Cadereyta: una babel petrolera

Nuevos combustibles para el motor del norte. Hay una carrera contra reloj para terminar el megaproye
David Shields

El Proyecto Cadereyta 2000, la obra del sector de energía más grande que se concluye en el presente sexenio, debería estar lista para su inauguración el próximo mes de octubre. "Le estamos entregando a Pemex un proyecto de clase mundial, una refinería muy mejorada con la más alta tecnología disponible actualmente", asegura Clive Welland, el ingeniero inglés que dirigió las obras para Conproca, el consorcio coreano-alemán-mexicano que la construyó.

- Para algunos fue motivo de controversia que un grupo coreano, con poca experiencia en México, haya ganado un proyecto de tal magnitud. Pero ahí está la obra, en proceso de arranque, con nueve plantas flamantes y otras diez ampliadas y modernizadas, que brillan bajo el ardiente sol neoleonés en la refinería Ingeniero Héctor Lara Sosa, municipio de Cadereyta Jiménez, a 36 kilómetros al este de la ciudad de Monterrey.

- La refinería de Cadereyta se encuentra estratégicamente situada para cubrir las necesidades de combustible de los estados de mayor crecimiento económico del país: Nuevo León, Coahuila, Chihuahua, y parcialmente Durango, San Luis Potosí y Tamaulipas.

- Aportará 91,000 barriles diarios adicionales de producción de gasolinas, diesel y turbosina de alta calidad ecológica, que permitirán sustituir importaciones de tales combustibles.

- El proyecto fue realizado en un plazo de 33 meses por el consorcio formado por Sunkyong (SK), Siemens y Tribasa. Su costo —incluyendo intereses durante la construcción— es de $1,619 millones de dólares, cifra que asciende a $2,424 millones considerando el financiamiento a 10 años.

- El contrato se adjudicó en licitación pública, en la cual ese consorcio entregó una propuesta económica mucho más atractiva que la de Mitsubishi-Bufete Industrial, el otro licitante que ofreció un costo más intereses de $2,616 millones de dólares, equivalente a $4,454 millones con financiamiento a 10 años. Un vocero de Bufete llegó a decir: "Nosotros cotizamos el proyecto que Pemex pidió; los coreanos quién sabe qué cosa cotizaron". Un estudio comisionado por Pemex-Refinación concluyó que el precio correcto de la obra era cercano a la oferta hecha por SK-Siemens-Tribasa.

- En el presupuesto federal, el Proyecto Cadereyta se registra como obra pública financiada o "proyecto de impacto diferido en el registro del gasto" (Pidiregas). Esto significa que el consorcio ganador financia la construcción y es pagado con las utilidades del proyecto una vez que opera.

- Conproca logró concretar un plan financiero a través de un sindicato de bancos liderado por Bankers Trust, para conseguir cerca de la mitad del financiamiento. Las agencias de exportaciones de Estados Unidos, Alemania y Corea aportaron otro 35% del total. El último tramo se financió con un bono de Conproca por $370 millones de dólares. El proyecto se liquidará a través de 20 pagos semestrales de $121.2 millones de dólares, el primero de los cuales será efectuado por Pemex a partir del 15 de diciembre de este año.

- Además de nueve plantas de procesamiento nuevas y la ampliación y actualización integral de otras diez, el Proyecto Cadereyta abarca la modernización del sistema de información de la refinería; la expansión de servicios como tratamiento de aguas y drenaje; el mezclado automático de diesel y la expansión del área de asfaltos, así como amplias mejoras en las instalaciones de comercialización y sistemas de manejo y medición en las terminales de combustibles para Monclova, Sabinas, Saltillo y Ciudad Juárez.

- Los objetivos del proyecto parten de un cambio en la mezcla de crudo que recibe la refinería. Con la modernización se procesarán volúmenes mayores de petróleo pesado tipo Maya, que es el crudo que México produce en cantidades crecientes. Esto, a su vez, liberará volúmenes de crudos ligeros para otras refinerías nacionales y para exportación.

- De crudo a crudo
Como Pemex produce cada vez más crudo pesado y menos ligero, su propósito es modernizar todas sus refinerías para procesar aquél tipo. Además de que el crudo pesado es lo que la naturaleza ofrece, la producción de éste tiene sentido económico debido a que cuesta $4 o $5 dólares menos que la de crudo ligero.

- Cadereyta permitirá, pues, refinar crudos y combustóleos pesados, a fin de elaborar mayores volúmenes de productos ligeros (o sea, con bajo contenido de azufre), como gasolinas sin plomo (Pemex Magna y Premium), diesel y turbosina de alta calidad ecológica, y así satisfacer la creciente demanda de estos combustibles en el noreste de México (con todo esto la producción de la refinería está ahora más acorde con las normas ambientales en vigor, sobre todo en cuanto al contenido de azufre en los combustibles). En estos procesos también se obtiene coque del petróleo, que Pemex Refinación venderá a Cemex para su uso como combustible en la generación de energía eléctrica.

- No obstante, hay problemas. Casi todas las unidades del proyecto debieron entrar en operación el 31 de julio pasado, pero en varias de ellas se observaron retrasos muy notorios.

