Bicicletas fronterizas

Dos mexicanos, a puro pedal, crearon un nicho de negocio. Un buen ejemplo de ingenio empresarial.
Sam Quiñones / Tijuana

Un par de meses después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, Gonzalo Anell tuvo que cruzar la frontera para ir a Chula Vista, California.

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Anell trabajaba en la compañía de autobuses de su padre, en Tijuana, y ese día tenía una cita urgente en San Diego. Pero el cruce de la línea divisoria llevaba ahora cuatro largas y penosas horas debido al aumento de las medidas de seguridad impuestas por la aduana y el Servicio de Inmigración y Naturalización (INS, por sus siglas en inglés) de la unión americana. De modo que tomó una bicicleta para pasar al otro lado.

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Durante muchos años se había permitido que éstas se cruzaran en medio de los tres primeros carriles; no obstante que era la única manera como podía pasar la frontera casi sin esperas, pocos las utilizaban antes del martes negro. “Yo crucé en tres minutos, cuando habría tardado cuatro horas si lo hubiera hecho en la cola de peatones”, recuerda Anell.

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Mientras atravesaba, se fijó en los transeúntes que esperaban bajo el candente sol, y se le ocurrió que allí podría encontrarse una oportunidad de negocios.

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El joven habló con su novia, Karla Sánchez, y le propuso que compraran algunas bicis para ver qué sucedía si las ofrecían para renta. Él es mexicano, residente legal en Estados Unidos, y divide su tiempo entre ambos lados de la frontera. Ella nació en Los Ángeles, de familia mexicana, y ahora vive en Chula Vista. En noviembre compraron 14 bicicletas y lograron que el padre de la chica les prestara un camión de carga. Así nació la compañía estadounidense Border Bikes. Ahora tienen 125 bicicletas de alquiler, todas aseguradas.

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Este imaginativo acto empresarial fue el origen de uno de los pocos negocios que nacieron y prosperaron al amparo de la seguridad fronteriza que surgió después de los ataques terroristas: rente-una-bici.

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El concepto es sencillo. Alquilar éstas a los peatones por $5 dólares, para el fin exclusivo de cruzar la frontera desde Tijuana hacia San Diego y evitar la fila correspondiente (de regreso el paso es muy rápido, de sólo unos minutos). La brevedad del tránsito para quienes cruzaban en bicicleta aseguraba el éxito de la idea. Los nuevos empresarios tenían empleados esperando en territorio estadounidense, que recibían las bicicletas y las llevaban de vuelta a Tijuana varias veces al día.

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Entretanto, también Yanko Quezada estaba observando el movimiento. Durante años ha usado su bicicleta de montaña para cruzar desde su casa en Tijuana a su negocio, un deshuesadero de autos en Otay Mesa, muy cerca de la frontera, en la parte estadounidense.

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Durante dos semanas estudió las filas, contando a los transeúntes y midiendo el tiempo necesario para pasar. Unas 1,500 personas cruzaban a pie diariamente; calculó que cada día podría rentarle un vehículo a por los menos 2% de ellas y hacer dinero. A mediados de diciembre, puso en marcha Border Solutions con bicicletas y un camión de carga por valor de $10,000 dólares, y espacio para estacionamiento –que alquiló en un sitio contiguo al de Anell y Sánchez: se trata del único lugar en el que pueden estacionarse los velocípedos, pegado a la fila de los peatones, en Tijuana–.

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El esquema del negocio es el siguiente: las bicicletas permanecen en el estacionamiento, donde se rentan; el viajero lo entrega del otro lado de la frontera, y ahí se van guardando en un camión (tienen permiso en el país vecino para estacionar el vehículo) que, cuando se llena, regresa a Tijuana para devolverlas al sitio, donde se quedan durante la noche.

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“Cuando comencé se me olvidó conseguir un acuerdo de renta exclusivo en el aparcamiento”, dice Anell con pesar, puesto que por ese olvido ahora tiene un competidor.

