Bóveda abierta

Con más de dos siglos de vida, que incluyen episodios grises, Nacional Monte de Piedad otorga prés
Arantzatzú Rizo Rodríguez

Su nacimiento precedió a la Independencia de México. Sin embargo, antes que desaparecer, el Nacional Monte de Piedad (NMP) se renueva para seguir siendo la principal casa de empeños en el país. Fundado en la época virreinal, hoy da atención a unos ocho millones de mexicanos anualmente y se recupera del más reciente episodio de dificultades que ha tenido en su larga historia.

- La idea original de su creador, Pedro Romero de Terreros, Conde de Regla, fue poner al alcance de la población más necesitada una institución de apoyo económico, en una época en que los agiotistas y usureros eran los únicos prestamistas. Una razón que no tenía nada que ver con la filantropía fue la intención de este propietario minero de dar a sus hijos varones, a quienes había dotado de títulos militares, la posibilidad de quedar exentos del pago de impuestos al aportar a una institución de beneficencia. El hecho es que, con el nacimiento el 2 de junio de 1774 del Sacro y Real Monte de Piedad y de Ánimas, los estratos más pobres de la población pudieron acceder a préstamos con intereses blandos, a cambio de bienes dejados en prenda.

- La institución se creó con un fondo de $300,000 pesos en oro, rememora Justo Mansur Escandón, coordinador jurídico del NMP. “Según los estatutos, el público debía, una vez recuperada su prenda, ofrecer una aportación libre para el buen funcionamiento del fondo –explica–. Pero esto nunca se realizó.” Quizá por ello, a principios del año 1800 se decidió establecer un interés sobre el préstamo, a fin de poder acrecentar el fondo y generar recursos para seguir prestando, a la vez de cumplir con otro de sus objetivos: hacer donaciones con el dinero remanente a la gente más necesitada.

- Dos siglos después, y pese a la evolución de los sistemas de crédito y la aparición de instituciones diversas para otorgarlo, el NMP sigue funcionando bajo el mismo patrón. Los fondos con los que opera suman $3,500 millones de pesos, en tanto que los intereses que se recaban, a una tasa de 2% mensual, rondan los $40 millones. “El patronato del NMP no recibe a título personal dichas ganancias, ya que no es una institución lucrativa –afirma Mansur–, sin embargo, sí las administra”. Sus ingresos anuales ascienden a $480 millones de pesos, de los que 30% se destinan al sostenimiento de la institución. “No sólo es pagar sueldos de 2,500 trabajadores y las pensiones de 800 jubilados –explica–, también se establece un fondo para cubrir contingencias laborales y fiscales, modernizar inmuebles y proveerlos de mantenimiento, seguridad, vigilancia” y, en fin, gastos como los de cualquier empresa.

Sólo intermediario
En 1980, tras verse envuelta en una ola de corrupción, las abultadas deudas de la institución obligaron a la intervención gubernamental, a través de la hoy desaparecida Secretaría de Programación y Presupuesto (SPP). Ya en 1981 las pérdidas eran evidentes, y se procedió a la liquidación de la tercera parte del personal sindicalizado. Además, los donativos fueron suspendidos. - Su precariedad financiera, incapacidad para generar fondos propios, manejo inadecuado de los recursos y desvío de fondos fueron detonantes para convertirla en un intermediario al servicio de los bancos. En 1982, el total de su cartera de créditos, inventarios y cuentas por cobrar estaba capitalizado con dinero de las instituciones bancarias –cinco años atrás éstas financiaban 18% de la cartera del NMP–. Con recursos públicos se reestructuró una deuda bancaria cercana a $4,100 millones de pesos y se hicieron nuevos ajustes de personal.

- Luego de 11 años, el gobierno entregó el NMP a un patronato privado, y el agente regulador de la institución volvió a ser la Junta de Asistencia Privada del Distrito Federal. En 1998, las autoridades federales intentaron modificar la legislación a fin de recuperar el derecho a intervenir cuando lo juzgaran necesario; sin embargo, un amparo promovido por el NMP y más de un centenar de instituciones de asistencia hizo abortar la Ley de Instituciones de Asistencia Privada que le daría sustento. Para Masur, aprobarla hubiera sido desfavorable: “Hoy el NMP actúa con más libertad y se norma con sus propios estatutos y el resto de las leyes laborales y fiscales que rigen a las personas en el país, sin la intervención constante del gobierno.”

