BASF. Fórmulas globales

Altamira es parte de la estrategia global del coloso químico alemán. Y lo que esto significa es qu
Zacarías Ramírez Tamayo

El puerto de Altamira no es lo que se dice un puerto, su corredor industrial no es propiamente un corredor y su producción no es la petroquímica.

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Lo importante de esta área industrial conurbada a la ciudad porteña de Tampico, Tamaulipas, es que está en vías de ser todo eso. Representa el futuro, dicen sus promotores, porque se prevé su crecimiento como un "polo importante de desarrollo regional" en los próximos 50 años, si bien de lo que se trata es de aprovechar la vieja vocación industrial petrolera de toda la región costera del Golfo de México.

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Por ahora, están en Altamira 16 empresas químicas con 18 plantasen operación (pronto serán 20) y un equipo de promotores privados y estatales empeñados en atraer compañías de otros estados del país, a base de difundir la buena nueva: el potencial de Altamira para convertirse en plataforma de producción y comercio multinacional de productos químicos y petroquímicos, suficiente para formar los llamados clusters, es decir, conglomerados de empresas medianas y pequeñas proveedoras a la vez que consumidoras de diversos materiales, y capaz de inspirar magnos proyectos como el canal intra costero, que de Altamira ingresaría, tierra adentro, en territorio estadounidense (aunque, por ahora, pertenece al fascinante mundo de la realidad virtual).

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Un alemán tamaulipeco. Lo que ya es tangible es el interés de BASF, el gigante químico alemán, por hacer de Altamira un centro industrial de grandes dimensiones y plenamente incrustado en la geografía comercial del TI C, aprovechando, explican sus ejecutivos, su extraordinaria posición no sólo frente a los socios norteños, Estados Unidos y Canadá, sino también ante los países del sur del continente americano y de Europa.

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Lo que los europeos dicen en materia de industria química es de tomarse en cuenta. Son los líderes del mundo químico. Más de la mitad de las 30 primeras empresas son de origen europeo; de ellas las más grandes son alemanas, y de éstas, BASF es la tercera.

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"Estamos pensando seriamente dónde colocar nuestras inversiones a mediano y largo plazo  sostiene Dietz Kaminsky, presidente de Grupo BASF de México , dado que Alemania tiene uno de los costos de producción más altos del mundo." México, considera, es una opción.

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Eggert Voscherau, presidente de BASF en la región norte de Latinoamérica, aceptó, el mismo día en que el gobierno mexicano anunciaba su decisión de privatizar el sector petroquímico (26 de julio), que a la compañía le interesa adquirir algunas de las plantas que estarán a la venta en octubre. "Entre BASF y Alfa vamos a encontrar fórmulas para aprovechar las privatizaciones", dijo a los periodistas aludiendo a la sociedad que ambas compañías formaron desde 1979: Polioles, en la que participan desde el año pasado con 50% del capital cada una.

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El proyecto de BASF en Altamira existe desde hace cuatro años y hasta ahora tiene en su haber una inversión de $100 millones de dólares, empleados en crear la infraestructura del Parque de la Industria Química BASF y una planta de dispersiones, asentadas en las 45 hectáreas ya desarrolladas, de las 110 que posee la compañía en ese puerto.

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Los volúmenes de producción que espera obtener ahí con la planta recién inaugurada son similares a los de sus mejores plantas en el mundo, incluyendo la matriz en Ludwigshafen, Alemania. Casi 50% de la producción de poliestireno expansible de esa planta será exportado  dice Kaminsky , es decir, alrededor de 70,000 toneladas, que se traducirán en unos $61.7 millones de dólares, una suma que, asegura el ejecutivo, ayudaría a que las exportaciones del sector químico de México, que ahora apenas alcanza 5%, crezca con mayor celeridad.

