Caribe tecnológico

La industria tecnológica encontró una sede rentable en Centroamérica. Pero no todo es color de ro
Ángel González/San José Costa Rica

Los costarricenses –especialmente aquellos que trabajan en la industria electrónica– llaman a la capital del país San José South. El nombre se utiliza para diferenciar a la población del otro San José, el que se ubica en el estado norteamericano de California y que representa el corazón mismo de Silicon Valley. Y es que alrededor de San José de Costa Rica, como ocurre en la homónima localidad estadounidense, se concentra un número cada vez mayor de empresas de alta tecnología. Ahí terminan las similitudes. Sin embargo, Costa Rica es uno de los países latinoamericanos que mejor se ha integrado a la revolución informática. Su producto interno bruto (PIB) ya refleja los beneficios de la producción relacionada al ámbito tecnológico. Por supuesto, el pasaporte hacia la economía digital no es gratuito. El gobierno de Costa Rica todavía tiene que enfrentar y resolver distintos retos. No obstante, los costarricenses confían en que pronto se superará la condición –impuesta por los prejuicios de las naciones más desarrolladas– de "república bananera".

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Una nación Pentium Inside

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Cerca del poblado de San Antonio de Belén, a unos 15 kilómetros de San José, se encuentra una instalación que parece extraída de un episodio de los Expedientes secretos x. Entre los cafetales, en relieve y frente a las colinas que rodean al Valle Central, hay cuatro enormes hangares blancos que están identificados con grandes letras negras –que dicen CR1, CR2, CR3 y CR4–. En cada uno de los edificios, Intel –fabricante de procesadores para PC, computadoras portátiles y servidores– produce un tipo particular de microchip.

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Para fabricar sus productos, el proveedor importa desde los Estados Unidos placas de silicio llenas de circuitos electrónicos –llamadas wafers (galletas)–, las cuales se cortan en 300 o 500 pedazos. A partir de dichos fragmentos, la compañía diseña los microchips.

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Intel eligió a Costa Rica –en lugar de Chile, México o Brasil– para construir esta planta de $500 millones de dólares. El régimen de zonas francas, que exime el pago de impuestos, fue el principal factor que convenció a Intel. En las instalaciones ticas de Intel trabajan 2,400 empleados, la mayoría costarricenses, quienes generan $2,700 millones de dólares (casi toda la producción de la industria electrónica de Costa Rica, que es de $2,900 millones de dólares) y se han convertido en el motor de crecimiento del país. Durante los dos últimos años, la presencia de Intel en la economía local explica la mitad del crecimiento del PIB costarricense. Intel de Costa Rica, para algunos economistas, representa la imagen de "una ballena en una piscina".

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Sin embargo, no todo es bonanza. A causa de distintos factores, la competitividad de la sede podría resultar afectada. Para empezar, el régimen de zonas francas, que exime al proveedor de tecnologías de información (IT, por sus siglas en inglés) del pago de impuestos, será revocado en 2002, de acuerdo con los requerimientos de la Organización Mundial de Comercio (OMC). No obstante, el mayor problema radica en las condiciones de producción. Intel exige un mejor acceso a los servicios de telecomunicación, calidad total en el suministro de electricidad, ampliación de los horarios de aduanas, expansión del aeropuerto y actualización de los planes de estudio de las universidades costarricenses. No piden poco. A pesar de las quejas, el fabricante de procesadores invertirá $30 millones de dólares adicionales, monto que se utilizará para construir chips Pentium 4.

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Costarricenses al rescate

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En un valle de Centroamérica, un equipo poliglota se encarga de resolver los problemas técnicos que padecen los usuarios del resto de Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. Cuando alguien que vive en São Paulo o Austin no puede resolver los problemas de operación de su equipo portátil y marca el número 800 de soporte técnico, no se imagina que su llamada será contestada en Costa Rica.

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En la zona franca conocida como Ultrapark, ubicada en Heredia (capital de la provincia del mismo nombre), 323 costarricenses atienden solicitudes de auxilio que provienen de Norteamérica, Europa y Latinoamérica. Sykes, la compañía estadounidense que opera este centro de llamadas (call-center), provee soporte técnico –de software y hardware– para productos de Microsoft, Toshiba y otros fabricantes IT. Mensualmente, la firma responde más de 100,000 llamadas en inglés, portugués y español, y cerca de 25,000 correos electrónicos en francés, alemán e italiano.

