Cambio de rostro

Sin desdeñar la tradicional vocación turística de la capital oaxaqueña, autoridades y sociedad b
Marco Núñez

A Oaxaca la crisis postsalinista le hizo lo que el viento a Juárez. Pero no fue un milagro. La inauguración de la autopista que conecta esta ciudad con el Distrito Federal, en noviembre de 1994, reanimó el turismo y marcó el inicio de una paulatina pero consistente transformación.

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“Lejos quedaron aquellos días en los que, como Cenicienta, antes de la medianoche la gente desaparecía de las calles y cerraban bares y restaurantes”, asegura Eduardo García Moreno, presidente de la Coparmex en la entidad. Hoy la ciudad ofrece una bohemia vida nocturna para todos los gustos y presupuestos, que aun en temporada baja continúa hasta altas horas de la madrugada.

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Con una fuerte dedicación a las actividades comercial y de servicios, de las que dependen 21.7% y 33.8% de los habitantes, respectivamente, los oaxaqueños supieron adaptarse a las necesidades de un mayor y más variado flujo de visitantes –en buena medida procedentes de los estados de México, Puebla, Tlaxcala, Morelos y el Distrito Federal–. En los alrededores del recién remozado ex convento de Santo Domingo y el corredor turístico, las tiendas de ropa y de artesanía, las galerías de arte, los restaurantes y cafeterías, entre otros negocios, empujan la vida económica de la zona.

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En la periferia, hacia el sur, la nueva Plaza del Valle parece un mall estadounidense, con salas de cine (Multicinemas), tiendas de autoservicio y departamentales (Gigante, Sears) y otros comercios menores. Enfrente, el Hotel Fiesta Americana, el Sam’s Club y varios distribuidores de automóviles completan el cuadro de la modernización.

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La estructura empresarial está constituida en su mayoría (98%) por micro empresas, cuyo principal obstáculo para su consolidación es la falta de financiamiento. “La dificultad con que fluyen los créditos es un verdadero impedimento para que las compañías crezcan y prosperen”, acusa Jaime Zorrilla, presidente de la Canaco en el estado.

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La mayoría de los hoteles en la capital oaxaqueña pertenecen a inversionistas nacionales; los hay para todos los presupuestos y algunos alcanzan la categoría de cinco estrellas, no más. No obstante, comienza a evidenciarse la falta de hoteles y habitaciones que satisfagan una nueva e incipiente demanda: la del turismo de negocios. “La infraestructura hotelera debe crecer; cuando se realizan eventos empresariales, tenemos que ocupar varios [hoteles] y muy pocos cuentan con los servicios que requieren los ejecutivos”, apunta García Moreno.

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Los gobiernos municipal, estatal y federal coordinan esfuerzos para atraer inversiones a la ciudad y realizan promociones en México y el extranjero para convencer a los empresarios de que Oaxaca es una excelente opción de negocios. Sin embargo, los inversionistas llegan a cuenta gotas.

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El arte de la rentabilidad
Durante años, comunidades enteras de oaxaqueños han sobrevivido gracias a sus creaciones artesanales, mundialmente admiradas pero muy mal retribuidas en términos económicos. Algunos programas gubernamentales pretenden incrementar el valor de esta actividad y hacerla rentable, por ejemplo, aportando diseños innovadores, asesoría para colocar productos en el extranjero o tecnologías que permitan producir con arreglo a normas de exportación.

-Existe, por ejemplo, un programa donde participa un técnico japonés que capacita a los alfareros para eliminar el contenido de metales tóxicos en sus artesanías. “Gracias a los resultados obtenidos, las exportaciones hacia Japón y Estados Unidos se incrementaron, pues una limitante era que los artículos excedían la norma en cuanto a su nivel de plomo”, explica Juan Bueno Torio, subsecretario para la Pequeña y Mediana Empresa.

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Aripo (Artesanías e Industrias Populares del Estado de Oaxaca) es otro ejemplo de este esfuerzo oficial. Constituido como un organismo público descentralizado, comercializa productos elaborados por oaxaqueños de distintas comunidades a través de una red de tiendas localizadas en diversos puntos de la entidad, Carlos Barreto, coordinador de Comunicación Social en la Secretaría de Desarrollo Industrial y Comercial del gobierno oaxaqueño, apunta que si bien la institución nació con un objetivo primordialmente social, con el paso del tiempo la estructura de comercialización mostró su eficacia y comenzó a ser rentable. En 2001, el órgano compró a los artesanos artículos por un valor de $964,000 pesos y sus ventas fueron por $1’430,000 pesos; si bien las ganancias no son espectaculares, sí representan beneficios para miles de familias que ahora exportan sus productos a países como Francia, Japón y Estados Unidos, reciben capacitación para mejorar la calidad de sus mercancías y tienen mayor presencia en ferias y exposiciones nacionales e internacionales.

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Soledad Quintana, jefa del departamento de Comercialización, apunta que el esquema ya se está extendiendo a otras entidades y próximamente tendrán presencia en Cozumel.

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No obstante, el alcance de los programas es limitado, por lo que cientos de artesanos permanecen en precaria situación y se ven obligados a malbaratar sus obras en las calles de la ciudad.

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Según Barreto, el objetivo del gobierno es generar empleos bien remunerados y beneficiar a comunidades cuya actividad principal es la elaboración de artesanías.

