Breguet, el relojero de María Antonieta

Como en tiempos del fundador, las manos y los ojos siguen siendo las herramientas esenciales para cr

Los archivos de la Casa  así lo atestiguan: en 1810 y bajo el número de pedido 2639, el primer reloj “para” pulsera (como se denominaba entonces) fue producto de la genialidad de Abraham-Louis Breguet y fue para una mujer: Carolina Bonaparte, reina de Nápoles.

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Con este tipo de logros, el relojero de la Corte de Luis XVI consiguió no sólo contar con una inigualable “colección” de clientes –entre los que figuraban María Antonieta, el Duque de Orleáns, Napoleón y Josefina Bonaparte–, también fundó una tradición refinada: la marca Breguet.

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Desde entonces, cualquiera de los relojes de la Casa ostenta dos distintivas agujas de acero azuladas, así como un número de fabricación individual, que permite hacer un seguimiento de cada pieza que sale de sus talleres (localizados en la Vallée de Joux, en Francia), a lo largo de toda su existencia… a veces durante siglos.

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Hoy también, como sucedía hace más de dos siglos, los modelos Breguet ostentan la misma belleza por dentro que por fuera. Entre otras finuras: mecanismo automático con calendario, reserva de marcha, calendario perpetuo, fases y edad de la Luna. Por eso algunos han llamado a los relojes de Breguet, “la quintaesencia del tiempo”.

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Y es que, como señalara en su momento el escritor Stendhal, “Breguet hace un reloj que funciona durante 20 años sin averiarse, mientras la miserable máquina que nos hace vivir se deteriora y produce dolor al menos una vez a la semana”.

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Actualmente, la Casa Breguet –que tiene representantes en México– cuenta en su catálogo con modelos considerados como eternos. Algunos de ellos, fabricados exclusivamente sobre pedido. Entre sus colecciones masculinas, quizá la más conocida sea la Breguet Marine (Abraham-Louis fue nombrado relojero de la Marina Real en 1815, durante el reinado de Luis XVII), cuyos lejanos antecedentes se encuentran en los cronómetros Breguet, apreciados por su precisión por la marina francesa. Así que a nadie puede caberle la menor duda de que si la cartera da para adquirir uno de los modelos de la marca, es indudable que la joya que ingresa a la familia tiene prosapia y pasado.

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