Cables desconectados

Internet y telefonía son nuevas rutas de negocio para el sector de TV por cable, pero no están apr
Jesús Hernández

Cuando los viejos alquimistas de la Edad Media buscaban convertir metales menores en oro, no se imaginaron que el siglo XXI podría hacer realidad sus sueños, o al menos algo parecido. Hoy un alambre de cobre puede traducirse en enormes ganancias para las compañías de televisión por cable, que tienen la oportunidad de volverse serios contendientes en el mercado de las telecomunicaciones.

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En 1997, Megacable (con sede en Guadalajara y que atiende varias ciudades más del país) observó el desarrollo de internet y pensó en la posibilidad de convertirse en proveedor de acceso a la red de redes, aunque su esquema no se diferenciaba de los demás: debía enlazar al usuario y la Red mediante líneas telefónicas. Sin embargo, cuando la tecnología digital hizo posible la bidireccionalidad del cable que transmite señales de televisión, la infraestructura telefónica salió sobrando para ellos y un mundo de posibilidades se abrió; así, la empresa digitalizó sus 8,000 kilómetros de cableado.

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Los formatos analógicos que las compañías de cable utilizaban en el pasado sólo les servían para enviar señales de video de hasta 33 kbs (kilobytes o unidades de información por segundo), mientras que con el formato digital el ancho de banda va desde 450 hasta 870, o incluso miles de kbs, capacidad suficiente para enviar y recibir, además de la señal televisiva, toda clase de datos, voz y video.

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Ahora estas empresas pueden ofrecer a sus suscriptores –por un mismo conducto– nuevos servicios, como programas de televisión interactivos, videojuegos, ventas de telemercadeo, video por demanda (selección de películas por catálogo a la hora que el cliente lo desee), grabación digital de programas (con o sin comerciales), correo electrónico, videoconferencias, sistemas de alarma y vigilancia; pero la verdadera mina de oro se encuentra en otros dos servicios: acceso a internet y transmisión de voz similar a la telefonía.

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Para la industria –señala Pablo Vázquez, director de Cablevisión, firma que actúa en la ciudad de México– este cambio significa despertar de más de 30 años de letargo y la oportunidad de "ponerse las pilas" y hacer un buen negocio. De entrada, la conversión digital implica abatir a cero el robo de señales de televisión por cable, que actualmente se calcula en 35% sobre el total de suscriptores, pues el nuevo equipo decodificador que traerá esta transformación lo impide. La empresa ya lleva un avance de 30% en la sustitución del viejo cableado por el nuevo.

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Además, las tarifas de servicio podrían duplicarse: con el formato analógico su importe es $20 dólares mensuales por suscriptor y, con el formato digital, podrían pasar a $40 dólares por incluir varios de los nuevos productos potenciales (como la interactividad), y hasta $60 dólares con el acceso a internet.

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Las firmas de cable se enfrentan, sin embargo, a tres grandes retos: uno, tener la capacidad financiera para manejar los altos montos de inversión que significa el cambio; dos, vencer las reticencias –dicen los cableros– de las autoridades para permitir el servicio y tres, ingresar a un mercado altamente competido, tanto por las otras modalidades de televisión restringida –el servicio vía microondas (MDDS) o vía satélite (DTH), por ejemplo, que ya brinda algunos servicios interactivos o se aprestan a ofrecer transmisión de datos y voz– , como por las compañías telefónicas de acceso a internet.

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El potencial real

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En México, según cifras a diciembre de 2001 de la Cámara Nacional de la Industria de la Televisión por Cable (Canitec), existen 18.47 millones de hogares con televisión, de los cuales 2.26 millones utilizan los servicios de la televisión de cable. Aunque no existen datos oficiales del valor de mercado, un rápido cálculo del total de suscriptores que paga la tarifa promedio de $187 pesos al mes por programación, arroja una facturación de, al menos, $5,055 millones de pesos al año.

