Baja velocidad

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Andrés Piedragil Gálvez

La conclusión de Mario Silva, en ese momento director de Relaciones Públicas de General Motors México, era más que contundente: “Las ganancias desaparecieron en 1982.” El resto de las opiniones reunidas en la historia de portada de la edición número 359 de Expansión (16 de febrero de 1983) coincidían en el tono desalentador.

- El desánimo era intenso, sobre todo porque la industria automotriz mexicana aún recordaba mejores tiempos: Entre 1977 y 1981, las ventas de vehículos se duplicaron, alcanzando la cifra promedio de 571,013 unidades por año. Por desgracia, las devaluaciones de principios de los años 80 (febrero y agosto de 1982) acabaron con el sueño. Estadísticas de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (amia) señalaban que en agosto de 1982 se registraba un descenso en las ventas de 28.9% (con respecto al mismo mes del año previo). De igual forma, los rubros de producción y exportación de unidades mostraban una tendencia a la baja (23.6 y 52.7%, respectivamente).

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- En medio de esa crisis, la industria del vehículo buscaba vías de escape. Y los principales proveedores coincidían en una alternativa: Adiós a los enormes autos de lujos, el nicho de compactos ofrecía una salida más interesante. Los días del Grand Marquis estaban contados.

- A 21 años de distancia, hay cambios evidentes en el mercado mexicano: nuevos competidores (Toyota, por ejemplo), reingreso de los vehículos de gran lujo y auge de nichos que parecían poco relevantes (camiones y camionetas). Durante el primer cuatrimestre de 2004, la demanda interna del país registró un incremento de 13%. A pesar de los baches, el sector sigue rodando.

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