Carlos Salinas: <br>el poder y algo más

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La extensa entrevista con Carlos Salinas de Gortari, que se empezó a publicar en -Reforma el miércoles 29 de enero, no contiene revelaciones sorprendentes ni escandalosas, no hay esqueletos en el jardín, no hay conjuras criminales, no hay acusaciones tremendas, ni siquiera hay intolerancia verbal al estilo de don Roque. Sin embargo, es un excelente trabajo periodístico que merece leerse con suma atención.

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Primero, el tono. Con elegancia, Carlos Salinas de Gortari propone la canonización de Carlos Salinas de Gortari. Quienes temían que la autoestima del ex presidente se hubiese lastimado por la multitud de ataques que ha recibido (al grado de que “salinista” se ha vuelto un insulto cotidiano como antes lo fueron “fascista”, “reaccionario” y más recientemente “neoliberal”), pueden estar tranquilos. La humildad no es una virtud a la que haya sucumbido el ex presidente.

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Ahora bien, personas cuya autoestima rebasa los límites usuales e incurren en la soberbia, abundan. El problema es que son escasos los soberbios que pueden avalar sus éxitos, y Salinas tuvo éxito.

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Ésta es la segunda parte. En cierto modo, y simplificando al extremo, Salinas argumenta que le ha ido mal porque lo hizo bien. En su enumeración de grandes reformas siempre está presente el estribillo social. El liberalismo es matizado como avance social, la apertura económica es suavizada con la solidaridad. Genio y figura, Salinas sigue siendo el mismo: de lunes a viernes encabeza las reformas de libre mercado, de jueves a domingo reparte cheques de Solidaridad. Ahí queda para la discusión seria si esta combinación resulta efectiva y ética.

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Como en todo caso de soberbia, Salinas incurre en la injusticia hacia su prójimo. Las reformas no las hizo él solito. Recordemos que Salinas rechazó cualquier posibilidad de establecer un tratado de libre comercio con Estados Unidos. Recordemos, en fin, que en materia de reformas económicas gobernó sin duda con un programa más cercano al que había propuesto el inolvidable Manuel Clouthier que con las promesas típicas con las que el mismo Salinas armó su campaña electoral.

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Hay, además, la fundada sospecha de que varios de sus colaboradores cercanos hicieron lo mismo o más por las reformas modernizadoras que el propio Salinas. Al menos, lo hicieron con más convicción, sin buscar el poder y la gloria.

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En este sentido, Salinas parece cojear del mismo pie que sus detractores. Ambos bandos parecen creer que Adam Smith fue salinista extemporáneo, ambos parecen creer que Salinas inventó las reformas que se hicieron durante su sexenio. No fue así. Son reformas que en mayor o menor medida han prendido en Chile, Argentina, Brasil, Perú, Sudáfrica, España, Gran Bretaña, Estados Unidos o la República Checa. Con Salinas o sin él seguirán adelante.

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Ni dios ni demonio. Brillante, inteligente, arrogante, astuto. Ahí en la entrevista está Salinas, con sus pequeñeces y sus grandezas. Nada más y nada menos.

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El autor es colaborador de TV Azteca y de El Economista.

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