Cerca de EU, ¿lejos de internet?

Los actores de las telecomunicaciones no se ponen de acuerdo en si conviene o no instalar un punto c
Jesús Hernández

Es común que un usuario de la Red se pregunte por qué los correos electrónicos que envía a su vecino de escritorio le llegan horas o días después. La respuesta, en muchos de los casos, es que el mail, para llegar a su destino, tuvo que viajar antes a través del ciberespacio por diferentes puntos de interconexión que lo mismo podrían estar en Estados Unidos, Europa o Asia.

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Desde hace dos años, la industria mexicana dedicada a los servicios web debate el tema de si se debe instalar en el país un nodo de interconexión –o punto de acceso a la red (NAP, Network Access Point)– o intentar resolver el problema en casa con soluciones de corto plazo.

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Para México, poseer un NAP significaría racionalizar los flujos de información de suerte que la comunicación sea casi inmediata dentro de la república, y lo más directa posible al resto del mundo. Al lograr esto, no sólo se conseguiría mayor rapidez sino también mayor aprovechamiento del ancho de banda, lo que redundaría en una mejor calidad en el servicio y en una baja en los costos de los proveedores de servicios de internet (ISP, por sus siglas en inglés) y, por tanto, para el público usuario. La inversión no rebasaría los $100 millones de dólares, cantidad que la mayoría de los operadores (proveedores de infraestructura y conexión) consideran asequible.

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Actualmente, el mundo cuenta con una treintena de NAPS. En América Latina, países como Colombia, Chile, Argentina, Brasil y Perú tienen el suyo. Recientemente inició operaciones uno más en Ecuador y Venezuela está en proceso de instalarlo.

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Sergio Martínez, presidente de la Cámara Colombiana de la Industria de las Telecomunicaciones (CCIT), organismo que administra el NAP en esa nación, estima que las 14 compañías que se unieron para su instalación en 1999 obtendrán este año $350,000 dólares de utilidades netas. En este lapso los pagos a empresas extranjeras por tráfico de interconexión se redujeron al menos 50% y se logró detonar la creación de mayores contenidos dentro del país.

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Hace poco más de un año, una firma privada solicitó permiso ante la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) para instalar un NAP en México. Tras una valoración técnica el permiso se otorgó. Sin embargo hoy, de tres funcionarios consultados ninguno pudo responder qué organización fue la que lo obtuvo, ni cuáles son las condiciones de avance del proyecto.

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Pros y contras

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Técnicamente, el NAP funciona como un "árbitro de internet" que maneja el flujo de la información hacia los diferentes destinos, pero que puede privilegiar una parte del tráfico en desmedro de otra, y su mal uso podría boicotear la operación de toda una red. Para transparentar este proceso, la mayor parte de los nodos de interconexión en el mundo cuentan con sistemas que auditan los tráficos de cada proveedor de servicios de internet, señalando con precisión la hora, el tipo de comunicación (navegación o correo electrónico) y el destino de los flujos.

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Aún así, las firmas locales no están convencidas. Según Fernando Obregón, vicepresidente de consultoría de Gartner Group, "el mercado de telecomunicaciones en México tiene aún el fantasma de la apertura del sector, por lo complicada que fue. Por ello, las empresas no estarían dispuestas a que el competidor principal se haga de un NAP. Eso lo ha detenido."

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No es la única razón. Cristina Rivas, analista de Select–IDC, considera que otro de los obstáculos es la insuficiencia del tráfico. La masa de usuarios no justifica la instalación de un NAP en al menos en seis o siete años.

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Hasta finales de 2000, México contaba con un total de 2.7 millones de usuarios que accedían a internet a través de 300 ISP. De acuerdo con cálculos de la consultoría, a partir de este año el número crecería 30% anual para llegar a 10 millones en 2005.

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Juan Ludlow, subdirector de integración de sistemas de gestión de Telmex, asegura que 80% de los usuarios nacionales acuden a internet para navegar en busca de páginas estadounidenses o bien acceden a sitios en español que no siempre están hospedados en centros de datos ubicados en el país, por lo que la conexión al extranjero, particularmente a la unión americana, no se puede evitar y por lo tanto un NAP aquí no tiene sentido. "El valor que Prodigy puede dar al mercado no es que llegue rápido a un sitio en México, sino a Estados Unidos."

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No obstante, Antonio Quirate, director de la hospedadora de sitios web Interplanet, sostiene que el mayor tráfico de correo electrónico ocurre dentro de las fronteras del país; más de 65% del mismo se da entre micro, pequeñas y medianas empresas que obtendrían beneficios de una mejor conexión regional.

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Se calcula que en México hay 100,000 páginas web hospedadas, pero sólo son visitadas unas cuantas de ellas. En la industria de la Red se considera que para detonar el intercambio de tráfico nacional se requiere de la generación de más sitios de contenido local de calidad que interesen a los usuarios nacionales, además de la validación de instrumentos como la firma electrónica y el reconocimiento de las operaciones comerciales en línea que propiciarían un mayor intercambio entre empresas. Otro factor sería el desarrollo de servicios gubernamentales a través de la Red, como se pretendía con el programa oficial e-México que aún no se termina de definir.

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La estrategia debe ir unida al avance del equipamiento tecnológico de la población. "Como industria –señala Rivas– tenemos que preocuparnos primero por la penetración del acceso a internet, que llegue a donde no lo hay. Ya veremos qué sucede después, cuando el tráfico aumente."

