Carlos Abascal Carranza presidente de Co

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Diego Arrazola Manterola

El 19 de marzo de este año, Carlos Abascal Carranza sustituyó al combativo Antonio Sánchez Díaz de Rivera en la presidencia de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex). Este abogado (Escuela Libre de Derecho, IPADE) de 46 años de edad es también director general de la Afianzadora Insurgentes. Combinando ambas actividades -un paquete nada fácil en estos momentos-, Abascal Carranza se da el lujo de participar como consejero y miembro de otras organizaciones como la Unión Social de Empresarios de México (USEM), la Fundación para el Desarrollo Sostenible o el Instituto de Proposiciones Estratégicas AC. Así como no es común hallar a un abogado con barba de candado, tampoco es frecuente toparse con un ejecutivo cuyo discurso toca temas como la persona, el humanismo, la dignidad y la participación social del empresario...

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Con el sol dándole de frente y de lleno en la cara, una tarde de éstas Abascal Carranza recibió a EXPANSIÓN para hablar -también de frente y de lleno de los organismos que representan al hombre de negocios, el empresariado mexicano y su papel, la crisis económica, el Plan Nacional de Desarrollo, el Tratado de Libre Comercio, la banca, etcétera. Se habló largo sobre estos asuntos de actualidad, pero también -es cierto- por falta de tiempo se dejaron de lado temas sobre los que la aguerrida agrupación patronal tiene mucho que decir. A continuación, una versión editada de la charla.

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En un momento de crisis como el actual ¿cuál es el papel de las cámaras y representaciones de empresarios?
El papel de todos los organismos intermedios en esta sociedad es el de ser promotores del cambio estructural que este país está produciendo, a partir de escuchar y representar correctamente a sus agremiados. En el caso de las cámaras y organismos empresariales, este papel está concentrado en la promoción, defensa, desarrollo de la libre empresa. No puede haber un desarrollo económico armónico, si éste no se da al mismo tiempo que el desarrollo político y social. Por lo mismo, el alcance del que hacer de esos organismos empresariales –me refiero particularmente a Coparmex- rebasa la esfera meramente económica para influir en la creación de condiciones sociales, políticas y económicas que posibiliten la libre iniciativa, el desarrollo sano que sea base para el desarrollo sostenido del país. Hoy la responsabilidad social que estamos enfrentando es muy grande porque somos el cauce natural de participación de la sociedad en todas las instancias políticas en el sentido amplio, no en el sentido partidista. Cada vez más, nuestros agremiados están exigiendo de nosotros ese papel, Por lo mismo, a los organismos empresariales nos corresponde producir una profunda renovación, como la tiene que hacer todo el Estado mexicano en sus diferentes ámbitos, que nos haga más aptos para desarrollar este papel de representación que nuestros agremiados exigen de nosotros.

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Las cámaras empresariales están en algunos casos desgastadas, rebasadas o divorciadas de sus bases. ¿Cuáles han sido las principales deficiencias y errores de las cámaras, de sus dirigentes?
A mi me gusta hablar claro y expresar lo que pienso, pero hay ámbitos en los que respeto profundamente el quehacer de quienes ejercen una representación empresarial. Más bien, podría contestar en el sentido positivo de qué es lo que creemos que Coparmex ha hecho que la hace ser representativa, genuina y tener una capacidad de influencia hoy en el entorno. El surgimiento de Coparmex en 1929, ante la necesidad de defender la libre empresa a partir de un sindicato empresarial, humanista, profundamente comprensivo de la realidad del trabajo, de la dignidad de la persona como eje del trabajo y de la autonomía del sindicato patronal respecto de los órganos de gobierno, por tratarse justamente de un sindicato de libre afiliación, le ha permitido a lo largo de los años mantener una postura independiente. Dicha postura le permite hablar con ausencia de compromisos, por decirlo de manera eufemística, y al mismo tiempo que le exige ser propositivo.

