Carlos Castillo Peraza. Si ladran, es qu

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Zacarías Ramírez T.

El presidente del PAN, quien dice no tener planes políticos personales más allá de concluir su gestión actual, habla en entrevista acerca de qué es Acción Nacional y en qué basa su optimismo de que pueden ganar la presidencia de la República en el año 2000.

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¿Cuál es su percepción de la actual situación política y la inserción del PAN en este momento del país?
El país vive el fin del presidencialismo como fenómeno centralista y populista. La presidencia de la República no puede ya fundarse en el PRI, que no puede darle gusto a todos como cuando no había disciplina monetaria y financiera y teníamos una economía cerrada. El PRI sufre una crisis muy fuerte que hace que el presidente tome sus distancias y que, por tanto, el PRI haya entrado en un periodo de yugoslavización caciquil: cada pequeño señor feudal priísta está protegiendo su pequeño coto en aparente insurrección con el poder central, tanto del PRI como del presidente. Un momento crítico y grave, porque en vez de pasar a un federalismo real estamos pasando a una federalización caciquista, y todo bajo el manto del federalismo y de la separación partido-gobierno. Es un momento que, aunque deseable, puede ser de gran inestabilidad, de un debilitamiento serio de la institución presidencial.

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Asistimos a un PRI que no sabe hacer otra cosa que lo que hizo antes, pero ahora solo, sin el presidente de la República. Vuelve al fraude electoral arropado en el federalismo, y el presidente, que regulaba la posibilidad de hacer esto, se ve imposibilitado para evitarlo. Esto obligó a Acción Nacional, que firmó los compromisos de enero en Los Pinos, a revisarlos con mucha atención porque veíamos que podían resultar negadas las palabras dichas y firmadas allí; eso es lo que pasó precisamente en Yucatán.

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Esta transición hacia un verdadero federalismo, hacia una descentralización para una separación partido-gobierno, va a ser de intensas luchas locales, ojalá no violentas, dada la prepotencia y la antidemocracia represiva y agresiva de los operadores políticos del sistema a nivel local.

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En esta situación, estamos tratando de tener un partido capaz de dar una batalla electoral, a pesar y contra el caciquismo en los niveles locales, con buenos candidatos, organización, eficiencia, capacidad jurídica y política, poder de convocatoria y actitud de convencimiento. Hay avances muy importantes: hoy el PAN gobierna a una población muy cercana a la de Canadá o al doble de la de Chile.

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Nuestra tarea son estas batallas locales, para hacer posible un triunfo nacional en las elecciones intermedias para el Congreso, en 1997, y así buscar la Presidencia de la República con probabilidades de triunfo en el 2000.

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Por otro lado, el caciquismo ya no tiene el poder de antes; los ciudadanos se resisten a esto. El PRI pasa por disyuntivas muy dramáticas: si pone priístas nuevos como candidatos, los priístas viejos los sabotean, y si recurren a los viejos caciques, la gente no los vota.

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¿Cómo se define el PAN política e ideológicamente en este momento?
Es un partido con fuerte democracia interna, que asume los valores de la economía de mercado, de empresa, donde prevalece la iniciativa de los particulares. Pero al mismo tiempo entiende que el mercado no puede por sí mismo tomar acciones de justicia social, y que se requiere un Estado que dé rumbo a los resultados de una economía de mercado, para que éste no acabe destruyendo a los mexicanos más débiles, o empujándolos hacia opciones de criminalidad o de violencia ideologizada y política.

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¿Y cómo define al político que México requiere?
En el poder, debe ser abierto al cambio democrático, que no le ponga trabas ni sea cómplice de la antidemocracia. He escuchado que la democracia es el consejo de administración de un gobierno, y que éste tiene que someterse a ese consejo, ser vigilado para que no use mal los recursos o propicie desastres económicos, sociales y culturales.

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En la oposición, lo mismo más la disposición a dar la batalla en condiciones a veces adversas. Debe dar un combate pacífico, legal, con entereza y recurriendo a la voluntad libre de los ciudadanos.

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Algunos analistas dicen que en México aún hay una tradición caudillista, ¿está usted de acuerdo?
Creo que hay vestigios de esa tradición, evidentemente. Pero no los veo en mi partido; se decía, por ejemplo, que Manuel Clouthier era un caudillo. Sin embargo, los grandes triunfos de mi partido vinieron mucho antes que Clouthier, y sin él al frente.

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¿Quiénes en la izquierda representan una competencia electoral futura importante?
Veo al PRD con muchas dificultades para ir cuajando una opción que podemos llamar, entre comillas, de izquierda. Con problemas internos, con muchas diferencias y competencias entre rescoldos del caudillismo antiguo. Esto le produce dificultades internas graves y de trato con otras fuerzas políticas, lo que merma la posibilidad de eventuales acuerdos o pactos.

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Hay algunos brotes nuevos que podrían intentar en el futuro ser partido, como el que se configura en torno a la personalidad del licenciado (Manuel) Camacho, pero yo creo que difícilmente le restaría adhesiones al PAN. Más bien se las restaría al PRD y al PRI.

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O sea, camino abierto para el PAN...
No, eso políticamente nunca se podría decir.

