Cempres <br>Tácticas incubadoras

Dos regiomontanos fundaron este centro, para ayudar a eliminar dos factores que inhiben el surgimien

Quienes han vivido la experiencia de iniciar un negocio con sus propios recursos, saben lo que esto significa: gastos que parecen no tener fin y escasos ingresos que difícilmente alcanzan para cubrir los costos fijos de una oficina o local comercial. Algunos corren con suerte y, con base en sacrificios, superan la prueba; otros sin embargo se quedan en el camino y lo que pudo ser una nueva empresa se convierte en un amargo recuerdo que dejó vacíos los bolsillos.

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Aunque la situación no es nueva y a sabiendas de que muchos grandes empresarios han empezado literalmente de la nada, hoy la falta de liquidez ha dejado de ser una limitante personal y se ha convertido en un problema social que frena el crecimiento de la economía.

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A esto hay que agregar la falta de esquemas accesibles de financiamiento. “Pedir dinero al banco para arrancar es como trabajar con una pistola cargada apuntando a la sien”, asevera Raúl Maciel, director del Programa -Monterrey Joven y coordinador del Centro Ejecutivo Emprendedor (Cempres), la primera incubadora de empresas de servicio que opera en el país y en América Latina.

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Este centro, que empezó a funcionar en septiembre de 1995 con 40 proyectos, forma parte del programa Monterrey Joven, denominación que se justifica por la intención de apoyar a emprendedores de 18 a 35 años mediante el financiamiento de los costos fijos. Ofrece oficina, servicio secretarial, líneas de telefax y teléfono, sala de juntas, servicio de -mecanografía y de fotocopiado, así como capacitación directa y continua del Instituto Tecnológico de Monterrey y de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social.

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“Todo eso por un costo de $300 pesos al mes, y un descuento de 50% en llamadas telefónicas. La condición es que solamente este apoyo puede durar seis meses, pues no se trata que el gobierno subsidie al empresario, sino de ayudarle a arrancar”, aclara Maciel.

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El Cempres dispone de 70 pequeñas oficinas y todas están ocupadas. El funcionario municipal explica que para hacer frente a las limitantes de presupuesto, diseñaron un proyecto totalmente autofinanciable a tres años. Confía que la inversión inicial de $250,000 pesos podrá ser pagada en ese plazo.

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La falta de recursos llevó al Cempres al Mercado Juárez, propiedad municipal que se había convertido en un área comercial parcialmente aprovechada después de la remodelación realizada por la administración anterior. Hoy, el mercado tradicional comparte su espacio con un semillero de negocios que ofrecen los servicios más diversos: diseño arquitectónico, desarrollo de -software, consultoría en capacitación, venta de equipos de seguridad, venta y mantenimiento de microscopios, colocación de personal, diseño de muebles en cantera, comercialización internacional, forja artística, una revista deportiva, servicio de edecanes, diseño de uniformes.

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En seis meses, los microempresarios han generado 800 empleos directos y 1,800 indirectos. Patricio Alexander, egresado del Tecnológico de Monterrey y director de este programa de la Secretaría de Desarrollo Social, expresa que la propuesta sólo incluye a emprendedores menores de 35 años —aunque se han hecho excepciones con personas mayores que presentan proyectos viables—. Señala que en efecto ciertos jóvenes empresarios entran un tanto inmaduros, lo que se refleja en su forma de hablar y de vestir, pero el contacto con los clientes y el ritmo de su propio negocio genera poco a poco el cambio hacia una imagen más profesional.

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Quien tiene un proyecto bien definido puede aspirar a ser parte del programa. Una vez que los candidatos presentan su solicitud, son sometidos a dos evaluaciones: una a la persona, para medir su capacidad emprendedora, y otra al giro de negocio. Algunos proyectos no son aceptados en la presentación inicial, aclara Alexander, pero hacen -sugerencias a los solicitantes para que modifiquen sus propuestas y tienen oportunidad de exponer de nuevo. Lo importante es que el empresario tenga una idea clara de lo que quiere y, sobre todo, que genere empleos. La decisión final la toma un comité formado por representantes de la UANL, el ITESM, la Universidad Regiomontana y la Universidad de Monterrey.