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Coparmex no puede darse el lujo, no lo ha hecho nunca, de ser simplemente la contra. Nunca ha hecho la labor de la oposición, ha hecho la labor de la proposición y esto, junto con su libre afiliación, junto con una trayectoria de autonomía y de respeto a las instituciones, le dan una representatividad. Aún así, hay que estarla renovando y vigilando para que sea siempre fresca y genuina. Una de las últimas manifestaciones de esto es nuestro plan estratégico elaborado hace cuatro años y revisado hace unos meses, que nos permite tener una clara concepción del modelo de país que queremos. No necesitamos hacer un análisis circunstancial, sino que tenemos una perspectiva de Estado mexicano, del país, de largo plazo suficientemente apuntada y desarrollada a lo largo de estos ya más de 65 años de vida.

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Más que criticar la acción de los colegas empresarios, quiero resaltar lo que ha sido Coparmex y, por otro lado, expresar que dentro de las propias cámaras ha habido momentos, circunstancias y liderazgos, y nos parece que por lo pronto, en el momento que está viviendo México, cumplen un papel muy interesante que implica la unidad del sector privado. Tenemos juntos una visión sumamente importante para influir en la transformación del país. Cómo se renovarán ellos, cómo producirán sus propios cambios para estar adecuándose desde el interior para responder más a las exigencias de sus representados... ése es un problema interno de cada uno de ellos. Toda organización humana tiene ese enorme reto: organizarse. Si no se actualiza, se vuelve caduca, pierde fuerza y representatividad.

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Esta es una pregunta delicada, porque implica una generalización. ¿Cómo percibe al empresario mexicano en estos momentos? ¿Cómo ve a una clase que "compró" también, y se adhirió con entusiasmo a la estrategia seguida en lo económico entre el 88 y el 94?
Toda generalización es peligrosa, porque incluso aquí habría que hacer algunas excepciones. Por ejemplo, los empresarios que hoy están teniendo grandes áreas de oportunidad y las están aprovechando: la industria turística de playa, la industria de la exportación, las maquiladoras. De manera que, haciendo todas las excepciones y todas las salvedades que hay que hacer, creemos que hemos asistido a un fenómeno delicado a lo largo de estos meses.

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Por primera vez en mucho tiempo, del que Coparmex tenga memoria, ha habido un desencanto, un desaliento, un cuestionamiento de si se hizo lo correcto apostando por México. Por fortuna, esté cuestionamiento va siendo superado por que el empresario mexicano es a grande rasgos emotivo, adaptable, creativo... A fin de cuentas le veo una enorme cualidad: es realista; el mexicano realmente s enfrenta a la realidad. "Con estos bueyes hemos de arar, y aramos". Hemos sido testigos de cómo en las diferentes parte del país, a veces con mayor rapidez menor, algunos estados sumidos en un crisis todavía más profunda que otros, se va recuperando poco a poco el espíritu emprendedor.

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Falta todavía. No se puede ni mucho menos asegurar que ya se retomó el camino, porque nos faltan todavía alguno meses sumamente retantes, dolorosos sobre todo si se mantiene la estrategia rígida, monetarista, de restricción de actividad económica y de crédito. Aún así hemos ido viendo con gusto cómo va retomándose el entusiasmo y las gana de hacer las cosas. AI mismo tiempo, esta crisis ha despertado en el empresario un clarísima conciencia de que hay que participar mucho más, de que no puede estar el destino de México en manos de uno cuantos. Este afán, ese deseo intenso de participación, es importante y me gustaría resaltarlo porque creemos que es un de los puntos favorables de esta lamentable crisis.

