Banco Alianza. Vuelta a la especializaci

La nueva generación de bancos parte de cero, pero no tiene que cargar con el costo de sus carteras
Paula Ramos

A dos años de incorporarse al mercado, la nueva banca se topó con un viraje de timón que modificó rumbos e hizo reconsiderar tiempos de apertura y nichos de mercado. Sin importar el enfoque de cada una de las más de 15 instituciones de reciente creación, el nuevo entorno les ha dejado dos retos comunes: la necesidad de "aprender en cabeza ajena" asimilando los tropiezos de la banca privatizada y la obligación de ofrecer excelencia en lugar de sucursales y tradición.

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A juicio de Luis Foncerrada, director general de Banco Alianza, las principales fortalezas, debilidades y compromisos de la nueva generación de bancos se sintetizan en un solo punto: la necesidad de estimular selectivamente los procesos de modernización de la planta productiva.

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Protagonista en la renegociación de la deuda externa mexicana durante los 80, Foncerrada reconoce en la experiencia de "dialogar en la mesa con los bancos extranjeros" rasgos comunes a la renegociación masiva de micro créditos en la que trabaja intensamente la banca desincorporada desde el pasado 11 de septiembre de 1995, cuando cobró vigor el Acuerdo de Apoyo Inmediato a los Deudores de la Banca (ADE).

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"El deudor siempre tiene la última palabra", dice y luego refiere la importancia de regresar a la tónica de la especialización. "En las finanzas, como en la historia, hay repeticiones cíclicas", apunta.

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Quien hizo banca en México durante las décadas de los 50 y 60, tenía claro que lo común era dedicarse a un solo tipo de negocio: el financiamiento de créditos hipotecarios, actividades comerciales o cualquier otra, pero casi siempre una sola. Luego de un proceso que tornó casi 30 años, las instituciones de crédito comenzaron a atender cada vez más y más negocios hasta permear en el sistema financiero la cultura de la banca universal. En este punto justamente inicia la década de los 90, cuando el gobierno salinista decide regresar a manos del sector privado la administración de los entonces bancos estatales.

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Así, 18 grupos de "neobanqueros" se ocuparon entre 1991 y 1992 de la compra de sucursales, renombre, tradición y clientes, para llevarse como "valor agregado" infraestructura excesiva, vicios y cartera vencida. "Los nuevos bancos formamos parte de otra generación. Es cierto que partimos de cero, sin clientes, sin oficinas o sucursales; pero tampoco hemos tenido que afrontar el costo de mantener activos no productivos", acota Foncerrada.

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En este proceso de recomposición, los nuevos bancos regresan paulatinamente a la banca especializada.

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Otra característica es la "inteligencia" con la que habrá de interrelacionarse con los bancos privatizados, con los que no se busca enfrentamiento sino sinergias a favor del sistema financiero en conjunto. Una de ellas es la utilización de infraestructura de los bancos desincorporados a partir de alianzas estratégicas con las nuevas instituciones para ofrecer a la clientela todos los servicios disponibles en cajeros automáticos, por citar un ejemplo.

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Un banco industrial. Banco Alianza inició operaciones a finales de septiembre de 1995, luego de dos años de preparación. Como institución, se dedicará a un nicho que no ha sido suficientemente atendido y que, en cualquier parte del mundo, resulta fundamental para el desarrollo de una economía sólida: la industria.

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El capital inicial del banco sumó N$120 millones de nuevos pesos y fue autorizado por la Secretaría de Hacienda para constituirse como institución de crédito el 4 de abril de 1994 y entre sus accionistas están dos grupos de inversionistas extranjeros: -Pacific Group Texas y otro encabezado por Richard C. Blum.

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Alianza orientará su atención a las empresas pequeñas y medianas, principalmente del sector manufacturero, y a personas físicas. El despegue inicial se hará en el área metropolitana y, posteriormente, en Monterrey. "Originalmente se previó la apertura para abril de 1995, pero la crisis hizo revisar planes a todo el mundo y en el caso de Alianza se consideró mucho más prudente conocer el paquete de política económica que anunciaría el gobierno (el PARAUSEE), para luego afinar nuestro enfoque de banca", relata Foncerrada.

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Banco Alianza, como la mayoría de las instituciones de nueva creación, no se ocupará de la masificación de sucursales ni promoverá la banca tradicional. "Nuestro mercado está perfectamente definido y serán las personas físicas de ingresos elevados e industrias, particularmente del sector manufacturero", acota el banquero.

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La sartén por el mango. En el panorama de los nuevos bancos el severo problema de cartera vencida que afronta el país no es prioridad; sin embargo, como ex renegociador Foncerrada reconoce una máxima fundamental, de la deuda pública: "El acreedor siempre deberá ajustarse a las posibilidades de su deudor".

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Afirma que siempre que se afrontan problemas de incumplimiento de pagos, aquel que prestó debe adaptarse y reconocer el margen de acción que tiene disponible su deudor. Asimismo, identifica una serie de elementos comunes a la reestructuración de la deuda externa y de la renegociación de créditos que habrá de concretar la banca mexicana entre el 11 de septiembre de 1995 y el 31 de octubre de 1996.

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1. En ambos casos se ajustó el monto de pago a las posibilidades del deudor. Se reprogramaron vencimientos y se ampliaron los periodos para cumplir.

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2. Se regresaron las tasas de interés a niveles inferiores. Las tasas de interés para deudores se llevaron a niveles semejantes a los que reportaron en diciembre de 1994, poco antes de la devaluación.

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3. Manifestación clara de voluntad política y legal para iniciar un proceso de renegociación y reanudar relaciones entre bancos y deudores. En ambos casos existió una carta convenio donde se manifiesta la intención de renegociar. En el caso del ADE, dicho documento no incluye sino un mínimo de información, como lo es número de cuenta, nombre y dirección del usuario del crédito.

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4. Flexibilidad en ambas partes. Los bancos deben asumir que tendrán que adaptarse a nuevas circunstancias y los deudores deben asimilar que conviene reiniciar los pagos.

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"Las reestructuras deben ser congruentes con la realidad o sucederá lo que le pasó al gobierno mexicano: la renegociación de 1982 tuvo que reabrirse en 1984 y la de ese año volvió a abrirse en 1986 porque no había un planteamiento realista por parte de los acreedores. En el ADE los planteamientos son muy realistas, la baja de tasas y los -13 meses que se mantendrán ofrecen condiciones para una renegociación de créditos exitosa", asegura.

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