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"Nosotros vemos a Altamira en el conjunto de producción de América del Norte, con 40 centros de producción", ha dicho a su vez Voscherau. Y ese "conjunto de producción" le representa a BASF ventas por $5,335 millones de dólares, 20% de sus ingresos globales que en 1994 sumaron $26,959 millones de dólares, 7.7% más que en 1993. Esas cifras se lograron en medio de signos contrapuestos, según indica la compañía en un informe de 1995: "Aumento en la cifra de negocios, a pesar de la baja cotización del dólar" y resultados negativos dadas las "elevadas amortizaciones y gastos para la consolidación de centros de producción, el bajo nivel de los precios internacionales de los productos químicos (que hoy ya están en la carrera alcista) y alza en costos de las materias primas".

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"Pero también vemos a Altamira dentro de la estrategia global de BASF", completa Kaminsky, quien acepta que en México los niveles de salarios constituyen una ventaja comparativa respecto no sólo de los países industrializados, desde luego, sino de los propios países asiáticos, cuyos costos salariales se han puesto, enfatiza, casi al nivel de los europeos occidentales, que apenas ahora salen -como consignó recientemente el diario francés Le Monde- de una grave crisis" de precios bajos que duró cuatro años, y han iniciado una etapa de expansión con base en nuevas fórmulas de mercado, un laboratorio que no admite errores (las suizas Roche y Ciba se recolocaron en el mercado farmacéutico estadounidense desde 1994, Sandoz, suiza, se desligó de la química y adquirió Gerber, estadounidense, mientras la inglesa ICI se partió en dos).

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Los gigantes alemanes Hoechst, Bayer y BASF, sufrieron la tempestad de lleno: un marco fuerte, la integración alemana y competencia de los países con bajos salarios. "Los centros de producción química en Alemania demostraron ser poco competitivos a causa de los costos de la energía y los elevados niveles salariales, pero también por culpa de las restricciones legales ligadas a la protección del medio ambiente." El resultado: recortes en la plantilla laboral, a la vez que reorganizaciones de gran amplitud. La reunificación le ha costado a Alemania casi $123,500 millones de dólares anuales, dice Karnirisky. De modo que también los alemanes debieron recurrir a las alianzas, que Le Monde ejemplifica con el caso de Hoechst, cuyas "hostilidades" con la francesa Rhone Poulenc terminaron en colaboración.

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Laboratorio de inversiones. A su regreso de un ciclo recesivo, la industria química se encontró con un cuadro mundial de tonos contrastantes, pues mientras que en Europa del Este y Rusia la producción se debilitaba, acuerdos como la Ronda de Uruguay, el TI C, la consolidación de la Unión Europea y el Mercosur auguraban una pronta rehabilitación, que en América Latina se vio alimentada por un aumento en la producción y el comercio de productos químicos, atribuible a la disposición de materias primas locales a bajo costo. Así inicia el diagnóstico del sector de la XI Reunión, en Ginebra, Suiza, de la Organización Internacional del Trabajo.

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Cada segmento de productos enfrenta escenarios distintos, señala el estudio fechado en 1995, pues mientras que para la petroquímica la recuperación va a ser afectada cuando menos en Europa Occidental y en Japón por el problema de qué hacer con los desechos sólidos, los productos farmacéuticos pasan por un buen momento, al grado que sus altos ingresos están conduciendo al establecimiento de políticas oficiales más estrictas, a una mayor competencia y a mayores costos de investigación. Precisamente este último punto conduce a una concentración de segmentos en los grandes corporativos, vaticina la OIT, como ocurre con los químicos para la protección de los cultivos, dado que son los únicos que pueden pagarlo.

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Las restricciones de tipo ambiental en los países industrializados y la desaparición más o menos generalizada de subsidios, continúa, debilitó la demanda de líneas importantes como la de los abonos químicos; el derrumbe de la producción en los países del este europeo, derivado de los cambios políticos radicales, afectó la demanda global pero, sobre todo, dejó abierto un mercado importante que efectivo la actividad de los países industrializados.