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Tales ingresos de las compañías del sector podrían incrementarse en la medida en que los servicios de valor agregado tomen mayor fuerza entre los consumidores. Por ejemplo, para Megacable –que ya ofrece acceso a internet a sus suscriptores–, las entradas de 2001 por ese concepto representaron 23% del total de sus ventas, y calcula que para 2002 se ubicarán entre 25 y 27%. En Cablevisión, de noviembre de 2001 a enero de 2002 lograron captar 2,500 abonados al servicio de internet, mediante un plan que incluye no sólo el acceso a la Red sino la entrega de una computadora.

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Las empresas de cable sostienen que su ventaja sobre las competidoras que dan el servicio vía línea telefónica es que su acceso a internet es directo y permanente, por lo que el usuario se ahorra el costo de las llamadas por teléfono, los tonos de ocupado y las comunicaciones interrumpidas.

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Según Canitec, estas compañías de televisión restringida atienden en el país a 529 ciudades mediante 564 redes de cableado para TV. De dichas poblaciones, sólo 30 localidades cuentan con el servicio de acceso a internet a través del cable, y el número de cibernautas en esta modalidad asciende a 85,500, lo que representa 2.14% del total (cerca de cuatro millones en todo el país).

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En opinión de Javier Lozano, analista y ex director de la Comisión Federal de Telecomunciaciones (Cofetel), el acceso a la Red vía cable podría facilitar el cumplimiento de la meta oficial de 10 millones de usuarios para el final del sexenio.

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Algo semejante podría ocurrir con la telefonía, gracias a la capacidad potencial de la televisión por cable de brindar el servicio de voz. "Si tienes un país con baja densidad telefónica, donde una de las principales necesidades es aumentar el número de líneas (fijas), contar con la posibilidad técnica de una segunda opción y no empujarla resulta una contradicción", opina Enrique Yamuni, director general de Megacable.

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En naciones como Chile los servicios de valor agregado por cable representan hasta 36% del ingreso de las empresas de este ramo, aunque la media internacional es 10%. En México, calcula Vázquez, la cifra podría ser de hasta 30%, debido a la baja densidad telefónica del país. No obstante, reconoce que la telefonía por cable se perfila como una segunda opción para los usuarios, más que como una línea principal.

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Y es que, a diferencia de la telefonía tradicional, el cable transforma la voz en información de datos para transmitirla sobre protocolo de internet (IP) y restablecerla nuevamente al llegar a su destino. Esto tiene un efecto metalizado en la voz y un cierto retraso en la recepción de la señal, que se puede mejorar con un mayor ancho de banda.

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Un inconveniente que presentan estos nuevos negocios es el costo de la reconversión: desde 1996 las empresas de cable estadounidenses han invertido en su digitalización más de $43,000 millones de dólares. Un proceso largo y caro que, a decir de Vázquez, podría ser peligroso si no se tiene la habilidad financiera para manejarlo.

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"Si inviertes $200 dólares por suscriptor para darle acceso a la Red y servicios de valor agregado –apunta Vázquez–, y creces la facturación de $20 a $40 dólares promedio [por suscriptor], es interesante." Sin embargo, para poder competir en calidad de señal de voz con la telefonía tradicional, sería necesaria una inversión de $700 dólares por usuario y cobrar una tarifa de sólo $18 o $20 dólares. "Eso ya no suena tan interesante. Eventualmente lo haremos, porque así lo pedirá el mercado, pero no será la prioridad."

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Desde hace cinco meses, relata Yamuni, Megacable solicitó autorización a Cofetel para brindar un servicio experimental de telefonía. La empresa involucró a 10 personas de alto nivel e invirtió $1 millón de dólares en el proyecto que, por falta del permiso oficial, no ha prosperado aún.

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Discrecionalidad, la piedra en el zapato

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Paradójicamente, mientras los planes gubernamentales buscan la convergencia para tratar de dar mayor acceso a las telecomunicaciones a una cantidad mayor de población, la discrecionalidad con que las dependencias oficiales aprueban la operación de los nuevos servicios a las empresas de cable parece contradecir sus objetivos, acusa Vázquez.

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"Tenemos plena capacidad técnica para ofrecer interactividad e internet –asegura Yamuni–, pero no hemos podido lanzar al mercado otro tipo de servicios por problemas regulatorios, pues las autoridades opinan que no tenemos derecho a darlos. ¿Cómo quiere entonces el gobierno conformar un plan como e-México y abatir la brecha tecnológica del país?"

