Campo de batalla

Incertidumbre y desconfianza son variables decisivas en el futuro económico de Estados Unidos. El g
Mónica Mendoza, Roberto Aguilar y Raúl Cervantes

Al director de Análisis Global de Merrill Lynch, una de las compañías financieras más importantes del mundo, le cuesta trabajo reconocer que el impulso que Estados Unidos necesita para cambiar el rumbo de su economía surja a raíz de los ataques terroristas del 11 de septiembre. "Resulta triste afirmar que ahora [la Unión Americana] recibirá ese estímulo en forma de una mayor relajación monetaria, posibles recortes de impuestos, sumas importantes de dinero para la reconstrucción y sustento de nuestras fuerzas armadas", explica Andrew Melnick.

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Durante los últimos 12 meses la actividad económica había mostrado evidentes signos de debilidad que eran compensados con el consumo de los estadounidenses. Los especialistas se enfrascaron en una discusión al tratar de calificar como recesión –dos trimestres consecutivos sin crecimiento–, la situación que prevalecía. Los atentados homologaron el pensamiento de muchos de ellos. Ahora coinciden en que la baja económica y las desfavorables perspectivas se aceleraron a partir del martes negro. Las agresiones "fueron el detonador que precipitó la crisis", reconoce la calificadora Standard and Poor’s (S&P), pero esta moneda tiene dos caras.

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El paquete de emergencia que promueve el presidente George W. Bush y las medidas de política monetaria podrían acelerar la recuperación. La mayor inercia provocaría un fuerte rebote en el crecimiento del próximo año, específicamente a partir del segundo trimestre. Bruce Steinberg, analista de Merrill Lynch, estima que la economía se incrementará más de 3% en 2002, con tres meses iniciales débiles pero una fuerte recuperación a partir del segundo semestre, que permitirá alcanzar una tasa superior a 4.5%. "En primer lugar, el gasto público se acentuará de forma importante y la Reserva Federal seguirá relajando agresivamente la política monetaria. Segundo: el ciclo de los inventarios se revertirá al empezar el año. En tercer lugar, el gasto del consumidor repuntará en la segunda mitad de 2002", asegura el experto.

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Mucho paquete

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La primera medida que adoptó Estados Unidos fue otorgar un paquete de emergencia, que incluyó apoyo financiero a las vapuleadas líneas áreas. El monto sumó $55,000 millones de dólares y se negocia otro hasta por $75,000 millones de dólares adicionales. El nuevo plan de estímulos económicos contempla recortes impositivos para empresas y consumidores. El presidente Bush asegura que los fundamentos para la recuperación económica están dados y lo que se necesita son menores impuestos con el fin de impulsar el gasto del consumidor y la inversión de las compañías.

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La Reserva Federal (Fed), a cargo de Alan Greenspan, también ha contribuido a detener la debacle mediante el relajamiento de su política monetaria, que se refleja en el descenso de las tasas de interés de corto plazo a su nivel más bajo en los últimos 40 años. El organismo dice estar dispuesto a seguir aminorando los réditos, aunque respecto a la ayuda de emergencia su titular recomienda no presionar el financiamiento a largo plazo.

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Paulo O’Neill, secretario del Tesoro, afirma que el paquete debería ser más o menos igual a 1% del Producto Interno Bruto (PIB) con la idea de evitar un incremento en las tasas de interés. Mientras tanto, la principal variable es el consumo, que representa dos terceras partes del PIB, y cuyo comportamiento se monitorea mediante el índice de confianza que mide la percepción de los consumidores sobre el entorno económico. Los ataques terroristas mermaron la seguridad de hombres de negocio y compradores en general. "La severidad de esta contracción, además del ritmo con el que la economía retorne a una tasa saludable de crecimiento, dependerá en gran parte de la rapidez con que los consumidores recobren la confianza", asevera el funcionario.

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En sus marcas…

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El panorama para los inversionistas se complica porque aún no se determina la profundidad de los daños y la reacción del gobierno estadounidense. La volatilidad seguirá presente hasta contar con mayores elementos que sustenten las decisiones. David Bowers, de Merrill Lynch, presume que, en caso de guerra, la economía en el vecino país del norte seguiría un patrón muy semejante al visto inmediatamente después del 11 de septiembre. "El sentimiento que definiría el desempeño de los sectores ya está presente en los mercados."

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En su opinión, junto con las líneas aéreas, los negocios relacionados con viajes, entretenimiento y diversiones en general serán afectados y, dependiendo del desarrollo de los acontecimientos, este retroceso podría durar varios meses. Agrega que como resultado del sitio donde se lleven a cabo las acciones militares, también se verían afectadas temporalmente las firmas productoras de ciertas materias primas. "En cambio, los servicios financieros pueden ser un sector sólido si llegara una guerra."

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El mercado de valores sólo repuntará de manera estable cuando mejoren las expectativas de utilidades de las empresas; es decir, hasta que la economía encuentre una reactivación sostenida, opina Joe Liro, de Stone and McCarthy. "El mercado no ha cobrado un impulso con la reducción de las tasas de interés y, para sus participantes, la política fiscal tampoco significa un apoyo, al menos por ahora."

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La necesidad de noticias positivas a veces hace perder de vista a los inversionistas el hecho de que el buen desempeño corporativo va de la mano del crecimiento. Con el tiempo, la política fiscal y monetaria darán un gran impulso a la economía y a las utilidades de las firmas. "Mientras el mercado no pueda determinar con exactitud los impactos, se concentrarán en el panorama de utilidades a corto plazo", expresa Liro.

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Christine Callies, de Merrill Lynch, agrega que los hombres de negocio mantendrán sin cambios profundos sus carteras para concentrarse en 2002. Mientras tanto, la sugerencia de la firma que representa es mantener una estrategia defensiva, dando prioridad a las acciones más líquidas y a compañías relacionadas con la construcción pesada y electrónica especializada en sistemas de defensa.

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