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El que el medio ambiente se haya convertido en una preocupación generalizada, por su parte, está modificando la plantilla de los principales productores de químicos en el mundo en detrimento de los países industrializados y a favor de los países en desarrollo, particularmente los del sureste asiático, en donde la "flexibilidad normativa se combina con capacidad de producción (algo en lo que no concuerda el presidente de BASF México, pues si bien acepta que las normas ecológicas son más permisibles en los países del sureste asiático  Taiwán, cuenta, apostó por el desarrollo industrial, el bienestar y el dinero, y es uno de los países más ricos del mundo, pero descuidó el medio ambiente, por lo que ahora es una isla muerta , las prestaciones salariales, opina, han dejado de ser competitivas).

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El papel de México. Dentro del escenario global, BASF México es uno más de los actores, por ahora concentrado en dos puntos: la petroquímica  cuya privatización ha puesto a hacer cuentas y esperar condiciones de venta a las grandes corporaciones  y el proyecto Altamira, que en principio se destinará  en alianza con Alfa a impulsar hacia los mercados interacciónales el poliestireno expansible (empleado en construcción, empaques y vasos) y productos asociados a éste. Todo, de acuerdo con un esquema regional de producción que saca provecho, en México, de los menores costos de producción y transportación gracias a la buena ubicación del puerto, que evita, en Estados Unidos, las leyes ecológicas más estrictas y costos más altos, y que intenta responder, en general, a un proyectado aumento de la demanda mundial.

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Para estos efectos es que se va a aumentar la capacidad de producción con las plantas inauguradas en Altamira, que a Polioles, por ejemplo, le permitirá subir de 12,000 a 37,000 toneladas al año, cerrando la brecha con Resistol en cuanto a exportaciones. Además, consolidará la presencia del poliestireno mexicano en Estados Unidos y, sobre todo, en América Latina.

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Styropor es la marca comercial de BASF para el poliestireno, producto que tiene como mercados importantes a Europa, Estados Unidos y Japón, y aplicaciones múltiples dadas sus cualidades de aislante térmico y ligereza, razón de su extensiva utilización en la industria de la construcción y en empaques industriales y agrícolas. Sólo es cosa, comenta Kaminsky, de superar "cierta inseguridad" y esperar ("a finales del año, creo yo") que los precios vuelvan a levantarse después de que los asiáticos, incluidos los chinos, lanzaron al mercado gran cantidad de exportaciones de este producto, lo que produjo una baja en los precios.

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Mientras eso ocurre, BASF voltea hacia el mercado nacional, las maquiladoras y la industria automotriz, como anclas de corto plazo a las cuales sujetar su producción de poliestireno. Lo mismo aplica al polipropileno expandido, similar al Styropor, que es ampliamente utilizado en la industria automotriz para la fabricación de absorbedores de impacto, rellenos de puertas y  cajuelas, paneles para puerta, piso, techo, etcétera. Y en el mediano plazo, el campo de trabajo de BASF y Alfa (Polioles)en Altamira es el etileno y el óxido de etileno, materias primas básicas para un sinfín de productos, que van desde lubricantes automotrices y solventes hasta colchones y humectantes de tabaco.

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Karifinsky ve en México potenciales disponibles: "Estar al lado de Estados Unidos, el mercado de consumo más grande del mundo, con una amplia frontera común y bastante población latina. México mismo tiene un mercado grande  que se puede extender a América Latina , un sector importante de población con educación, recursos naturales  gas natural, petróleo, productos químicos y minerales , y competitividad en mano de obra, sobre todo ahora que países como Taiwán, Corea y Singapur tienen costos altos en este sentido".

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Para la compañía alemana  fundada en 1865  la planeación debe ser global, evitando solamente  dice un especialista de la Asociación Nacional de la Industria Química  que se crucen los flujos de sus productos provenientes de sus plantas dispersas en el mundo.

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Por ejemplo, a mediados de 1997 iniciará operaciones en Altamira una planta de BASF ($60 millones de dólares, 50 empleos directos) para la fabricación de 143,000 toneladas anuales de termoplástico poliestireno, lo que significa, dice Kaminsky, "una ampliación importante de nuestra capacidad de producción de poliestireno dentro de la región NAFTA (TLC), en la cual durante los próximos años se aumentará la capacidad de 3 10,000 a 550,000 toneladas", es decir, tendrá volúmenes de producción similares a los de Ludwigshafen, Amberes (Bélgica), Tarragona (España), Ulsan (Corea del Sur), Joliet (Illinois), Holyoke (Massachussets) y Santa Ana (California).