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Existe, incluso, asesoría y capacitación continua que ofrece el Tecnológico de Monterrey a través del Programa de Apoyo a la Micro y Pequeña Empresa y del Centro de Valores Humanos. Esto se complementa con los cursos del -Programa de Calidad Total y Modernización de la Secretaría del Trabajo.

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Del dicho al hecho
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Una red de negocios surge dentro del mismo centro. Es el caso de Estructuras Estrada, taller de forja artística que trabaja junto con Canterreal para fabricar mesas de cantera que después exporta la comer­cializadora Intercambio Global. Julio César González, propietario de -Canterreal, explica que en enero empezaron a trabajar en conjunto y exportan a San Antonio, Texas, además de atender el mercado local. La facturación mensual de la alianza fluctúa entre $12,000 y $18,000 pesos, ingreso que es independiente de las ventas individuales que realiza cada uno de los socios.

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González, arquitecto egresado de la UANL, se desempeñaba como empleado antes de tomar la decisión de convertirse en su propio jefe. ¿Lo habría logrado sin el apoyo del Cempres? “Creo que sí, pero a un plazo más largo”, admite. El y sus socios son parte de la primera generación de empresarios que se graduaron en mayo junto con 25 emprendedores más que salieron de la incubadora para seguir trabajando, pero ahora sí, asumiendo todos los costos de operación.

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“Por lo menos ya sabemos qué es lo que no debemos hacer”, asegura Alexander, quien vivió en carne propia la experiencia de invertir todos sus ahorros en un negocio propio y que además solicitó un préstamo bancario. Aunque al final optó por cerrar, hoy se dedica a orientar a otros empresarios potenciales para contribuir a la reactivación del sector de micro y pequeños negocios.

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Las experiencias son variadas. Claudia Elizabeth Rodríguez de la Rosa, sus hermanos y su padre crearon la empresa Microsistemas ópticos, que se dedica a la venta, mantenimiento y reparación de microscopios. Ellos se -integraron al Cempres con un negocio de asesoría en ventas, pero pronto se dieron cuenta que este giro no era tan rentable como el de los microscopios, que es la especialidad de uno de los hermanos.

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Hace tres meses decidieron cambiar de rumbo, y ahora están seguros de lo que quieren hacer. Su estancia en el centro les ha servido para darse cuenta de lo que necesitan (“no buscamos la estética, sino lo funcional”, dicen). Su ingreso actual fluctúa entre $10,000 y $12,000 pesos mensuales, pero tienen entradas extras por la venta de equipo a escuelas, laboratorios y hospitales.

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Otro caso: Antes del entrar a esta incubadora de empresas, Luis Cortez era un subempleado que impartía clases. Hoy se dedica a la capacitación en desarrollo de personal. Para este ingeniero administrador en sistemas egresado de la UANL, la estancia en el centro le ayudó a tener un lugar privado para trabajar a un costo muy bajo y además le dio la oportunidad de recibir capacitación para el manejo profesional de su empresa. Aunque sólo tiene dos clientes y su ingreso promedio mensual es de $3,000 pesos, se siente satisfecho porque los resultados han superado las expectativas de un negocio en el que hay demasiada competencia. “Lo que me interesaba era tener un poquito de sostén”, añade.

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Héctor Elizondo es un ejemplo especial. A sus 50 años de edad, fue admitido en el Cempres para arrancar la operación de Elitel, comercializadora de teléfonos públicos que en el primer mes vendió 16 aparatos, 150% más de lo originalmente programado. Con más de 30 años de experiencia en ventas y capacitación, este nuevo empresario comenzó con un respaldo económico que no llegaba a $3,000, así que compró un escritorio usado y algunas sillas. Actualmente dispone de un equipo de 16 vendedores, uno de ellos de 72 años, y aprovecha todo el tiempo posible pues sólo tiene cinco meses para consolidar lo que durante meses fue sólo un proyecto que le resultaba imposible llevar a la práctica.

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