Café tostado

Los parroquianos supieron lo que tenían en el centro cuando casi lo vieron perdido
MJMV

A las siete de la mañana cayó la noticia: el Café de Tacuba, uno de los más emblemáticos del centro capitalino desde 1912, se había incendiado por una fuga de gas en el camión repartidor.

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- Poco más de dos semanas después, el café servía de nuevo. El fuego había destrozado gran parte del local pero había dejado intacta una sala que a pesar de no tener el encanto de la principal –la más afectada–, pudo operar mientras se realizaba el trabajo de restauración. “Para julio ya estaba todo funcionando de nuevo –recuerda Gabriela Canales de Ballesteros, gerente del café–. Tuvimos que restaurar toda la sala principal que se había calcinado. Fue un trabajo enorme porque quisimos reproducir los cuadros que habíamos perdido”. Sólo la entrada ha sufrido una transformación frente a la anterior. Los gastos, que superaron $1 millón de pesos, fueron solventados por la compañía de gas.

- El incendio lejos de espantar a los clientes, los acercó. “Hubo algo muy bonito y es que se creó una solidaridad impresionante en torno al café. Mucha gente que había dejado de venir al Centro porque le daba flojera, recordó el lugar y empezó a llegar... No puedo decir que el incendio fuera algo positivo, pero sí que recuerdo esos días con mucha emoción por el apoyo que se nos dio”. El paso del fuego por el Café Tacuba, un martes 13 de abril, forma parte de la lista de leyendas que lo acompañan: ventanas desde las que se ven extrañas sombras, o el fantasma de una monja que espanta a los empleados, lo convierten en un lugar encantado.

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