Banca La amenaza de la Quiebra

Al borde del precipicio, los bancos se acogen al Programa de Capitalización Temporal y a las Unida
Jorge A. Monjarás Moreno

En el medio financiero circula un chiste. Un ejecutivo bancario corre a avisarle a su director: "¡Jefe, jefe! Le tengo dos noticias: una buena y una mala". El agobiado hombre frunce el seño por enésima vez en el día y ordena: "La mala primero” “La mala es que ya embargamos 100,000 coches por falta de pago", responde el subalterno. Rojo de ira, el individuo se controla y le pide la buena. "Que también embargamos 100,000 casas... y todas tienen garage", responde el ejecutivo.

- Las víctimas de una situación como ésta podrían coincidir en que nada tiene de gracioso. Pero los bancos también. Ahora, cuando una mezcla de apoyos parece sacar de sus problemas a la banca mexicana, se puede comprender lo cerca que estuvo el sistema financiero nacional del colapso; en concreto, de la quiebra.

- El espectro de las quiebras bancarias se ha disipado, por ahora. Pero habrá que recordar que la venenosa mezcla de malas decisiones de negocios (de las que banqueros y gobierno se acusan mutuamente), la devaluación y el consecuente despegue de las tasas de interés estuvieron a punto de anular la supervivencia de buena parte de los bancos mexicanos. Y su salvación costará miles de millones de nuevos pesos.

- Cómo se acercó el crack
Con el proceso de privatización, la banca mexicana entró en un periodo de competencia encarnizada. Los nuevos dueños habían pagado por sus bancos un promedio de 3.061 veces su valor en libros, precios altísimos que tenían que recuperarse de algún modo.

- Había que pagar además los costos de una modernización acelerada (luego de 10 años de retraso) y hacerle frente a una cada vez más cercana apertura financiera, asegurada tras la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) y acelerada eventualmente por la administración de Carlos Salinas, a medida que la inversión extranjera perdía voluntad para ingresar al país.

- Así, la cartera total de la banca pasó de N$237,811 millones de nuevos pesos en diciembre de 1991, a N$594,205 millones diciembre de 1994 (en pesos corrientes). Sin embargo, si lo anterior representa un crecimiento nominal de 150%, la cartera vencida pasó en el mismo lapso de N$9,828 millones a N$43,544 millones de nuevos pesos, un incremento nominal de 343%.

- Una versión critica señala que, con tal de atraer clientes, los bancos prestaron sin tomar en cuenta el excesivo crecimiento en el riesgo. Algunos llegaron a extremos como mandar tarjetas de crédito al domicilio de sus prospectos sin previa solicitud. Pero los banqueros rechazan la culpa.

- Entrevistado al respecto, el presidente de la Asociación de Banqueros de México, José Madariaga, no dudó en argumentar que el peor aumento en las carteras vencidas se debe a la recalificación de las deudas dejadas por el gobierno en años anteriores. Otros coinciden con él.

- En su libro La conformación de una nueva banca, el economista y financiero Miguel Peñaloza Webb señala que el incremento en el riesgo era natural tras la privatización de la banca, recién liberada de los controles del gobierno, pero enfatiza que el problema vino antes. Las señales de recuperación, entre 1989 y 1991, dieron como resultado una fuerte demanda de crédito, escasísimo y caro en los años precedentes. Esto trajo un "crecimiento explosivo del crédito, porque en muchos casos (los bancos) no pudieron hacer una evaluación adecuada ante la euforia y el compromiso de crecer".

- Los banqueros también se justifican con la caída de los planes de crecimiento económico. Si para 1993 y 1994 se esperaban vigorosos ritmos de incremento en el Producto Interno Bruto (PIB), la realidad significó apenas 0.5% en el primer año... y el comienzo de la crisis en el siguiente.

- Al finalizar 1993 el problema de las carteras vencidas, con un índice promedio de 7.25 para toda la banca, ya había hecho estallar movimientos como El Barzón. De cada peso prestado, 82 centavos se estaban retrasando en sus pagos, cuando en 1991 los índices (certeros o no) ascendían a 4.13. En el caso de El Barzón, aquí sí los nuevos banqueros no supieron medir la sensibilidad política del negocio, en donde una mala cosecha significa perderlo todo, y en donde el cliente esperaba, por costumbre, ayudas para salir adelante. Todo, menos el embargo de sus tierras o sus herramientas, su medio de subsistencia.

- El sistema comenzó a dar señales de alarma entonces, cuando bancos como Serfin, Inverlat y Obrero alcanzaron altos grados de exposición al riesgo. Esto quiere decir que sus carteras vencidas, menos sus previsiones para enfrentarlas, representaban 83.5%, 92.2% y 102.4% de su capital contable, respectivamente. Un banco más "sanos, como Banamex, tenia porcentajes de 30.3%, por ejemplo.

