Avatares de una alianza

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María Marván

No deja de parecer complicado que se materialice hasta sus últimas consecuencias  la alianza política entre el PAN y el PRD para presentar un candidato común a la presidencia de la República el próximo julio. Ciertamente las posibilidades son limitadas y ello genera tensiones importantes entre ambos partidos. No obstante lo anterior, valdría la pena analizar el sentido y las posibles ventajas que puede tener el solo hecho de que la discusión tenga lugar.

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Hasta antes de agosto la alianza parecía más un ejercicio retórico que un firme propósito por conseguirla. Ni Cárdenas, ni Fox, ni sus respectivos partidos se mostraban verdaderamente interesados por el pacto. Fue hasta finales de ese mes que ambos partidos tomaron en serio la propuesta y empezaron a trabajar para que fuese posible, los partidos pequeños se sumaron al proceso de discusión y gracias al esfuerzo de todos y los buenos oficios de algunas personas en particular, se ha empezado a discutir el futuro de México.

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En el proceso de comunicación, dos partidos que estaban convencidos de que la distancia entre ellos era insalvable han descubierto que tienen más elementos en común de lo que pensaban. Han comprobado que la única posibilidad de trabajar juntos supone la creación de un nuevo proyecto. Cuando escarban en el pasado del otro las distancias se incrementan y las mutuas recriminaciones rompen toda posibilidad de diálogo. Para su sorpresa, al hablar de alianza han reconocido una utopía compartida. Cuando ambos se imaginan el futuro de México hay rasgos fundamentales que son muy parecidos. En el proceso de diálogo se ha hecho evidente que la única posibilidad de que el pacto cuaje estriba, por un lado, en que el programa esté indiscutiblemente por encima de los candidatos, punto extremadamente complicado, y por otra parte, exige que la riqueza del programa trascienda el objetivo de sacar al PRI de Los Pinos.

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Hay que reconocer que en la búsqueda de lo común se ha abierto un espacio para el diálogo que podría transformar la lógica de las campañas políticas que no podrán centrarse en el sucio pasado de los demás, juego sumamente peligroso porque al aventar lodo todos quedarán inevitablemente  embarrados, y el elector asqueado. Esta es una oportunidad para que la discusión política cambie de sentido, México ya ha perdido muchos años infructuosos buscando venganza y chivos expiatorios. Si el PAN y el PRD se concentran en la creación responsable de un proyecto para un México nuevo y posible, se obligará al PRI a organizar su discurso en el mismo sentido. Todos tendrán que hacer una propuesta útil para la generación de nuevas estructuras que permitan la convivencia pacífica y democrática en el futuro. Si se consigue que la pregunta fundamental del periodo de campaña sea ¿cómo construimos un nuevo sistema político para el México del siglo XXI?, la alianza habrá dado frutos invaluables aun cuando ésta termine por no concretarse.

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La autora es investigadora de la Universidad de Guadalajara.

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