Brasil pone a bailar a México

La industria automotriz mexicana afila sus garras para defenderse con todo frente a la devaluación
Zacarías Ramírez Tamayo

Cumplida la profecía del derrumbe de Brasil, sus efectos en la economía - real comienzan a sentirse... en México. Uno de los sectores donde se - manifiestan los primeros (y mayores) síntomas es el automotriz. La - devaluación acumulada de 80% del real en los últimos dos meses ha abaratado - los productos brasileños –sobre todo las autopartes– a niveles peligrosos - para el segundo centro de producción más importante en la región. “Brasil - es uno de los factores que estamos considerando para el decrecimiento –dice - Óscar Véjar, vicepresidente y director general de Industria Nacional de - Autopartes (INA)–, una caída de 5% del mercado” para 1999. En México - esta industria tiene una producción valorada en $10,000 millones de dólares - y genera 240,000 empleos.

- El temor de los mexicanos es que las armadoras aumenten la importación de - piezas para sus plantas en México, como ya ha ocurrido, en detrimento de las - fabricadas en el país. “(Los brasileños) se caracterizan por vender a los - mercados cuando tienen una crisis interna: exportan su crisis”, comenta - Véjar. Según él, Brasil exporta regularmente una cuarta parte de su –variada– - producción de autopartes y, esta vez, tiene “a favor” una moneda - devaluada y altos subsidios. El impacto en la industria mexicana, anticipa, - podría ser generalizado.

- Sus temores no son infundados. Las armadoras siguen de cerca la evolución - de la economía brasileña. Tal es el caso de Volkswagen, que tiene - operaciones importantes en ambos países. De hecho, el intercambio entre sus - filiales es asunto ordinario; el año pasado, la filial brasileña exportó - 15,000 autos a México, en tanto que de la planta de Puebla salieron 6,300 - autos rumbo a Brasil. En General Motors los planes son más específicos. Sus - ejecutivos esperan el momento en que, al sumar los costos de traer piezas - brasileñas para sus pick up –precio, transporte y aranceles–, les - resulte más barato que comprarlas aquí.

- A partir de enero, México aumentó de 15 a 25% el arancel para los - productos brasileños. Los aranceles de Brasil suelen ser aún más altos; - pero ahora más que nunca desean que los mercados se abran de par en par para - sus productos, muchos de los cuales su mercado no podrá absorber. En este - año se prevé una caída de 13% en las ventas domésticas de autos con - respecto a 1998, que de por sí fue un año difícil con una baja de 24%. Es - posible que no sea sino hasta el año 2001 cuando se pueda alcanzar la - producción de 2.1 millones de vehículos que había en 1997, dice Héctor - Galván, responsable de las operaciones en Brasil del fabricante mexicano - Rassini Autopartes. Aunque el directivo no prevé un retroceso en la - facturación de la filial para 1999 –alrededor de 60 millones de reales–, - tampoco avanzará respecto del año pasado.

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- A consecuencia de la crisis, Rassini coordinará la operación entre sus - plantas mexicanas y brasileñas para algunos productos, pero en esencia no - habrá cambios radicales gracias a que la mayoría de las piezas que fabrican - allá son distintas a las de México.

- No todos los fabricantes de autopartes tienen a la mano soluciones como - esta. Por tanto, Véjar dice que estarán pendientes de que el gobierno - mexicano responda por la vía de los aranceles a la tentativa de ingreso de - autopartes con dumping o que no cumplan con las normas. ¿Habrá guerra?. “De - parte de Brasil han tenido guerra permanente, pero nosotros no nos hemos dado - cuenta de que hay que disparar”. ¿Dispararán ahora? “Ya ocurrió el 1o. - de enero, y espero que así sigan las cosas”, dice el directivo de INA.

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