Cambio de piel

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Andrés Piedragil Gálvez

Hace 20 años, la historia de portada de la edición número 386 de Expansión (marzo 14 de 1984) narraba el ascenso de una nueva clase de líderes políticos: los tecnócratas, hombres jóvenes especializados en materias económicas y financieras y, sobre todo, poco interesados en adoptar las maneras de la tradicional familia priísta. “La burocracia mexicana está siendo desplazada por personajes que han desempeñado funciones técnicas en centros de decisión financiera o grandes empresas transnacionales”, apuntaba una de las fuentes consultadas.

- En el gabinete de Miguel de la Madrid (que incluía a Carlos Salinas de Gortari) se empezaba a notar la presencia de estos nuevos actores políticos: 17 miembros del equipo presidencial contaban con estudios de posgrado; seis integrantes habían construido su trayectoria en el Banco de México y nueve en la Secretaría de Hacienda.

- Frente a los tradicionales políticos nacionales (autoritarios, populistas e improvisados), los tecnócratas parecían una alternativa confiable para el desarrollo del país. Pero había voces que recelaban de esta nueva generación.

- “Los gobernantes actuales son cada vez más gerentes y menos políticos”, criticaba el columnista Manuel Buendía (quien dos meses más tarde, el 30 de mayo de 1984, sería asesinado).

- Dos décadas han pasado y es un hecho que los tecnócratas ejercen una influencia importante en el país. Irónicamente, el político actual al que se le atribuyen más posibilidades de llegar a Los Pinos, Andrés Manuel López Obrador, sería un buen ejemplo de la antitecnocracia.

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