Beber vino .... tinto, mucho más que un

Claro, ya se sabe: nada con exceso... etcétera, etcétera. Si bien no se trata de exaltar el consum

El mayor consumo de vino tinto en Francia parece ser la causa de que los franceses –a pesar de ingerir tanto o más grasas que los estadounidenses y fumar más– padezcan mucho menos males cardiacos. La “paradoja francesa”, como ya la llaman algunos, condujo a investigaciones que han aislado los componentes del vino tinto para descubrir sustancias a las que se bautizó como bioflavonoides, también contenidas en las semillas de la uva roja, que participa en el proceso de fermentación del vino.

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Los bioflavonoides presentan propiedades antibacterianas, antivirales y anticancerosas. Además, vigorizan y permiten menos permeabilidad en los vasos sanguíneos, propiciando un mayor flujo de la sangre. Por si todo esto fuera poco, una investigación de la Universidad de Cornell ha encontrado que también bloquea la actividad del gene identificado como COX relacionado con el crecimiento de tumores, la inflamación artrítica y el mal de Alzheimer.

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Para quien gusta del vino tinto esta es una excelente noticia. Para quien no, ya existe una buena alternativa: las tiendas naturistas incluyen en sus anaqueles –por lo menos en dos presentaciones en México– cápsulas de extracto de semilla de uva roja. Ingerir una o dos cápsulas diarias –o una copita de vino si se prefiere elegir el camino más placentero– permite entonces aprovechar una sustancia que se anuncia como 50 veces más poderosa que la vitamina e y 20 veces más que la C (en cuanto a sus propiedades antioxidantes) y que, por añadidura, es capaz de potenciar los beneficios de ambas vitaminas.

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