la instancia promotora.

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Otro organismo que promueve negocios en el país ibérico es el Consejo Mexicano de Comercio Exterior (CMCE o Comce), que cuenta para ello con un Comité México-España, presidido por Valentín Díez Morodo, también vicepresidente del Consejo de Administración de Grupo Modelo. No obstante, el órgano rehusó aportar datos sobre su trabajo y resultados.

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Las grandes corporaciones tienen otras maneras de desembarcar en Europa. Cristalglass Vidrio Aislante, firma española con una facturación de $60 millones de dólares, aceptó vender 60% de la propiedad a la regiomontana Grupo Vitro, por un monto no revelado.

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De acuerdo con declaraciones a la prensa de Federico Sada González, la adquisición de esta empresa de procesamiento, distribución y comercialización de vidrio para la industria de la construcción los coloca en una buena posición en el mercado europeo en su conjunto.

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Herdez ha optado por la conquista gradual. La compra de una planta o de una compañía de distribución le hubiese significado inversiones de entre $20 y $30 millones de dólares y, por tanto, comenzar con compromisos financieros a cuestas, explica Hernández-Pons. “¿Para qué hacerlo así cuando puedes arrancar con cero millones y en un año lograr ventas por $5 millones?”

Tienen posibilidad de escoger. Con España hay afinidad cultural y una relativa similitud jurídica; sin embargo, son varios los países que están listos para recibir inversión mexicana, ase- vera el presidente de Herdez, lo que obliga al gobierno ibérico a esforzarse más. “No existe un programa concreto para atraer inversión de Latinoamérica –señala–, salvo los que tienen los gobiernos provinciales.”

Como quien dice: los guiños siempre son bienvenidos.
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