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El sexenio pasado se hizo mucho hincapié en la importancia del libre mercado, de la economía abierta, de que la iniciativa privada debería marcar el rumbo. ¿Sigue siendo válido esto? ¿O el gobierno tiene que reconocer que los empresarios o el mercado no pueden con el paquete, y tiene que liderar otra vez, volviendo a etapas que parecían superadas?
No. Nos parece que lo que ha fallado en este país no es la capacidad y la iniciativa de los empresarios. No digo que no haya errores, pero digo que no es lo que ha fallado en esencia. Seria un error gravísimo regresar a economías centralmente planificadas. Más bien, lo que ha fallado es que no se avanzó de manera simultánea ni con la suficiente profundidad en la reforma económica, política y social para crear las condiciones necesarias para un desarrollo sostenido del país.

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Sigue siendo plenamente válido que la única forma de generar desarrollo sostenible y bienestar para las personas y las familias es a través del empleo productivo. En todo el mundo así es porque ya todos los modelos de planificación central han fracasado solemnemente.

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De ninguna manera pensamos que haya que retroceder en ello, solamente hay que devolverle a la economía el valor del humanismo. Esto sí nos parece importante. Si no podemos seguir pensando en desarrollar en este país una economía basada solamente en la ley de la oferta y la demanda, al margen de cualquier consideración humana o ética, no podemos permitir que el hombre sea un instrumento de producción. El hombre tiene que ser el origen, el motor y el fin de la actividad económica. Por lo mismo, todo el desarrollo económico tiene que hacerse por el hombre, para el hombre y con el hombre. De esa manera es como nosotros estamos convencidos de que podremos desarrollar la cultura laboral. Lo que hay que matizar es el liberalismo a ultranza, el monetarismo, el utilitarismo, el eficientismo, pero de ninguna manera la libertad de emprender.

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¿Cuál es la responsabilidad social de la empresa en México?
Es múltiple. Por un lado en la necesidad, en la responsabilidad, en el compromiso de crear empleo bien remunerado. Pero, más que nada, de crear empleo productivo, es decir, que permita la superación integral de la persona generando riqueza; superándose la persona de manera tal que encuentre en la empresa su oportunidad de desarrollo integral. Por otro lado, en la generación de bienes y servicios que satisfagan las legítimas aspiraciones de consumo de la sociedad y, por otro más, en la formación integral de sus recursos humanos porque personas de calidad harán cosas de calidad. Hay otra más: en el pago de impuestos equitativos y razonables mediante un sistema sencillo, transparente y estable que permita a las empresas contribuir al gasto público de manera razonable.

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La responsabilidad social del empresario abarca no sólo los procesos productivos o la generación de riqueza sino la persona humana y el bien común.

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¿Cuál es el diagnóstico de Coparmex sobre la actual crisis económica? ¿Qué fue lo que falló, si al parecer íbamos tan bien?
Fallaron muchas cosas. Con esto no quiero decir que falló todo. Me parece que en este país tenemos que acostumbramos a no hacer juicios absolutos: de blanco o negro, todo o nada, bueno o malo, como los que se han venido haciendo recientemente. Es necesario tener perspectiva histórica, serenidad y ponderación para hacer un juicio razonable. Aún así estamos seguros de que lo que hoy piensa Coparmex sobre este tema tendrá que ser enriquecido con el paso del tiempo y la observación de los hechos, de las consecuencias de las decisiones tomadas.

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A grandes rasgos diría que falló, primero, posponer la reforma política para cuando estuviese hecha la reforma económica. Esto engendró un clima social de molestia, de inestabilidad al término de cada proceso electoral, de violencia, de desconfianza de las instituciones. La reforma social también se pospuso, ésta no muy conscientemente (aunque se hicieron algunos esfuerzos en ella) cuando, por ejemplo, la corrupción se ahondó, cuando la pobreza se agudizó, cuando la diferencia de oportunidades se ahondó y cuando el desempleo creció como lo hizo.