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Se percibe un proceso de derechización en los gobiernos occidentales...
Dependiendo qué se entienda por derecha. Lo que yo entiendo es que ha habido un fracaso histórico de las opciones políticas y económicas de corte estatista, lo que mueve hacia otro tipo de opciones, que en la historia fueron llamadas de derecha. Pero hay un cambio que va en el sentido de lo que el PAN ha dicho y propuesto en toda su existencia: que es una organización social y económica que no está estatizada, que confía más en la libertad, en la iniciativa, en la voluntad, en las personas y en las organizaciones de las personas que en la iniciativa omnímoda del Estado.

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El PAN ha sido definido como un partido de centro derecha.
En clasificaciones que sirven para operar, ahí se le ha ubicado. Pero, por ejemplo, ¿qué partido propuso el reparto de utilidades en este país? ¿qué partido propuso la congestión de la empresa con los trabajadores? ... Nosotros. Y no se puede decir, en términos del estereotipo tradicional, que las nuestras sean propuestas de derecha.

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Cuando a los dirigentes panistas, a usted mismo, se les vincula con organizaciones cristianas y con algunas consideradas de derecha por su actividad y opiniones, usted invariablemente lo rechaza...
Yo vengo de una organización cristiana que se llama la Iglesia Católica, de la cual proviene el 87% de los mexicanos. Si Acción Nacional no tuviera católicos, no reflejaría la realidad nacional y sería un partido totalmente minoritario. Pero, aunque es un partido no confesional, tiene una mayoría católica. No se requiere ser católico ni cristiano para ser panista, sino aceptar ciertos principios de doctrina que creo que son humanos, universales, y que puede aceptar mucha gente aunque no profese una religión o no tenga una fe.

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Ahora, en el partido hay personas que vienen de organizaciones muy diferentes. Los leones, los rotarios, las organizaciones empresariales y sindicales, otras que han sido calificadas de derecha, como puede ser el DHIAC (Desarrollo Humano Integral y Acción Ciudadana), pero lo importante es que se milite por lo que el PAN propone y que no se trabaje aquí adentro para esas organizaciones. Aquí todos tenemos derecho a que la línea del partido tenga el signo de nuestras opciones personales, pero cualquiera que desee que su opción personal aparezca en la línea del partido tiene que ganarlo en un debate y una votación democráticos.

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Sin embargo, tendrá un punto de vista sobre esas organizaciones de derecha...
Creo que hay organizaciones llamadas de derecha porque la comodidad clasificatoria durante muchos años repartió certificados de derecha e izquierda. Pero, por ejemplo, ¿por qué se califica de derecha al DHIAC, porque es proempresarial? Proempresarial es Felipe González.

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Además, son organizaciones francamente de minorías, que no tienen representatividad. Las hacen más grandes los que hablan sistemáticamente de ellas. Trate de hacer una manifestación del DHIAC y no va a juntar mucha gente; ponga un candidato que diga que va por el DHIAC y no va tener votos. Muchas veces son fantasmas de la opinión pública, que a la hora de determinar materialmente qué significan son irrelevantes en términos políticos y sociales.

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En el inicio de esta entrevista usted saltó directamente al caso Yucatán, asunto en el que ha sido notoria una mayor actividad del presidente nacional del PAN
Piense en si las cosas hubieran sido al revés, si las irregularidades hubieran sido en Guanajuato. Hubiera sido más cómodo, nadie me diría que lo estoy haciendo porque soy guanajuatense. Es muy cómodo para los adversarios políticos convertir una batalla democrática que se da en Yucatán en una etiquetación de que el presidente del partido es yucateco. Cualquier presidente del PAN, nacido en cualquier estado, ante un fraude electoral hubiera reclamado. Y si en vez de haber sido en Yucatán hubiera sido en Guanajuato, estarían diciendo que no es suficiente lo que hago por Guanajuato. Entonces, como uno no es monedita de oro para caerles bien ni a todos los investigadores, ni a todos los periodistas, uno debe hacer lo que considera que debe hacer, y si ladran, Sancho, es porque cabalgamos.

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En su relación con el gobierno, hay dos términos que han trascendido: "amasiato", utilizado por Oscar Levín Coppel, y "concertacesión"...
Si el señor Levín Coppel ha vivido en amasiato con alguien, es lógico que haga su confesión pública, con nosotros no fue. Y si las votaciones recientes de Mérida y Guanajuato no dejaron satisfechos a nuestros críticos de que ahí tenemos una mayoría, ya habían decidido no estar satisfechos, pasara lo que pasara.

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¿Hay cambios internos para ajustarse a esa nueva circunstancia?
Hay en ejecución un proyecto que se llama redimensionamiento del partido, que implica métodos mucho más modernos de afiliación, padrón interno de socios, capacitación de comunicación interna y de organización, tanto para la política cotidiana como para las eventualidades electorales.

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¿Qué tanto ha influido en el avance del PAN el hecho de que México sea hoy el país-crisis?
No puede negarse que las crisis en cualquier país favorecen a los partidos de oposición, pero tampoco acepto que se diga que solamente porque hay crisis pierde el gobierno. Para que esto se dé tiene que estar ahí ya el partido listo para afrontar esa situación y captar inteligencia y voluntades. Además, me parece que el electorado ha tenido en la crisis muchas otras opciones además del PAN, pero han escogido ésta, por algo ha de ser.

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