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Tomando a manera de ejemplo la experiencia de países como Portugal, se busca hacer de una actividad tradicional un negocio rentable para los artesanos y sus familias.

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Manos maestras
Los representantes del gobierno y el empresariado estatal quieren aprovechar en la industria la maestría de las manos oaxaqueñas. Buscan atraer inversiones en manufactura ligera (plantas de confección, textiles, ensamble de autopartes y arneses automotrices) y “generar un ambiente de empresa diferente; pasar de un entorno tradicionalmente artesanal a uno de organización industrial”, dice el subsecretario para la Pequeña y Mediana Empresa.

-Por lo pronto, ya hay planes: una importante proveedora del sector automotriz nacional estudia el potencial de los artesanos en la fabricación de moldes para plásticos y, entre los empresarios, se comenta el interés de ciertos inversionistas que desean instalar una fábrica de maquinaria de relojes.

-La calidad de la mano de obra oaxaqueña es una de las múltiples ventajas competitivas que ofrece la ciudad a los inversionistas. Jaime Zorrilla, de Canaco, y Eduardo García, de Coparmex, también destacan la ubicación “estratégica” de la capital, la seguridad jurídica y pública, las facilidades para instalar empresas y la creciente demanda de servicios y productos locales.

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También en el sur hace aire
En 1997 el gobierno del estado inauguró el parque industrial y maquilador Oaxaca 2000, en Magdalena Apasco, en el vecino municipio de Etla, a 20 minutos de la ciudad. El sitio cuenta con los servicios e infraestructura necesarios para albergar a compañías de perfiles productivos diversos, pero actualmente sólo se ocupa 35% de su capacidad instalada.

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Según Guillermo Vera, director de Planeación y Fomento en el Fideicomiso de Desarrollo Logístico de Oaxaca, la crisis por la que atraviesa la industria nacional y la percepción equivocada de los inversionistas en cuanto a que la entidad es netamente turística o agroindustrial han frenado el despegue del parque.

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A quienes se instalan en el lugar, el gobierno les ofrece incentivos fiscales, seguridad jurídica sobre la tenencia de la tierra, precios bajos –y negociables– por metro cuadrado y becas de capacitación para los trabajadores. En 2001 se ubicaron cuatro nuevas plantas y por el momento operan, entre otras, Private Label de Tehuacán, Corporación Mexicana de Plásticos, Blue Jeans y Penlab.

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Guadalupe Muso, gerente de la planta de Mexicana de Plásticos, reconoce las facilidades que ha otorgado el gobierno estatal, pero lamenta algunos inconvenientes que poco a poco han logrado resolver (como los cobros de larga distancia por las llamadas que hacían a la ciudad de Oaxaca, situación que impactaba considerablemente en sus gastos).

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Más allá de las particularidades a las que cada firma se enfrenta, la recesión económica y la fortaleza del peso –que ha encarecido sus productos en los mercados internacionales– colocan a más de una compañía en una situación financiera incierta; de hecho, hace algunos meses la fábrica de ropa de mezclilla León de Oro, instalada en el lugar, cerró operaciones.

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Bajo un difícil contexto para la industria maquiladora en todo México, los oaxaqueños luchan contracorriente por atraer inversiones a la capital que impulsen el crecimiento económico del Valle de Oaxaca en sectores diferentes al turismo.

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Por los caminos del sur
“Deseamos ser un polo de desarrollo para el sureste mexicano, competir abiertamente con el puerto de Veracruz como exportador directo a otros continentes”, expresa Guillermo Vera, del Fideicomiso de Desarrollo Logístico de Oaxaca. Para lograrlo no basta –juzgan los representantes empresariales– el trabajo de promoción de las autoridades ni la disposición y el talento de los oaxaqueños. Es necesaria una infraestructura carretera eficiente y segura que comunique en menor tiempo a la capital del estado con  Salina Cruz, Huatulco –uno de los principales atractivos turísticos del estado– y, en general, con la costa e istmo oaxaqueños. Salina Cruz también requiere una potente inyección de capital con el fin de poder operar como un punto de impulso a las exportaciones, el problema es que, como la mayoría de los estados, Oaxaca tiene un presupuesto muy limitado.

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El apoyo del gobierno federal debe ser inmediato, pues la entidad tiene un rezago de 30 años en materia de infraestructura, reclama el líder local del centro empresarial local (parte de Coparmex). “La política de participación estatal de impuestos debe cambiar, el gobierno federal tiene que entender que no son equiparables las necesidades de Oaxaca con las de Monterrey, no partimos de la misma base; administraciones anteriores se encargaron de eso”, apunta.

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Además de las limitaciones en cuanto a vías de comunicación e infraestructura hidráulica (“los valles –opina Zorrilla– podrían aprovecharse para actividades agropecuarias de primer orden”), el estado tiene que lidiar con los altos índices de marginación, pobreza, emigración (principalmente hacia Estados Unidos) y un bajo nivel de escolaridad.

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Si bien la capital de Oaxaca presenta hoy un nuevo rostro de pujanza y desarrollo, el círculo virtuoso no está concluido y sólo toca a unos cuantos. Ampliar la brecha entre la marginación y la modernidad no es conveniente para nadie. Oaxaca debe seguir trabajando por completar el círculo.

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