Cajas de ahorro. Solidaridad sin pronaso

El sistema, inspirado en la experiencia de Quebec, permite a pequeños agricultores y empresarios ob
Socorro López Espinosa

Casi 100,000 pequeños productores del país han sido beneficiados con N$76 millones de nuevos pesos, al operar cajas populares de ahorro inspiradas en el modelo de la provincia canadiense de Quebec. Este mecanismo les permite ser fuertes productiva y económicamente, sin necesidad de recurrir a prácticas, a veces insostenibles, de las instituciones bancarias.

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La modalidad financiera cuenta hasta ahora con la asesoría de las cajas de ahorro quebequenses, creadas en 1900 por el pequeño productor Desjardins, precisamente en respuesta a la dificultad que tenían los obreros y campesinos para obtener créditos de producción o para adquirir una casa.

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Estas instituciones otorgan el crédito al individuo y no a la empresa que representa, y tampoco se piden elevadas garantías. Las ventajas son la calidad del préstamo y los beneficios que a la postre pueda obtener el productor como miembro de la caja.

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Bruno Montour, vicepresidente de Desarrollo Estratégico y Financiero de la Confederación de Cajas Populares de Desjardins, de Quebec, establece que las cajas populares de ahorro son la respuesta a prácticas "usureras" de los bancos. "Ahora, igual que hace 95 años, los bancos marginan a los pequeños empresarios y agricultores de toda práctica productiva al negarles un préstamo, o bien los otorgan bajo estrictas condiciones y con tasas de interés demasiado elevadas."

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El movimiento Desjardins cuenta con 1,040 cajas y 4.9 millones de socios, 70% de la población total de la provincia -que suma siete millones de habitantes-, y opera con un capital de $80,000 millones de dólares. En él trabajan 40,000 empleados y 17,000 dirigentes que operan a lo largo y ancho de la provincia.

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Estas instituciones son descentralizadas, autónomas y democráticas: cada miembro representa un voto. Al contar con miembros que aportan el patrimonio de la caja, todos los capitales son reinvertidos conforme se van canalizando los préstamos. Esto les permite ahorrar y apoyar a pequeñas empresas, al agro y en general al desarrollo local y regional.

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Copiar lo bueno. La cooperativa de ahorro y crédito es un movimiento de transformación socio-económica, que ahora ya es una institución con influencia política no sólo en Quebec sino en todo el país, y ha logrado traspasar fronteras para difundir su modelo en otras naciones, principalmente aquellas en vías de desarrollo.

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Así, ha sido fuente de inspiración para movimientos similares en México, Hungría, Polonia y en los países francófonos de África. En otras naciones han logrado evolucionar a instituciones de mutualidad, como en Francia, Alemania y Japón, dado el sistema de organización y capacidad económica de los pequeños y medianos productores y empresarios existente en esos países.

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En el caso de México, los quebequenses tienen la idea, un tanto equivocada, de que Desjardins es la base del Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol), porque en la pasada administración el propio gobierno mexicano así se los hizo saber. Si bien en su origen Pronasol tenía ese objetivo, al final se convirtió en algo muy distinto a una caja popular de ahorro.

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Pero aún así, a nivel nacional se han constituido poco más de 114 cajas "solidarias" de ahorro, en 22 estados de la república, que nada tienen que ver con Pronasol. En ellas participan más de 86,000 personas que han logrado acumular un patrimonio cercano a N$80 millones de nuevos pesos.

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Casi en su totalidad, estas cajas están constituidas por productores agrícolas y ubicadas en municipios de estados con elevado índice de marginalidad, donde los productores tienen poco o nulo acceso a los bancos. Entre ellas se cuentan, entre otras, las de Oaxaca, Puebla, Tlaxcala, Campeche, Chiapas, Hidalgo, Nayarit, Querétaro, Veracruz, San Luis Potosí, Colima, Guanajuato, Michoacán, estado de México, Jalisco, Aguascalientes y Guerrero.

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A decir de Montour, a través de la Secretaría de Desarrollo Social, el gobierno mexicano ha invertido dinero para el funcionamiento de las cajas, de tal manera que los préstamos se canalizan a los agricultores y a los artesanos de manera autónoma. El sistema les permite contar con recursos bajo condiciones accesibles y ahorrar; por lo que una proporción de los ingresos es distribuida entre los propios miembros.

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El directivo del movimiento Desjardins confía en que las cajas de ahorro en México se desarrollen y consoliden, ya que será la forma, dice, en que los pequeños agricultores y empresarios puedan mantenerse unidos y logren una autonomía financiera en beneficio de sus propias comunidades.

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