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El negocio de rente-una-bici tuvo enorme éxito en Tijuana durante el invierno y la primavera. De 50 por día antes de los ataques, los cruces pasaron a casi 2,000, la mayoría en bicicletas alquiladas, según los funcionarios fronterizos. Muy pronto, hombres de negocios, trabajadores, estudiantes, aposta dores y amas de casa llegaban a la línea divisoria pedaleando resistentes bicis de montaña arrendadas para todo el tiempo que les tomara pasar por la aduana estadounidense. En los días buenos, cada compañía rentaba entre 400 y 500 vehículos (hasta tres o cuatro veces cada uno); en los malos, alrededor de 100.

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Llegaron para quedarse
Actualmente, las dos firmas rente-una-bici son parte del paisaje fronterizo. Conforme se prolongan las colas de los transeúntes, el camino que lleva al país del norte hierve con sus vendedores. Cada una ofrece en renta 125 bicicletas y emplea a 10 personas entre semana y hasta 20 en fin de semana. Los vehículos de Anell y Sánchez llevan etiquetas amarillas, los de Quezada azules.

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Ahora ya tienen asegurado un contrato de alquiler exclusivo para las dos compañías en el único estacionamiento cercano a la hilera de peatones. Otros tres empresarios entraron al negocio, pero fracasaron por la sencilla razón de que carecían de un próximo a la frontera en Tijuana donde guardar los vehículos. Con ese panorama, Border Bikes y Border Solutions lucharán entre sí por la participación en el mercado.

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Sin embargo, su mundo se volteó cabeza abajo hace poco. En abril, el INS y la aduana de Estados Unidos cerraron los carriles de automóviles a las bicicletas, porque el tráfico de éstas había aumentado tanto que los funcionarios temían que alguien resultara herido.

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Las agencias oficiales pasaron el camino de los velocípedos al interior, contiguo al de los transeúntes. Ahora los ciclistas compiten con los peatones por la atención de los agentes aduanales y de migración. De manera que las tardes de entre semana, cuando hay mayor tráfico, las esperas crecieron de unos cuántos minutos a casi una hora.

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Esto causó la desesperación de los empresarios del negocio, pues los alquileres se vinieron abajo. Para junio, dicen, en un día bueno rentaban 100 bicicletas cada quien. Ahora hay jornadas en que se alquilan sólo 30 o 40 por firma.

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Desde hace unos pocos meses, los dueños de estas novedosas compañías ven a las agencias gubernamentales que manejan los cruces como los agricultores ven a la madre naturaleza. Es como si tuvieran entre manos un grifo de agua que abrieran y cerraran a capricho, dice Quezada. Esto se ha hecho particularmente evidente a últimas fechas después de las 4:00 pm, cuando comienza su turno un funcionario que se muestra especialmente prejuiciado contra las bicicletas: a veces no permite el paso de ninguna durante una hora o más.

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“Creo que no saben qué hacer”, expresa Sánchez. Es un asunto de tan escasa importancia que no le prestan mucha atención, pero es también esencial. Los vehículos son necesarios para las personas que van al trabajo, a la escuela, a visitar a sus familias. San Diego precisa a las personas que cruzan desde México y viceversa.

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Hoy en día, pocos negocios ilustran mejor que los de las bicicletas fronterizas el adagio de que tiempo es dinero. Un estudiante de economía podría escribir un estudio acerca de las preferencias del consumidor con sólo documentar el punto en el que los transeúntes deciden que pagar $5 dólares para alquilar una bicicleta es mejor que hacer fila durante una hora o más.

-En ocasiones se desarrolla, incluso, una economía informal alrededor de la espera. Los músicos callejeros entretienen a la gente. Otras veces emerge un mercado secundario de arrendamiento de bicicletas, cuando las personas que ya las rentaron se arrepienten porque la cola de transeúntes va más rápido ese día, o porque deciden hacer algo todavía en Tijuana, y pretenden recuperar parte de su dinero mediante el expediente de sub-arrendarlas a su vez a los peatones que están en la parte de atrás de la cola.

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Controversia
Todo esto colocó a la modesta bicicleta en el centro de una gran polémica entre las autoridades estadounidenses y las personas del área San Diego/Tijuana que cruzan la frontera diariamente, así como los políticos y los comercios.