- La dilación de todo el conjunto se debe, en parte, a que las unidades son interdependientes y por lo tanto la secuencia lógica de arranque se ve obstaculizada. Los atrasos también son atribuibles a la falta de pruebas de desempeño obligatorias en casi todas las unidades, y a errores en la instalación del aislamiento térmico, cuyo espesor y densidad son menores a lo requerido, y de válvulas cuyo uso no está aprobado. Por si fuera poco, también hay problemas en el abasto de energía eléctrica.

- Solucionar estos contratiempos permitirá que el proyecto eleve el procesamiento de petróleo crudo en 81,000 barriles diarios, la producción de gasolinas en 58,000 y la de diesel en 29,000 barriles, mientras que la elaboración de combustóleo disminuiría en 27,000 barriles.

- Cadereyta también incluye la construcción de un oleoducto de 1,051 kilómetros en el trayecto Nuevo Teapa-Poza Rica-Madero-Cadereyta para traer crudo Maya desde el sureste de México —obra aún inconclusa que ha sufrido diversos problemas—, así como un nuevo poliducto Cadereyta-Matamoros, de 254 kilómetros, y el acondicionamiento del poliducto Cadereyta-Linares-Madero para ampliar y mejorar la capacidad de distribución de combustibles en el noreste del país.

- Cadereyta es sólo el primero de seis proyectos para reconfigurar y modernizar las grandes refinerías de Pemex. También en marcha, con 25% de avance, está el Proyecto Madero, que realiza el consorcio Pemopro (SK-Siemens). Otra compañía coreana, Samsung, ganó las licitaciones para reconfigurar las refinerías de Salamanca y Tula, obras que apenas comienzan y cuyo alcance es muy inferior a las de Cadereyta y Madero. Para el próximo sexenio queda la tarea de modernizar las dos grandes refinerías del sureste, las de Minatitlán y Salina Cruz.

- Un paquetazo
"Este es el proyecto más importante de refinación en esta administración —dice Jaime Mario Willars, director general de Pemex-Refinación—; fue concebido como un proyecto integral, porque no tenía sentido obtener recursos para unas cosas y no para otras. Incluye muchas plantas, ductos y terminales, por lo que fue necesario ir avanzando en forma coordinada en todos los frentes. En ese sentido, ha cumplido con los objetivos planteados".

- Agrega que la forma que propusieron las autoridades para avanzar fueron los Pidiregas: "Eso tuvo sus pros y contras, implicó restricciones y era la primera vez que Pemex hacía un proyecto con inversión pública financiada." Lo importante, enfatiza Willars, era destrabar la falta de canalización de recursos hacia el área de refinación.

- Willars recuerda que si bien el Proyecto Cadereyta estaba en el plan de negocios de Pemex en 1995 para empezar a operar en 1998, tuvo que esperar hasta el 2000. "Tardó dos años todo el proceso de encontrar cuál era la fórmula financiera para ir adelante", dice. De hecho, fracasó un primer intento de licitación, y en el segundo hubo sólo dos postores. Después se modificó el esquema Pidiregas para las licitaciones de Madero, Tula y Salamanca, a fin de ampliar el número de empresas que podía concursar.

- El proyecto ha sido un reto técnico, administrativo, financiero e incluso normativo. Lo que sigue es generar rápidamente rentabilidad: "Debemos pagar el financiamiento con las utilidades. En los proyectos de refinación, la rentabilidad no es muy alta, pero sí atractiva", dice Willars.

- Advierte, empero, sobre la urgencia de empezar la modernización de las refinerías de Minatitlán y Salina Cruz desde el principio del próximo sexenio, además de que se necesita otra refinería totalmente nueva en el sureste.

- Fantasmas malinchistas
"La primera contribución que hicimos al Proyecto Cadereyta fue la de permitir que fuera una realidad", señalan Clive Welland y Klaus Dorner, vicepresidentes de Conproca por parte de SK y Siemens, respectivamente. ¿Exageran? No tanto, pues si Conproca no hubiera participado en el concurso, éste habría fracasado por segunda vez debido a que la oferta del otro consorcio no habría sido aceptada por el cliente Pemex.

- "Nos tomó seis meses de trabajo arduo concretar el financiamiento —recuerda Welland—, lo cual resultó más difícil por la crisis asiática; sin embargo, con la ayuda de Bankers Trust lo conseguimos sobre una base aceptable. De hecho, empezamos con la obra aun antes de obtener el financiamiento; los tiempos para realizarla eran muy justos".

- Agrega que la refinería ya está lista para arrancar. El problema principal han sido los ductos, cuya instalación es una tarea "que intimidaría a cualquiera": son más de 1,300 kilómetros los que atraviesan, por lo que fue necesario negociar con 4,000 propietarios de los terrenos comprometidos. En la "operación ducto" hubo varios subcontratistas —como Tecana y Lipsa— además de Tribasa. "Prevemos que el ducto estará listo en febrero o marzo de 2001", asegura Welland.