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Esta arritmia entre los diferentes actores de la convivencia produjo una crisis que tuvo efectos económicos de primera magnitud. Y en lo económico estamos convencidos de que lo que falló no fue la estrategia global, la visión de conjunto, sino decisiones concretas como, por ejemplo, apostar excesivamente al capital especulativo de corto plazo, una apertura indiscriminada que lastimó a sectores importantes de la producción, o la apuesta por la paridad del dólar sosteniéndola a costa de lo que fuera. Son decisiones concretas las que fallaron y no el modelo, a grandes rasgos. Por fortuna, hay avances que este país puede constatar de manera muy sensible, muy tangible, en los últimos seis años y esto también hay que resaltarlo. De otra manera, nos acostumbraríamos solamente a ver lo negativo y a hacer un juicio social negativo y poco esperanzador.

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¿Ya pasó lo peor de la crisis?
Desde el punto de vista de la macroeconomía, es decir, del control de los indicadores macroeconómicos esta pasando lo peor, pero aún no ha pasado lo peor. Por ejemplo, en materia de tasas, hay una clara tendencia a la baja pero cualquiera de estos días puede producirse un rebote. La paridad puede ajustarse al alza también cualquier día de éstos. La Bolsa Mexicana de Valores ha tenido sus fluctuaciones. El superávit comercial puede tener un desajuste importante por problemas internos que incluso disminuyen la capacidad exportadora mexicana. La inflación podría tener una descomposición importante, sobre todo por presión de costos, no tanto por demanda porque no la hay.

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Se ve con satisfacción que hay señales de que estos indicadores retomarán el rumbo en dos o tres meses hasta revertir las tendencias por allá de septiembre u octubre. El problema es que para la economía real, la de las personas y las familias, las cosas no han cambiado favorablemente. Insisto: no ha pasado lo peor, estamos en lo peor. Incluso, todavía podemos entrar a algo peor si no se toman ciertas medidas que mitiguen el efecto dramático de las medidas macroeconómicas: en desempleo, en mantenimiento de las empresas con negociación de pasivos y en sentar las bases tan indispensables para la creación de empleo productivo.

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Es una quimera venderle a la gente la ilusión de que lo peor ya pasó; más que nada es una irresponsabilidad decir eso. Sobre todo porque de ahora en adelante tendremos que estar hablando de la economía real, la de las personas, para evaluar el desarrollo de la economía mexicana, ya no podremos evaluarla por macro indicadores; tendremos que medirla por cómo mejora el bienestar de las familias.

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¿Cuáles son sus primeras im­presiones sobre el nuevo Plan Nacional de Desarrollo? La de la planeación es una tradición en la que México ya parece ser líder, porque desde Luis Echeverría cada sexenio tiene su gran plan: el liderazgo político nos lleva a todos los mexicanos hacia el de­sarrollo y a la fe­licidad, pero aca­ba el sexenio y se desploman to­das las ilusiones y otra vez a em­pezar. Esto pare­ce la reedición de una vieja película que ya hemos visto en México.
La apreciación que te­nemos, y con el riesgo del apresuramiento es que, por un lado, el discurso de presenta­ción del Plan Nacional de Desarrollo parece haber hecho una eva­luación razonablemen­te objetiva de las principales carencias de México. El discurso tuvo también la ca­racterística de haber enunciado ciertas grandes Iíneas ‑no todas, seguramente la mayoría de las más importantes‑ de lo que podrá ser la política del gobierno en todos los ámbitos para los próximos años. Reconocemos que es un discurso interesante, pero hay que pasar a dos cosas más: al análisis a fondo del documento para ver efectivamente qué trae dentro de sí, qué expectativas reales po­demos hacernos a partir de él, pero más allá del análisis del documento debemos pasar a la acción. Parece que México ya no hará plan de desarrollo en el año 2000, si en esta ocasión no somos capaces de lograr como sociedad, como gobierno, que este plan se aplique en todo aquello en lo que se ha comprometido para el bienestar de las familias.