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Sykes no es el único centro internacional de soporte técnico que opera en Costa Rica. Western Union, Roche, Hewlett-Packard y Procter & Gamble también eligieron la nación tica como base para sus centros de llamadas y asistencia al cliente. ¿Qué ventajas ofrece el pequeño país centroamericano? Según Cinde –Coalición Costarricense por la Innovación y el Desarrollo–, la fuerza de trabajo marca la diferencia. El país cuenta con una población joven y educada, que tiene una tasa de ingreso a la universidad de 60%. Además, el gobierno costarricense alienta la inversión tecnológica.

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El actual centro de Sykes fue inaugurado por Acer en 1995. David Anderson, uno de los encargados del proyecto, cuenta en sus memorias que el reto principal era el idioma, problema que se resolvió al reclutar estudiantes de inglés en la Universidad de Costa Rica. Con el tiempo, Acer creó un equipo totalmente bilingüe que Sykes heredó al adquirir la instalación en septiembre de 1999.

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En 1998 un artículo de la revista PC World reparaba en las dificultades lingüísticas que se presentaban entre los clientes norteamericanos y los técnicos costarricenses de Acer. "Eso quedó en el pasado –afirma Flora Solera, directora general de Sykes–; el costo-beneficio, aunque haya un poquito de acento, es palpable. La calidad de los técnicos es alta, así como la prestación del servicio."

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Para este sector de la industria IT local, según Solera, el reto principal estriba en conseguir suficiente personal con dominio del inglés. Sykes piensa contratar a 400 empleados adicionales; sin embargo, debe competir por los ticos bilingües con otros centros telefónicos y con establecimientos de apuestas deportivas que reciben llamadas de Estados Unidos –en este último caso, los angloparlantes perciben el doble de salario–.

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De la cosecha de plátano a la industria informática

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La transformación de Costa Rica en una economía tecnológica no ocurrió por azar. Es el fruto de un proyecto encabezado por la Cinde, un organismo sin fines de lucro que nació en 1983, con financiamiento de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés), y en un momento en el que el tío Sam buscaba contrarrestar los efectos de las guerras civiles en Nicaragua y Salvador.

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En sus inicios la Cinde recurrió al Banco Mundial con el fin de encontrar nichos de industrialización que resultaran aptos para Costa Rica. En un primer momento, el país privilegió la entrada de la industria textil. "Sin embargo, al final de la década de los 80 fue necesario replantear las opciones ", explica Julio Acosta, director general de la Cinde. "Con el aumento de los salarios, la zona perdió la competitividad que tenía frente a Santo Domingo y Honduras." La industria electrónica fue la alternativa tica.

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El proceso empezó con la atracción de productoras de bienes de consumo (80% de las secadoras de cabello de todo el mundo son manufacturadas en Costa Rica, según Acosta) y alcanzó su apogeo con la llegada de Intel. Actualmente, la fabricación de productos electrónicos ya es el primer generador de divisas del país, sobrepasando al turismo y a la producción de café y plátano. "Intel, por sí solo, deja tanto dinero como la cosecha de café", afirma Acosta.

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El llamado efecto Intel se manifiesta en las cifras macroeconómicas de Costa Rica. Durante 1998 y 1999, el PIB creció 8%. Más de la mitad de dicho incremento es atribuible a las exportaciones del proveedor de chips. Sin embargo, la relación directa con el ámbito tecnológico también implica riesgos mayores. Si la industria IT estornuda, la nación tica se enferma de catarro. El año pasado, la economía de Costa Rica sólo creció 1.7%. ¿La razón? Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) fue la caída de los precios de café y plátano, y el enfriamiento del mercado de microprocesadores.

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Por otro lado, algunos ciudadanos ticos critican el modelo de desarrollo basado en la tecnología. El activista social Julio Rojas asegura –desde distintas tribunas públicas– que "Intel se lleva todo el dinero de Costa Rica". Sin embargo, según Acosta, además de que los empleados costarricenses reciben salarios relativamente altos, la apuesta tecnológica desarrolla un núcleo de proveedores locales de servicios.

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Para satisfacer las exigencias de Intel y otras empresas del rubro, Costa Rica está empezando a realizar profundas transformaciones en educación e infraestructura. El país está ampliando su capacidad aeroportuaria –a través de la concesión a una empresa holandesa–. "Dentro de 15 o 20 años la nación contará con dos o tres aeropuertos más", dijo Acosta. La educación también se está reformando. La meta: crear más especialistas técnicos. "La cultura latina privilegia a los licenciados sobre los técnicos –afirma Ricardo Monge, director de Estrategia de la Cinde–. Hay que valorizar la educación en especialidades técnicas."

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