- Él mismo toca un tema incómodo: admite que hay empresas con resentimiento porque el Proyecto Cadereyta fue realizado por un consorcio extranjero, con poco contenido de ingeniería mexicana. "Hay la percepción de que les quitamos el trabajo a los mexicanos. Sin embargo, hemos subcontratado el proyecto a empresas mexicanas y llegamos a tener una fuerza laboral que superó 12,000 trabajadores… la gran mayoría mexicanos".

- Considera que las compañías constructoras locales no habrían podido operar solas en un proyecto tan grande. Su inestabilidad financiera les impedía obtener financiamientos por más de $1,000 millones de dólares. "Lo sensato era que Pemex solicitara ofertas internacionales", dice.

- Dorner, por su lado, matiza: "Éste ha sido un verdadero proyecto global. El otro día contamos 400 ex patriados de 40 nacionalidades. Es un proyecto típico para el que se requieren diferentes empresas, con diferentes capacidades. Además, las relaciones con Pemex han sido muy buenas y nos hemos unido como un solo equipo".

- En el momento de mayor actividad, SK tenía 400 trabajadores en México. Mientras que esta firma coreana se dedicó a los aspectos de construcción e ingeniería, Siemens aportó la automatización y el equipo eléctrico-electrónico. "Tenemos aquí uno de los sistemas más grandes de automatización en el mundo —asegura Dorner—. Es un solo sistema para toda la refinería. Hemos instalado más de cuatro millones de metros de cable en el proyecto y 90% de ese cable se compró en México."

- Si bien Welland dice que 60% del costo final se gastó en México, el trabajo de diseño se realizó en Seúl y también desde Corea se trajo parte del equipo estacionario, tanques, reactores, columnas y 20 % de la tubería. Rechaza que su compañía haya incurrido en prácticas competitivas desleales. "Somos competitivos en precios, equipos, materiales e ingeniería. Tenemos financiamiento a tasas de mercado. No tenemos apoyos del gobierno de Corea, pero pudimos ir al banco de apoyo a las exportaciones y solicitar un crédito".

- Riesgo es mi nombre
"Las condiciones de trabajo eran muy diferentes de lo que nos habían dicho en un principio", comenta Eduardo Lozano González, gerente de Proyectos de Desarrollo y Construcciones Urbanas (Dycusa), constructora de Reynosa, Tamaulipas. "Hubo peligros y muchas interrupciones. No es normal tener que trabajar en una refinería en plena operación". Como subcontratista de SK, Dycusa tuvo 35 equipos de construcción pesada operando en Cadereyta.

- "Tuvimos que pedir que se prestara más atención a los asuntos de seguridad, porque hay contaminación del subsuelo y ductos subterráneos que no aparecen en los planos. Rompimos un ducto subterráneo de agua por accidente, inundamos toda un área y tuvimos que comprar una bomba para remediarlo. Tuvimos que coordinarnos con Pemex, que estaba operando la refinería. Esto nos restringió y afectó la productividad", explica.

- Agrega que había demasiado trabajo que no estaba considerado en los precios unitarios. Alegaron que no podían continuar así. "O trabajamos con base en gastos reembolsables o mejor nos vamos —advirtió Lozano—. Si nos van a sancionar, preferimos pagar la penalidad ahora, al principio, y no después".

- Por fortuna para las partes, SK y Dycusa llegaron a un buen entendimiento sobre condiciones y precios. La firma mexicana acumuló 13 contratos de obra en Cadereyta —su valor, cerca de $12.5 millones de dólares— por concepto de rehabilitación de plantas, obras de drenaje, la construcción de torres de enfriamiento y un puente. Llegó a tener 950 obreros y 75 empleados en la refinería. "Nos dieron los trabajos más difíciles: entramos donde otras compañías habían salido, sin saber la causa", dice Lozano.

- En el Proyecto Cadereyta participaron 284 empresas mexicanas como contratistas del consorcio, entre ellas Iconsa, Fontanet; Gamma; Pailería Especializada y Equipos; ARB Arendal; Constructora Farías y Galindo; Constructora Aguilar Silva; Commercial Resin; Cerrey; Petrochem Mexicana y Cyemsa.

- Al margen de lo que es el Proyecto Cadereyta, Tribasa construyó la planta coquizadora, el corazón de la refinería puesto que desintegra el crudo pesado y alimenta de insumos a las demás plantas que producen los combustibles ligeros. La coquizadora quedó fuera del proyecto en sí, dado que fue licitada en 1994, o sea, en el sexenio anterior y antes de las demás obras; en aquel entonces fue ganada por la empresa Protexa a un costo de $101 millones de dólares, pero Pemex-Refinación tuvo que rescindirle el contrato en 1995 por incumplimiento.

- Después de un largo período de finiquito, la obra fue readjudicada a Tribasa, empresa que apenas la está terminando. De este modo, el proceso de arranque, tanto de la coquizadora como del resto de las plantas nuevas, deberá iniciar en este mes de octubre.

Newsletter
Ahora ve
29 reos escapan por un túnel de un reclusorio de Tamaulipas
No te pierdas