Autosiniestros. Empresas en llamas

El sector asegurador ha devengado N$303.4 millones de nuevos pesos en primas por incendio en 1995, u
Mayela Delgadillo

Frente a la crisis cualquier solución es buena. Bajo este precepto algunas empresas han elegido una puerta nada convencional, pero que además ya comenzó a impactar fuertemente a las compañías aseguradoras. Como una última salida, que les permita sanear sus deudas financieras y eliminar las pérdidas constantes derivadas de un mercado contraído para sus productos, están autoprovocándose incendios en sus instalaciones.

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Sólo esto explica el que tan sólo en el segundo trimestre del año la siniestralidad por incendios registrados en empresas se incrementó en 12% con respecto al mismo periodo del año anterior, según datos proporcionados por Alberto Villagrán Dávila, director técnico de Daños de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS). Los pagos más fuertes por primas corresponden, precisamente, a los incendios, que ocupan una participación del mercado, al segundo trimestre del año y en cuanto a primas directas, de 11.14%, de acuerdo con el -Boletín Estadístico de la AMIS.

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El que los empresarios vean como alternativa para solventar sus deudas la destrucción con fuego de sus materiales, inmuebles y maquinaria es una consecuencia -dice a EXPANSIÓN Villagrán- de la situación económica que vivimos, y ha llevado a que el sector asegurador haya devengado N$303.4 millones de nuevos pesos en primas por incendio. -"Todos sabemos que el impacto de la crisis para las micros, pequeñas y medianas empresas es muy grave, y a esto habría que agregar las deudas que pudieron haber contraído en financiamientos bancarios. Ante este panorama, no es extraño que algunos empresarios sin calidad moral estén recurriendo a este tipo de salidas para seguir adelante", explica el especialista.

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La tendencia al aumento de la siniestralidad en proporción a la crisis económica es patente. Primero se presentan los robos y después los incendios. Si bien ha aumentado en su conjunto la siniestralidad por giro o sector, es notorio que ha habido un incremento importante en el concepto de incendio por parte de las empresas, siendo el textil el que mayor incidencia ha presentado -apunta- y esto se explica porque ha sido de las ramas productivas más golpeadas.

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El año pasado -comenta-, gran parte de la ropa que se encontraba en las tiendas era de importación, con lo que al verse desplazadas, las textileras generaron severos problemas económicos y ahora ven cualquier alternativa como solución... incluyendo al mismo fuego. "Si tengo una empresa textil en la que no tengo ventas y debo todo -¿qué haces? Te puedes declarar en quiebra, pero finalmente tus deudas permanecen. Por esto es que algunos asegurados con poca ética pueden generar un incendio. Esta es una manera de venderle todos sus productos y hasta el -stock a la aseguradora", señala.

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Para colmo, comenta el directivo de la AMIS, aun cuando el seguro le cubre a las compañías robos, terremotos, inundaciones, huracanes y granizadas, estos siniestros -debido a la magnitud e impacto que tienen sobre zonas completas- se les aplica un deducible que cubre el cliente, mientras que en un incendio, como evento individual, no se aplica. Además de que, una vez documentado totalmente el siniestro, las aseguradoras tienen 30 días para pagar la prima total, independientemente de que después se lleven a cabo investigaciones que pudieran demostrar algún delito. Mientras tanto, primero pagas, dice Villagrán.

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Sin embargo, no todo resulta tan simple. Una de las razones para no hacer efectiva la póliza es que si se detecta dolo en algún siniestro, ésta se cancela. Sólo que es muy difícil demostrarlo porque el mismo seguro cubre cualquier causa, incluso si yo mismo, por descuido, provoco el incendio; entonces ¿cómo saber si fue intencional o no? se pregunta.

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Villagrán expone que aún bajo estas condiciones se ha logrado detectar dolo en algunos casos, pero que son los menos, y esto se ha conseguido porque el incendio ha sido muy raro. "Normalmente un incendio tiene sólo una fuente de iniciación, por lo que una de las formas de determinar el dolo es cuando se localizan varias fuentes. Con esto los responsables trataban de asegurar que el siniestro no fallara", señala.

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Sólo en estos casos de sospecha es cuando la aseguradora contrata un perito dictaminador que investiga las causas del incendio, y aunque incluso se llegue a saber con exactitud que fue el mismo propietario del negocio quien lo provocó, es difícil demostrar que lo hizo con conocimiento de causa.

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Los robos. También problemático ha sido el incremento de 10% en los robos en este trimestre, respecto al mismo periodo del año pasado, lo que lo convierte, definitivamente, en el concepto de siniestralidad de mayor incidencia, en tanto que la siniestralidad total en el ramo asegurador creció 12%.

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Lo cierto es que las aseguradoras están perdiendo. Según cifras del documento emitido por la AMIS, el más afectado por el incremento de la delincuencia es el transporte, en el que la siniestralidad se incrementó en 5% en el periodo de referencia. La participación del mercado en primas directas del ramo marítimo y transporte llegó a 5.2%, colocándose apenas poco más de dos puntos por debajo de las operaciones por accidentes y enfermedades.

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En el transporte -señala Villagrán- la siniestralidad en el segundo trimestre de 1995 llegó a 106%, cifra sólo explicable en periodos en los que escasea el empleo, como ocurre ahora. En muchos de estos casos se ha podido detectar que los mismos choferes están coludidos con los ladrones, afirma.

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Aquí se vuelve a caer -insiste- en cuestiones de ética y calidad moral que afectan de forma contundente al sector asegurador, que no ha logrado, hasta ahora, que las compañías de seguros compartan información para evitar estos y otros tipos de fraudes. Europa -explica- es desde hace décadas un ejemplo de estas experiencias. Recuerda que hasta 1990, antes de la desregularización de la actividad aseguradora, cuando menos cada empresa tenía su departamento de ingeniería encargado de hacer la inspección y chequeo físico de la persona o lugar, y sobre esto se emitía un fallo en que se aprobaba o no el seguro.

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Villagrán opina que si estas prácticas se volvieran a tomar en cuenta, seguramente beneficiaría mucho a todo el sector y podría reducir las tarifas de las pólizas según el nivel de riesgo personal. Mientras tanto, en el ramo continúan los esfuerzos por crear una cultura -primero de uso y luego de no abuso- del seguro en México, dice para finalizar.

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