Calentando la banca

Fomentar y proteger la inversión extranjera directa no es una opción para México, es una necesida
Adina Chelminsky

En la cancha de la inversión extranjera directa (IED) México ha sido un jugador muy importante. Gracias al dinero internacional se consolidó el crecimiento de nuestro país en la década de los años 90 y se logró contener el efecto de la recesión que nos azotó en los últimos tiempos.

- Aun en los recientes años de “vacas flacas”, en los que el flujo mundial de inversiones cayó en casi 75%, nuestro país continuaba conservando cierto atractivo en este campo de juego.

- Irónicamente, ahora que empiezan los años de “vacas gordas”, con excelentes expectativas para el crecimiento de la IED en el mundo, México está perdiendo el control del balón. En un pasado, no tan lejano,  éramos uno de los destinos más atractivos para los capitales productivos extranjeros; hoy estamos siendo opacados, cada vez más, por las economías asiáticas y eurorientales.

- De delanteros goleadores, estamos pasando a ser defensas centrales y, quizá, incluso lleguemos a quedarnos en la banca.

- Juego decisivo
Para países como México la IED es fundamental no sólo por los pesos y centavos que genera, que serían imposibles de lograr con el capital y crédito disponibles en el país, sino porque además tiene importantes efectos secundarios: refuerza el comercio internacional, favorece el contagio tecnológico, la creación de capital humano y promueve la eficiencia del país en su conjunto.

- Pero los inversionistas internacionales no son ciegos, exigen condiciones muy claras para invertir su dinero en la planta productiva de cualquier país, y nosotros cada día nos estamos rezagando un poco más: la confianza en el estado de derecho está completamente corroída; la legislación aplicable a los negocios es burocrática y complicada; la transparencia en trámites todavía no brilla y nuestra infraestructura es vieja y cada vez más obsoleta, lo que encarece los costos de los insumos más básicos. Aun el campo de “estabilidad política” que,  junto a la “certeza macro”, había sido parte vital del atractivo de México en tiempos pasados, se nos empieza a cuestionar.

- La parálisis política que vivimos está generando un terrible círculo vicioso: se atrae IED muy por debajo de nuestro potencial, por lo que se genera un ambiente menos propicio para las inversiones, se encarece el capital y se atrae menos inversión, entre otras cosas.

- Fomentar y proteger la IED no es una opción para México, es una necesidad, una pieza fundamental para lograr un desarrollo sustentable. Es precisamente por “nacionalismo” que se debe crear el ambiente propicio para maximizar su potencial. Después de todo, los aficionados que de verdad aman a su equipo lo quieren ver corriendo en la cancha y no sólo calentando los músculos fuera de ella.

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Comentarios: adina@prodigy.net.mx.

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