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Desde 1995, la Ley Federal de Telecomunicaciones permite que las firmas de televisión por cable obtengan una concesión –mediante la ampliación de su ancho de banda– como redes públicas de telecomunicación con derecho a prestar cierto tipo de servicios llamados de valor agregado y adicionales (además de la señal de televisión). En el momento en que una compañía decida dar un nuevo servicio tiene que notificarlo a la Cofetel y ésta revisa la solicitud para darle o no el visto bueno. En ciertos casos la Secretaría de Comunicaciones y Transportes también interviene en la ampliación de concesiones.

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Una vez aprobado el trámite, la empresa cuenta con 180 días para hacer la inversión y comenzar a operar, de lo contrario podría rescindirse el permiso. Sin embargo, el plazo que se toma la Comisión para decidir puede llevar de seis meses a un año, o incluso más, bajo el argumento de que tiene dudas sobre aspectos técnicos u operativos. "El problema para nosotros –esgrime Yamuni– es que mientras autorizan la concesión, las inversiones se detienen y los sueldos se tienen que seguir pagando."

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Parte del problema, señalan las empresas de cable, es que la ley establece que los servicios nuevos que las empresas de telecomunicaciones pueden brindar además de su giro principal (en su caso la señal de televisión restringida), son los llamados de valor agregado (internet) y adicionales (telefonía), pero no los define claramente, y por tanto la autorización es discrecional.

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Sin embargo, también obra la sospecha de que las autoridades protegen a las compañías telefónicas, en especial a Telmex, ya que es el principal jugador de las telecomunicaciones en el país y los cableros entrarían en plena competencia con él.

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Si la causa de proteger a los grandes grupos telefónicos es porque han realizado altas inversiones –y ello es benéfico para el desarrollo del sector–, también se deben tomar en consideración los cuantiosos recursos que ha dispuesto la industria nacional del cable en el país, protesta el director de Cablevisión "Porque ante las autoridades, cuando conviene somos redes públicas de telecomunicaciones y cuando no, somos unos viles cableros, como suelen llamarnos."

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Respecto a las denuncias de los empresarios, voceros autorizados de la Cofetel se limitaron a responder que "las concesionarias de televisión por cable tienen la oportunidad de ofrecer mayores servicios de telecomunicaciones, siempre y cuando sea en cumplimiento del marco legal".

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Por su parte, fuentes de Telmex –empresa que posee 45% del mercado de acceso a internet y casi 70% de la telefonía fija, según Select-IDC– argumentan: "Hasta donde tenemos entendido, no existe ninguna prohibición al respecto [de dar servicios de telefonía por cable]. Más bien, lo que podría existir es una incapacidad técnica para desplegarlo masivamente, aun en otras partes del mundo, y Telmex no puede influir sobre éste o cualquier otro punto que decidan regular las autoridades".

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Lozano sostiene que actualmente 90% de las empresas de cable ya cuentan con una concesión como red pública de telecomunicaciones (lo cual abre la posibilidad de ofrecer otros productos) y sólo tendrían que solicitar a la Cofetel una ampliación para dar servicio de telefonía. Esto no sucede con las compañías de televisión vía satélite o microondas, que sí estarían obligadas a tramitar una nueva concesión por el uso de frecuencia de espectro (o uso de espacio aéreo para transmisión de señales).

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De cualquier modo, los interesados necesitarían tramitar ese anexo porque de otra manera sólo podrían ofrecer a sus clientes servicios troncales de interconexión a la red de telefonía y entonces deberán pagar a las empresas telefónicas el derecho a la línea de cada usuario y su costo de interconexión.

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De acuerdo con las fuentes de Telmex, las compañías de cable aún no representan cambios significativos en el mercado de las telecomunicaciones, pero reconocen que existe una reñida competencia en el sector.

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La entrada de las firmas de cable causará un impacto positivo –opina Lozano–, porque habrá más oferta de servicios y los precios se reducirán. Pero dependerá de cada empresa crear un modelo de negocio adecuado para amortizar los altos costos de inversión y consolidarse. De paso, el país podría avanzar en el proyecto de mayor acceso de la población a las telecomunicaciones.

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