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Pescar en aguas negras. Los futuros competidores de la petroquímica secundaria coinciden en que hay que esperar las "condiciones de la privatización" de las plantas, en un mercado con valor de $15,000 millones de dólares. Al hablar de condiciones, se refieren a los requerimientos tecnológicos y ambientales, los pasivos laborales (calculados en más de $2,000 millones de dólares) y a las condiciones en que quedarán los contratos preexistentes de abasto que tiene Pemex y de proveeduría con las empresas consumidoras de productos derivados.

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Según Karninsky, BASF tomará su tiempo para analizar y decidir cuál será su oferta y a qué planta o complejo estará dirigida. "Es algo que requiere analizarse bien", subraya. Sin pretenderlo, toca la preocupación de los industriales mexicanos asociados al sector, en el sentido de que no saben hasta qué punto los compradores de las plantas  las multinacionales  estarán dispuestos a mantener vivas las economías de escala que se generan en tomo a los petroquímicos: proveedores de 42 de los 73 sectores económicos y demandantes de bienes y servicios de 31 sectores.

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A eso, Karninsky solamente contesta: "Hay ideas, pero son proyectos que toman tiempo y cuestan mucho." Aclara que BASF no es de las compañías que dejan elevar los precios y hacen a un lado el mercado doméstico, porque su política está orientada a satisfacer las necesidades de sus clientes, internos y de otros países.

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En su historia, que arrancó hace 130 años, BASF ha gestado 354 compañías a lo largo y ancho de Europa, América y Asia, y fabrica toda la gama de productos de la industria química, lo que la vincula con ramos como la construcción, alimentos, sanidad, textil y del vestido, transporte, comunicaciones, deporte y entretenimiento, etcétera. De acuerdo con Business Week, el valor mundial de mercado de este coloso alemán es de $12,500 millones de dólares, con ventas anuales de $30,000 millones y utilidades de $909 millones (1994).

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En México, Grupo BASF está conformado por BASF Mexicana, BASF Pinturas + tintas, Química Knoll y Polioles, esta última en coinversión con Alfa Alpek. En conjunto, sus ventas ascendieron a N$1,368 millones de nuevos pesos en 1994 y, mediante la producción de químicos, nutrientes, polímeros, petroquímicos, plásticos, pinturas y fármacos, genera unos 2,000 empleos directos.

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Altamira y los clusters. Un cluster se forma con un conjunto de empresas, integradas tanto verticalmente (desde la materia prima hasta el producto terminado al consumidor) como horizontal (el producto de una planta es materia prima de otra), que aprovechan sinergias entre sí para bajar costos y optimizar capacidades de producción. En el caso del puerto tamaulipeco, potencialmente estaría en posibilidades de descomponer materias primas básicas, como las naftas importadas de Panamá, Arabia o de refinerías de otros países, o bien petroquímica secundaria como el etileno, propileno o el benzeno, que es una especie de tren para estos productos.

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En suma: entran en la cadena productos que ya se elaboran en la zona, en tanto que la materia prima básica se le compra a Pemex o se importa. Los derivados del petróleo son básicos: del petróleo se obtiene la nafta, de ésta se convierte la gasolina, y en seguida los productos terminados, como el ácido terefstálico, que Petrocel (de Alfa) convierte en poliéster.

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Este es el concepto Altamira para el que BASF promueve inversiones de terceros desde 1992, no obstante que el proyecto nació en 1990 y se inició la construcción del parque industrial en noviembre de 1993. "Es un concepto sencillo  dice Gerhard Loecken, director corporativo de Grupo BASF de México , que aplicado a una industria exitosa como la química, hace que una empresa que compra a otra sea, a su vez, proveedora, utilizando la misma infraestructura logística y ecológica, lo que se traduce en competitividad en un mercado cada vez más global."

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Si se estableciera aquí una planta petroquímica, imagina Loecken, Altamira seria un gran polo de atracción, porque la logística será muy baja. "Sería sumamente deseable, porque de lo contrario los insumos tienen que traerse desde Coatzacoalcos", añade.

