Calzado Canadá. Las piedras en el zapat

El futuro de la que fuera la compañía zapatera más importante de América Latina depende de un cr
Guadalupe Rico Tavera

Si Salvador López Chávez pudiera ver la crítica situación por la que actualmente atraviesa Calzado Canadá, el consejo que le daría a quienes ahora administran la empresa que fundó hace 56 años seguramente sería: “No perdamos el tiempo celebrando aciertos o lamentando tropiezos; hay que seguir trabajando”. Precisamente eso, trabajar y buscar por todos los medios salvar el consorcio zapatero que les legó su padre, es lo que están haciendo los herederos de don Salvador.

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Vaya reto el que tienen: rescatar a una compañía cuya producción y ventas se han desplomado estrepitosamente, que ha reducido sus jornadas por falta de capital de trabajo, que enfrenta serios conflictos laborales y que, para colmo de males, carga a cuestas una pesada deuda financiera. No se trata de una tarea sencilla.

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¿Cómo es posible que la que por décadas fuera líder indiscutible de la industria nacional del calzado y uno de los imperios zapateros más poderosos del mundo haya caído en tal desgracia?

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Según Tomás López Rocha, director general del Consorcio Canadá, la crisis que enfrenta la empresa tapatía “es igual a la de muchas otras”. Sin embargo, reconoce que aquí se conjugaron dos factores que empeoraron su situación: por un lado, la importación masiva de productos que vinieron a competir “deslealmente” contra los fabricantes nacionales, y por el otro, las malas maniobras de la anterior administración de Fábricas de Calzado Canadá.

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De la oleada de importaciones, los dueños de Calzado Canadá no tuvieron culpa alguna; pero la cosa es distinta cuando se trata de haberle soltado las riendas del negocio a Javier Rancaño Torres, “persona sin experiencia” en el ramo zapatero. “Nuestro afán era profesionalizar la administración, pero no resultó —confiesa López Rocha—. Al contrario, trajo una serie de situaciones que agravaron el estado de la empresa.”

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Para enmendar el error, el clan que encabeza Sandra López Benavides —la mayor de nueve hermanos— decidió a principios de 1995 retomar el control de las operaciones del negocio familiar, y encomendar a López Rocha la difícil misión de su rescate.

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A partir de entonces, la organización ha vivido lo que él califica como una “revolución interna”, pues los cambios se han dado en todos los frentes. Pese a estos esfuerzos, el otrora gigante zapatero francamente no ha sido capaz de volver a levantarse con el pie derecho. A fines de junio pasado, cuando se realizó esta entrevista, el directivo admitió que si no conseguían “lo más pronto posible” un crédito para capital de trabajo, de entre $50 y $70 millones de pesos, “la empresa correría el peligro de colapsarse”.

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Pero, aparte de esa inyección de capital fresco, agregó,“también dependemos de reestructurar nuestros pasivos ($450 millones de pesos) y que éstos caminen en los plazos en donde la empresa los pueda cubrir”.

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Trago amargo
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Quien haya conocido años atrás el Jardín Industrial Canadá —la planta que don Salvador levantó a principios de los 70— hoy se sorprendería al verlo semivacío. El contraste es notorio: en sus buenos tiempos llegó albergar a 9,000 empleados; hoy, ahí sólo trabajan 4,000 personas y, por si fuera poco, en jornadas reducidas.

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Para López Rocha, los recortes de personal —1,100 empleados durante 1995 y en lo que va de 1996— han sido un ajuste doloroso pero necesario. “La empresa había crecido exageradamente y había que limpiar aquellas actividades en las que estábamos sobrados”, justifica.

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Otra medida que tomó la dirección fue convenir con el sindicato un nuevo contrato colectivo de trabajo, más acorde con las condiciones actuales de la compañía y que le permitiera ser una empresa más competitiva, puesto que, con el anterior acuerdo, se había caído en excesos. “Con el afán de pagar al obrero un poco más que nuestros competidores, con los años se fue creando un costo adicional en la mano de obra, lo cual hizo que muchos de nuestros productos se salieran de competencia.”

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Como sea, aquellas decisiones se revirtieron en contra de una firma que presumía de no haber tenido ningún problema laboral durante más de 50 años. Pero ahora los tiene, y en serio. A la fecha hay cinco juicios interpuestos en su contra por más de 350 ex empleados, quienes aseguran haber sido despedidos en condiciones injustas.

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En las páginas de la prensa local ha corrido mucha tinta para abundar sobre las demandas que enfrenta Calzado Canadá. Y aunque han circulado versiones que la dejan muy mal parada, López Rocha se defiende: “Lo que pasa es que, después de haber laborado por tantos años en una empresa con tantas prestaciones y beneficios, la gente se formó expectativas mayores para su liquidación, pero que no iban de la mano con la realidad económica de la empresa. Siempre mantuvimos abiertas las brechas de negociación para llegar a un acuerdo que conviniera a las dos partes, pero la gente se dejó llevar por liderazgos oportunistas y mal encaminados”.