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Me parece que la postura idónea no es la de rechazar el discurso. porque hay que reconocer que es un documento interesante y hasta esperanzador, pero tampoco la actitud de cifrar todo el futuro de México, y todo el cambio de expectativas, y el bienestar de los mexicanos en el discurso mismo. Cada vez más los mexicanos están demandando hechos concretos y por ahora no hay más que un plan. Habrá que exigir en la parte que corresponde al gobierno y actuar en la parte que le corresponde a la sociedad, para que este plan se convierta en hechos, en mejoría del bienestar.

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¿En el sexenio pasado se nos vendió la idea de un Tratado de Libre Comercio norteamericano (TLC), como una de tantas claves para el desarrollo de México.? ¿Es viable todavía un tratado como éste o habrá que modificarlo o desecharlo?
Apenas llevamos un año y meses de Tratado de Libre Comercio, sin que todavía haya elementos suficientes, definitivos, en todos los sectores de la actividad empresarial para hacer una evaluación seria, profunda que nos aconsejase desechar ni mucho menos. Nuestra posición ha sido siempre, y la hemos reiterado, que la globalización es un fenómeno que se nos impone, es un fenómeno histórico, del cual ningún país puede sustraerse hoy.

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Al mismo tiempo, es indispensable estar realizando una permanente revisión del acuerdo con el objeto de, reconociendo las naturales asimetrías entre las economías, y la cambiante realidad, ir haciendo las adecuaciones que permitan avanzar de manera realmente favorable para todos los socios del acuerdo, pero particularmente ‑es nuestra responsabilidad‑ para México. No creo que el país pueda avanzar boy, renunciando al libre comercio. No creo que por ahí haya una solución realmente viable ni eficaz.

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Toquemos un tema de candente actualidad: la banca mexicana, que ha sido objeto de múltiples criticas, que están en recomposición, ahora que ya está entrando capital extranjero al 100%. ¿Cuál es el tipo de banca que requieren las empresas mexicanas de hoy?
La banca ha sido tan golpeada como cualquiera de las empresas por motivo de la crisis. Además, tuvo la desventaja de ser una banca muy joven en las nuevas manos, no porque en todos los casos se careciera de banqueros de tradición, sino porque el cambio de filosofía de administración de las empresas es un proceso cultural que toma tiempo. Este es un fenómeno añadido al problema mismo de la crisis. Por otro lado, efectivamente es indispensable que la banca se convierta cada vez más en una actividad promotora. del desarrollo empresarial, en donde sin violar las normas técnicas del otorgamiento de crédito, los bancos se conviertan en relanzadores de la actividad empresarial mexicana.

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Creemos que hay vicios por extirpar que van desde, por un lado, la ausencia de cultura financiera en todo el país (la banca tendrá que hacer un gran esfuerzo por difundirla) hasta los métodos de prestación de sus servicios. En medio esta el tema del aumento sustancial de la eficiencia que tienen que realizar todavía los bancos, que estaban empeñados en ese esfuerzo pero la crisis tomó a muchos de ellos a la mitad del esfuerzo. Nos gustaría ver en cinco años una banca muy esbelta, muy eficiente, muy cercana a su cliente, con márgenes de intermediación enormemente competitivos en todo el mundo, una banca promotora de la empresa.

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¿Por último, me gustaría hablar de política, y sé que a la Coparmex no le desagrada hablar de este tema. A juicio de ustedes cuál es el estado actual del sistema político mexicano, en realidad estamos viviendo su ocaso, su fin?
A mi me gusta la expresión aquella ‑no recuerdo quién la hace‑, pero me parece que describe mucho del pensamiento de Coparmex respecto del momento político que vive el país, de que México vive una crisis ritual de renovación. Es decir, México vive uno de esos cinco o seis momentos de su historia en los que tiene la oportunidad de replantearse así mismo, de rediseñar el modelo de Estado con el cual quiere encarar el siglo XXI y enfrentar con éxito los retos que le depara el futuro.

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