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Como dice el doctor Salvador Fernández, subsecretario de Promoción Industrial y Comercial de Tamaulipas, hay que considerar que 70% del total de la carga transportada entre Estados Unidos y México se hace por las vías fluviales, que parten del puerto de Brownsville y llegan al de Nueva Orleans, donde toman el cauce del río Mississippi hasta los grandes lagos y la cuenca del río San Lorenzo. "Si se toma a los grandes lagos como extremo y se traza una línea hasta Tamaulipas, ahí está el corredor comercial más importante di Norteamérica", asegura.

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Desde luego, quienes importa que tracen líneas de inversión, no imaginarias, son los inversionistas privados en posibilidades de embarcarse en una costosa obra, de 420 kilómetros, de Tampico a Brownsville. Claro, está P 1 aliciente de unirse, a los 45,000 kilómetros de vías fluviales de Estados Unidos, las de mayor transporte d carga en el mundo. Según Fernández, 3 hay contactos con compañías de transportación y portuarias estadounidenses.

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Adicionalmente, agrega, del lado mexicano está la conurbación Tampico M: dero Altamira, un área de 20 kilómetro ( insólita en el mundo por la cantidad e puertos de altura y la capacidad industria instalada en el área química y petroquimica ( química, que comprende 16 empresa "En suma  dice , una plataforma para la exportación."

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"¿Por qué no podemos ser  se pregunta  el primer centro productor nación de resinas y en la transformación de resina, plásticas en los cientos de derivados plásticos? ¿Por qué no constituir alrededor ello un cluster de poliéster agregando capacidad del estado para fabricar y producir fibras naturales? ¿Por qué no convertí a Tamaulipas en el principal productor de algodón? ¿Por qué no ocupar 11 de las nuevas plazas de Altamira conformadas como bloques para la elaboración exclusiva de etileno, metanol o cualquier otra materia prima, que representaría una inversión en paquete de entre $900 y $2,000 millones de dólares?".

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Por ahora, en Altamira, el principal puerto de contenedores del país, esas 16 empresas han invertido 17% de la inversión privada química, producen 25% del total nacional 1.3 millones de toneladas anuales de distintos productos químicos y realizan 60% de las exportaciones nacionales privadas del sector. En Madero, Pemex refina 180,000 barriles diarios de petróleo, y la zona cuenta con una red de gasoductos, oleoductos y poliductos conectados con el sistema nacional de ductos de Pemex.

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Para BASF, Altamira es el proyecto más grande de la empresa en México, junto al del poliestireno, asegura Karnirisky. Sin embargo, acepta que "hay otras ideas, pero todavía es prematuro hablar de ello. El hecho es que no se compraron 120 hectáreas para aprovechar nada más 15 ó 20. Se trata de un proyecto que encaja muy bien en la zona de producción de Estados Unidos. Por ejemplo, la decisión sobre la producción de poliestireno originalmente fue planeada para Estados Unidos, pero después nos decidimos por Altamira, por su localización estratégica, por su infraestructura, por el mercado doméstico".

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Pero los encantos que encuentra BASF en Altamira parecen no haber sido vistos por otros inversionistas, o cuando menos, no hay planes amarrados, confiesa Karninsky. Del anuncio hecho en los últimos días de julio por el secretario de Desarrollo Industrial de Tamaulipas, Miguel Rubiano, según el cual se gestan inversiones en Altamira por $1,773 millones de dólares a cargo ocho compañías  ChemTech entre ellas , destaca la aclaración del "mediano plazo". No obstante, parece suficiente para levantar ánimos.

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"Es cuestión de tiempo", opina Kaminsky. Obviamente, la promoción tendrá un papel importante, y BASF va a continuarla en colaboración con el gobierno estatal, sobre todo para lograr la confianza de los inversionistas  algo que ve más factible en los extranjeros que los mexicanos  Sólo entonces, Altamira estaría en vías de convertirse en lo que Fernández llama "una historia de éxito".

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