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En medio de una economía global donde las separaciones en materia económica, social y cultural tienden a desaparecer, pero donde se vive un conflicto entre las necesidades de seguridad que alientan el tránsito y las demandas del comercio que exigen celeridad, la bicicleta se ha transformado en el símbolo de un cruce que no funciona, según concuerdan prácticamente todos los involucrados.

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“Estamos muy atrás en los tiempos”, admite Johnny Muñoz, gerente de la tienda tipo outlet de Nike, en San Ysidro (la población de San Diego más cercana al lado mexicano) y presidente de la Cámara de Comercio de la ciudad. “Es un milagro que la frontera esté operando hoy en día, si se considera la cantidad de tráfico que tenemos.”
El cruce Tijuana/San Diego es el de mayor tránsito en el mundo. Según el INS, el año pasado 55 millones de personas lo atravesaron legalmente de México a Estados Unidos. No obstante, el paso tiene el mismo tamaño desde los años 70, mientras que el tráfico y el comercio entre los dos países ha crecido de manera geométrica.

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Incluso antes del 11 de septiembre, esta vía hacia Estados Unidos estaba operando muy por encima de su capacidad. No lo parecía porque los funcionarios del país vecino simplemente no examinaban a todos con detalle. Los ataques y las subsecuentes medidas de seguridad sacaron a  relucir los problemas que estaban ocultos. La bicicleta fue la gota que derramó el vaso.

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Desde que ocurrieron los ataques, la cantidad de cruces ha disminuido. No obstante, cada día pasan de México a la unión americana 120,000 personas en automóvil, bicicleta o a pie. Aproximadamente 90% es gente que cruza con frecuencia para hacer compras, negocios, trabajar, visitar a sus familiares o ir a la escuela. Las bicis eran la manera de la que se valían para evitarse las torturantes esperas.

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“Las personas que usan la frontera todos los días necesitan que sea eficiente”, exige Bob Filner, diputado federal del país vecino que representa a la zona de la línea fronteriza.

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En otras partes, los estadounidenses conciben el tránsito entre ambas naciones como una fuente de problemas. Sólo ven drogas e ilegales, no familias y negocios. Sólo quienes necesitan cruzar saben por qué es importante contar con una frontera ágil. Las bicicletas no son ahora sino un pequeño ejemplo de la tensión.

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Laureen May, portavoz del INS en San Diego, asegura que la agencia está buscando una solución para el problema. Desde los ataques de Nueva York, el organismo recibe un presupuesto mayor para contratar a más oficiales. Con todo, requiere un año para capacitar a los nuevos empleados. El de las   bicicletas es un problema que la agencia no puede solucionar ahora mismo.

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“Incluso desde antes del 11 de septiembre hemos sido fuertes partidarios de una expansión de la infraestructura –dice Mack–. Le hemos comunicado claramente a Washington que, en nuestra opinión, el cruce está operando por encima de su capacidad.”

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Hoy, tanto las agencias federales como el público usuario y los empresarios están a la espera de que el INS facilite $570,000 dólares para construir un carril protegido para bicis mediante el cual, finalmente, se pueda regular el tráfico. El cruce de Tijuana sería el primero de la frontera entre México y la unión americana que contaría con una senda de esa clase.

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Los dueños de los negocios fronterizos rente-una-bici esperan ansiosos ese día. Ellos han logrado sostenerse económicamente mientras esperan mejores épocas, pero su proyecto está en aprietos porque sus partidarios pesan muy poco en Washington DC. Y dada la situación económica de los últimos meses, nadie sabe cuándo se podrá disponer de dinero para realizar grandes cambios.

-Es probable que la seguridad más estricta en la frontera no se reduzca en un futuro cercano, pero el porvenir de la industria de las bicicletas fronterizas parece seguro.

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-“Nunca se nos ocurrió que esto sería algo permanente –reflexiona Sánchez, quien se graduó hace poco en la Universidad Estatal de San Diego y se especializó en seguridad internacional y solución de conflictos–. Pero un amigo nuestro nos decía que vio una fotografía de la frontera en 1928: había enormes colas de peatones. Así que, después de todo, este negocio será una buena oportunidad.”

-La traducción es de Julio Galindo U.

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