- En esos días, las previsiones contra cartera vencida promediaban 42.7% y el índice de capitalización alcanzaba 9.93 para todo el sistema, pero las cosas estaban muy lejos de repuntar en 1994. Los consabidos problemas políticos de ese año desquiciaron al sistema financiero. EI rebote de las tasas de interés para evitar fugas de capitales que se dio entre marzo y agosto agravó el problema de las carteras vencidas y entorpeció el negocio bancario, que hasta entonces apostaba fuertemente a la reducción paulatina de los créditos y el regreso de los préstamos a largo plazo.

- Para septiembre pasado, luego de la intervención de los bancos Unión y Cremi, los analistas advertían sobre una posible proliferación de cracks, de no atenderse diversas fallas, como la disminución en el factor de liquidez del sistema. Algunos bancos estaban dependiendo demasiado del fondeo en el mercado de dinero. Es decir, en lugar de cubrir sus préstamos con dinero de ahorradores, recurrían con más frecuencia a colocaciones, muy vulnerables a las variaciones en tasas de interés o tipo de cambio. Destacaba ya en esta vulnerabilidad Banco de Oriente: sólo 27.75% de cada peso prestado provenía de sus cuentahabientes.

- Otros cálculos, como el grado de exposición y la caída de utilidades, nombraban ya a los más débiles: Obrero, Bancrecer, Mercantil Probursa e Internacional. La tranquilidad esperada, al asumir la presidencia Ernesto Zedillo en diciembre pasado, nunca llegó, y desembocó en la crisis devaluatoria. Para diciembre de 1994 la banca mexicana se encontró con un callejón sin salida.

- El desastre en puerta
Instructivo relámpago para entender el ascenso en las tasas de interés la base de todas las tasas es la que ofrece el gobierno por la compra de sus Certificados de la Tesorería (Cetes). A partir de ellas (hacia arriba) se calculan las tasas que los bancos cobran a sus deudores, cobrando menos por los préstamos de menor riesgo (los que se hacen a las empresas), hasta llegar a las que se cobran por el crédito al consumo (como las tarjetas de crédito), las más caras, por ser las más riesgosas.

- Cuando los Cetes se elevaron de nuevo por encima de 30% en diciembre pasado, todo estaba perdido. Urgido de dinero y enfrentando la huida de capitales, el gobierno tuvo que ampliar su premio a los inversionistas. Como el dinero le costaba más, la banca aumentó los créditos de su cartera con el resultado más lógico: ahogados por los intereses, muchos deudores más ingresaron a la cartera vencida.

- Al 31 de diciembre pasado, la cartera en problemas se incrementó en 42.6% con respecto de 1993: el índice contra la cartera total creció a 7.33% en promedio, pero nuevamente bancos como Oriente, Internacional y Atlántico preocuparon, por pasar de 10%; Obrero alcanzó un alarmante 15.1%. Peor aún, ocupados en crear reservas contra el problema anterior, los bancos reportaron una caída de más de 56.4% en promedio en sus utilidades netas, destacando los casos de Mexicano, con -99.4%, y Mercantil Probursa, con pérdidas por N$74.9 millones de nuevos pesos.

- Sin muchos recursos para recuperarse, los bancos tenían que esperar lo peor: todo indicaba que las tasas de interés seguirían su vertiginoso ascenso, (al cierre de esta edición la Tasa Interbancaria Promedio llegó a 109.71%). Las carteras vencidas estaban condenadas a multiplicarse y el sistema las enfrentaba con reservas de apenas 48%.

- Además era necesario hacer frente a cerca de $18, 000 millones de dólares en Certificados de Depósito (Cedes), y los coeficientes de liquidez amenazaban con bajar del mínimo exigido por la comunidad internacional (8%).

- Previendo problemas, la Comisión Nacional Bancaria empezó a apretar las tuercas: exigió un mínimo de 60% en las reservas para cartera vencida, pero esto significó una mayor pérdida de utilidades o de capital en el sistema. La necesidad de salvar a los bancos quedó entonces evidenciada: aumentar las reservas costaría N$ 6,158 millones de nuevos pesos y forzaría a cinco bancos a reportar pérdidas -refiriéndose sólo a los niveles de diciembre de 1994.