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Mientras siguen su curso legal esos conflictos —a los que incluso se les ha atribuido un cariz político—, el directivo no descarta que puedan darse más despidos de personal. “Nuestra voluntad es no hacer más recortes en el área de manufactura; pero es posible que en el área administrativa haya departamentos en los que habrá algún ajuste.”

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Retomar el paso
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Aunque en la actualidad el Jardín Industrial Canadá sólo manufactura alrededor de 3,000 pares diarios —la planta fue diseñada para fabricar hasta 65,000 pares al día—, López Rocha confía que, poco a poco, se irá recuperando la producción para llegar, en el corto plazo, a una cuota diaria de entre 14,000 y 16,000 pares. La gran interrogante es cómo hacer para cumplir con la tan anhelada recuperación. Aquí son varias las estrategias a seguir.

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La primera, explica el industrial, es olvidarse de querer fabricar todo tipo de calzado y especializar las líneas de producción únicamente en aquellos productos en los que son más competitivos; esto es, zapato masculino, tanto para caballero como para niño; el calzado de dama tendrán que comprarlo a otros fabricantes, lo cual ya está previsto a través de algunas alianzas comerciales que han establecido con proveedores locales.

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Una vez especializadas las líneas —que trabajarán como fábricas independientes una de otra—, y tras de haber cambiado 100% de los modelajes, el paso siguiente es ligar su crecimiento a una “meta específica”. Esta puede ser un pedido de gran volumen o de largo plazo, o bien un proyecto de exportación.

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López Rocha considera que las ventas externas pueden impulsar de nuevo la manufactura, toda vez que las fábricas tienen capacidad para realizar una alta producción en muy poco tiempo. Todo el chiste está, claro, en que se den los pedidos. “Nuestras exportaciones —dice el directivo— podrían representar de manera inmediata 10% de nuestra producción (actualmente no llegan ni a 2%), aunque mi meta final sería tener una mezcla de 50 y 50% entre mercado nacional y mercado externo.”

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Más adelante, “si todo resulta bien”, el empresario vislumbra incluso la apertura de nuevas fábricas. El modelo a seguir, entonces, sería su planta de Lagos de Moreno, en la que tienen buenos resultados.

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Sueños compartidos
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En medio de este panorama sombrío, quizá lo más sorprendente es que otros industriales del sector comparten con López Rocha la confianza en que el consorcio superará el mal momento y volverá por sus fueros.

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“Es un error muy grande pensar que el caso de Calzado Canadá está totalmente perdido”, dice Benjamín Fuentes Talavera, presidente de la Cámara de la Industria del Calzado del Estado de Jalisco. “Personalmente, veo que tiene muchas posibilidades de desarrollo y de un resurgimiento fortalecido. Todo dependerá, desde luego, de las medidas y decisiones que tomen quienes tienen el mando de la empresa”, añade.

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Carlos Moyano Menchaca, director general del Grupo Moymen, tampoco duda que el gigante saldrá adelante y volverá a caminar con paso firme: “Es cuestión de tiempo, de volver a poner a punto a la empresa”.

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Al parejo, ambos opinan que la firma zapatera tiene una gran fortaleza en su extensa red comercial, formada por 206 tiendas propias y más de 500 concesionarios.

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Cierto, admite López Rocha, “nada más que la vamos a explotar mucho mejor”. Detalla cómo: -“Aparte de enfocar más nuestras baterías al mercado de dama en todas sus categorías, pues anteriormente la mayoría de las ventas eran de calzado de caballero, de niño y deportivo, vamos a reformar la imagen de las tiendas, a ofrecer en ellas nuevas líneas, un surtido muy diverso al mejor precio y con una calidad mayor. Todo, atacando al mercado mexicano joven que se está acercando mucho a la moda”.

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Por otra parte, la firma zapatera del país que ha colocado en la memoria de la gente el nombre de muchas de sus líneas de calzado —¿quién no recuerda los -Bostonianos, los Exorcista o los Perestroika?— aún conserva una marca que sigue siendo la número uno de México. “Ahora el reto será que esa misma recordación que se tiene de nuestra marca entre la gente de cierta edad, la tenga la juventud”, señala el director general.

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No obstante todo lo anterior, López Rocha reconoce que el futuro de la compañía dependerá de conseguir recursos frescos para seguir trabajando. “Si hay capital de trabajo, hay empresa para muchos años. Ahí está la clave.”

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La moneda, pues, sigue en el aire.

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