- De entonces a la fecha, la administración orienta a la eficiencia operativa, asegura el coordinador jurídico del organismo. “No sólo se trata de evitar situaciones fraudulentas, de las cuales no hemos estado exentos, sino que hemos tratado de capitalizar a la institución y retomar su misión principal, que son los donativos.” Entre 1994 y 1999 estas donaciones pasaron de $39.4 millones de pesos a $232.4 millones.

Asedio a las bóvedas
Aunque el nuevo patronato recibió al NMP “casi libre de toda deuda”, su patrimonio apenas llegaba a $243.9 millones de pesos, monto irrisorio para un prestamista. En los últimos seis años, sin embargo, ha logrado aumentarlo a $2,670 millones de pesos –contabilizados a septiembre de 1999–, gracias a un estricto control interno sobre la operación diaria, a través de despachos de auditoría externa. “Aun así, hemos tenido problemas en las áreas de depósito, en las bóvedas –reconoce el directivo–. Con frecuencia se pierden prendas y se han identificado manejos fraudulentos en las cajas de varias sucursales, así como en los avalúos.” No obstante, considera que “estas actividades dolosas” son “normales” en “una institución con un alto manejo de efectivo”. - Además de los tradicionales préstamos prendarios, el NMP ahora concede también créditos hipotecarios, lo que imprime cambios en el perfil de sus clientes, al incorporar  personas de estratos medios.

- No obstante, conforme a las reglas del organismo, estos préstamos hipotecarios no podrán en ningún caso superar los $300,000 pesos, y su tasa de interés es equivalente a la tiie (tasa de interés interbancaria de equilibrio) más un punto.

- En cuanto a los bienes dejados en empeño, estos son muy diversos. De recibir, en sus orígenes, animales o costales de semillas, actualmente 80% de las prendas son joyas y 20% artículos varios, como casimires, abrigos, colecciones de discos, libros, computadoras, etcétera. “El uso actual de un anillo heredado de la abuela o bisabuela no es el mismo que el de una computadora o un refrigerador –comenta Mansur–. La gente prefiere empeñar un objeto que no va a menoscabar su vida cotidiana.”

- La mayoría de los empeños se realiza a través de un contrato en donde se establece el valor “intrínseco” del producto dejado en garantía (50% menos de su valor comercial), así como el plazo para el pago del capital y los intereses –que va de cinco a 13 meses, dependiendo del artículo que se trate y de su riesgo de descompostura–. La persona que empeña (pignorante) tiene dos opciones: recuperar su prenda al pagar el capital e intereses en el plazo mínimo establecido, o pagar sólo los intereses y solicitar el refrendo de su boleta de empeño. Aunque no existe límite en el monto de los préstamos, en promedio la cantidad en los contratos es por $500 pesos.

- De acuerdo con Mansur, hay dos razones básicas por las que los mexicanos recurren al empeño: para hacer frente a periodos económicos difíciles, como suele ser el mes de enero, y para ayudar a financiarse vacaciones –si bien la demanda de préstamos es constante a lo largo del año–.

- Las prendas no recuperadas por sus dueños pasan a formar parte del lote de bienes incautados por el NMP, que se encarga de comercializarlas en sus tiendas o expendios, de nombre almonedas, al precio en el que fueron valuadas, más 20% por concepto de comercialización. “Si (después del plazo) el dueño de la prenda decide recuperarla, puede adquirirla en la almoneda –explica Mansur–. Pero si ya está en posesión de alguien más, tiene derecho a una demasía.” Es decir, si la prenda, por ejemplo, se vendió en $100 pesos, cuando su valor era de $70, los $30 pesos de diferencia se  entregan al pignorante como una forma de ayuda.

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- Se calcula que 92% de los artículos dejados en empeño son recuperados por sus propietarios, quienes, de este modo, ponen su parte para la supervivencia de esta añeja institución de crédito.

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