- Un cálculo de la intermediaria bursátil Salomon Brothers estima que la cartera vencida total podrá superar N$ 95,000 millones de nuevos pesos al finalizar 1995, casi 100% más que a principio de año. Si la cartera total ronda N$572,000 millones de nuevos pesos, el índice de cartera vencida alcanzaría 16.75%, lo que anularía la capacidad de pagos de cualquier institución de crédito. Un indicio de que la tendencia es correcta: para marzo, la cartera vencida estaba llegando a los N$65, 000 millones de nuevos pesos.

- La quiebra de un banco resulta desastrosa en cualquier país, pero lo sería especialmente en México. El costo de la desconfianza causada por el hecho de que varios miles de ahorradores pierdan su dinero en una de estas maniobras es demasiado alto.

- Por ello, uno de los ases bajo la manga fue el Programa de Capitalización Temporal (Procate), una variante del Fondo para la Protección del Ahorro (Fobaproa), destinada a inyectar dinero a los bancos, a cambio de obligaciones convertibles en acciones. Con ello, el gobierno se convierte en un socio temporal de los bancos que apelen al programa, dotándoles del capital necesario para salir de problemas. El plazo es a cinco años y la institución tiene la opción de recuperar sus obligaciones o dejar que éstas pasen a manos de otro inversionista.

- Los recursos del Procate permiten que los bancos conserven niveles sanos de capitalización, por encima de 8%, y que mantengan el nivel requerido de reservas contra quebrantos. Una estimación de la misma Salomon Brothers señala que hasta $2,400 millones de dólares serán invertidos en este programa.

- Sin embargo, algunos analistas han criticado el Procate, calificándolo de "nacionalización" silenciosa. De no recuperar capital en el plazo convenido, advierten, el gobierno podría quedarse con el paquete o venderlo a extranjeros. En la ABM, sin embargo, subrayan la palabra "Temporal" y confían que éste será suficiente para salvar de la quiebra a todos los bancos... con ayuda de otro programita.

- ¿Apoyo para quién?
Su nombre –Programa de Apoyo a la Planta Productiva Nacional– es tan grande como su objetivo: reestructurar gran parte de la cartera vencida de la banca mexicana y hasta algo de la cartera vigente. Utilizando recursos hasta por N$95,000 millones de nuevos pesos, el gobierno y la banca convertirán todos los créditos vencidos “que se consideren viables" en préstamos bajo tasas reales, con plazos de entre cinco y 12 años, y hasta siete de gracia.

- Para ello se estrenará el nuevo invento del Banco de México: las Unidades de Inversión (UDIs). Esto equivale a que los préstamos se otorguen en "pesos reales", que se revaloran según los índices de inflación. Por ejemplo, si la cartera vencida de una fábrica de zapatos asciende a N$10 millones de nuevos pesos, su duelo podrá acudir al banco acreedor y acogerse al programa, con el cierto requisito de demostrar la "viabilidad" de su negocio. Si ésta queda comprobada, su deuda se transforma en 10 millones de UDIs a una tasa de 12% anual, a pagar en 12 años, con siete de gracia. Si en el lapso de estos primeros años la inflación en el país asciende a 70% acumulado, su deuda equivaldrá a N$17 millones de nuevos pesos "corrientes" cuando empiece a pagar, a la tasa fija de 12%.

- Este mecanismo garantiza una tasa segura y accesible al deudor, así como un crédito real para el banco. Una vez puesto en marcha este esquema, prácticamente toda la cartera vencida de la banca podrá reestructurarse (recordando que ascendía a N$65,000 millones de nuevos pesos en marzo pasado). La ABM se ha apresurado a aclarar que los clientes en cartera vigente también tendrán acceso al programa.

- El sentido político de esta medida económica es inevitable, pues se percibe como una maniobra de rescate para la pequeña y mediana empresa. Sin embargo, el beneficio para la banca mexicana resulta incomparable: la reestructuración de carteras le permitirá disminuir sus reservas preventivas y liberar sus recursos para otras actividades de crecimiento, de modernización o, por lo menos, para "salir del hoyo". El único compromiso con el gobierno es no utilizar esta nueva liquidez para entrar a más posiciones de riesgo.

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- La gran pregunta es qué logística tendrá que establecer la banca para atender a largas colas de clientes que tratarán de renegociar sus deudas. Otra duda versa sobre los criterios de "viabilidad" que tornará en cuenta la banca. Según ha dado a conocer el propio Madariaga, la intención será que el cliente elabore la presentación de su caso antes de solicitar su entrada al programa de apoyo.

- Sin embargo, la ABM ha prometido una campaña amplia y sencilla de divulgación sobre cómo apelar al programa, para que éste cumpla de verdad con mejorar en forma masiva la situación de las empresas mexicanas. Después de todo, los banqueros ya están a salvo, pero hay muchos colgando aún del precipicio.

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