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Las alternativas actuales

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Para conectarse a un NAP (en Estados Unidos u otro país que lo posea) los ISP deben pagar una cantidad, que dependiendo de la modalidad acordada y el ancho de banda puede ir desde $700 dólares al mes en las conexiones de menor velocidad (1.54 Megabytes por segundo) hasta $8,400 dólares en las de alta (155 o más MBPS). Actualmente, las empresas operadoras de esos puntos de acceso a la Red contemplan la posibilidad de cambiar su esquema tarifario con el fin de hacer que la cantidad de tráfico sea proporcional al pago.

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Los proveedores regionales de servicios de internet conectados al NAP venden a su vez el acceso a otros ISP más pequeños, porque éstos tienen la posibilidad de atender a poblaciones menores y abrir nuevos mercados en zonas donde los grandes o los megacarriers (como Telmex) no han podido llegar.

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Enrique Díaz, director de Estudios Técnicos, Investigación y Desarrollo de Cofetel, considera que este esquema es el que más se aviene a la nación. Un NAP privado sería conveniente y estratégico para el desarrollo en el largo plazo, pues además de ampliar el mercado y la infraestructura para internet, estimularía la generación de contenidos en México que podrían exportarse al resto del mundo hispanoparlante.

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Desde el punto de vista de Martínez, de la CCIT de Colombia, los NAP funcionan en regiones donde existe una multiplicidad de ISP y el mercado lo justifica. Pero en un lugar como México, donde hay sólo unos cuantos operadores, para su instalación deben de analizarse con cuidado los costos y la eventual reducción que se obtendría en los precios , porque es probable que a la luz de esos criterios no sea conveniente.

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Grandes versus chicos

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La posibilidad de tener un NAP en México se ve lejana. El tema ha dejado de ser técnico para transformarse en una discusión política en la cual cada empresa defiende su interés en el mercado.

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Las mayores compañías de telecomunicaciones no se han cruzado de brazos. Telmex, Avantel, Alestra y Terra ya poseen cada una de ellas una red de infraestructura que conecta a las principales ciudades del país. A este esqueleto –o backbone como se le conoce técnicamente– se conectan los ISP más pequeños, a quienes se les renta el uso de la infraestructura.

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Hace un año, estas cuatro empresas acordaron interconectar sus redes mediante enlaces directos o peering, para intercambiar tráfico y contenido entre sus distintas redes. Así, dicen, un NAP en el país sale sobrando.

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Ludlow afirma que el peering permite a las firmas que concentran el mayor tráfico de usuarios, contenidos e infraestructura, una forma rápida y eficiente de acceder a sitios hospedados en la red de sus competidores. La ventaja reside en que cada compañía absorbe sus costos y desarrolla su infraestructura de acuerdo con sus propios planes. Depender de un tercero para que administre el NAP sólo agregaría mayores gastos al proceso, pues la mayor cantidad de tráfico actual no se queda dentro del país.

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Agustín Aramburu, director de Operación de America On Line (AOL), estima que el peering ha generado a los proveedores de internet ahorros de hasta 50% en sus pagos por interconexión, que eventualmente se trasladan al usuario. En cambio, al instalar un NAP se propiciaría un "punto único de falla", pues en caso de cualquier contingencia negativa podría impedir el funcionamiento de la Red en todo el país. Además, "tendría un efecto inverso en el mercado", ya que los proveedores pequeños podrían aprovecharse de la interconexión y "les estaríamos regalando el negocio".

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El problema de instalar un punto común, dice Ludlow, es que a final de cuentas se tendría que compartir la infraestructura en la que empresas como Teléfonos de México han empeñado su dinero desde hace muchos años. "Si ésta deja de ser negocio –advierte–, al rato nadie va a invertir en ella."

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Aramburu y Ludlow coinciden en que el peering funcionará en el largo plazo por mayor que sea el crecimiento de internet, pues "las rutas para resolverlo ya están dadas".

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El funcionario de Cofetel no lo ve igual. Al establecer acuerdos bajo ese esquema de interconexión, puntualiza, sólo se benefician unas cuantas empresas que concentrarían aún más el mercado, en lugar de propiciar que los pequeños proveedores del servicio lleguen a usuarios que de otra forma no podrían acceder a internet. Díaz opina que mientras más se tarde el país en instalar un NAP mayor desventaja tendrá frente al resto de América Latina y el mundo: "Tenemos que ver por los ciudadanos más que por el mero interés del mercado."

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Aunque en el corto plazo la estrategia de peering puede funcionar –explica Obregón de Gartner Group– la mirada se tiene que extender a un horizonte más largo. Actualmente, las redes de interconexión mundiales se tejen a través de regiones cada vez más grandes. De hecho ya se está planeando el NAP de las Américas, cuya sede estaría en Miami, donde actualmente se da el mayor tráfico de internet.

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Pero México podría ser una opción alternativa a esa ciudad del sur estadounidense como lugar para instalar un punto común de distribución de tráfico en la Red para la región. La posición estratégica del país como punto de interconexión mundial puede crecer en el largo plazo, pues sumaría a sus dos millones de usuarios actuales un tráfico de casi 400 millones más de todo el continente.

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Sin embargo, al menos por el momento, la ruta hacia el futuro de la industria de internet parece estar trazada por los grandes operadores.

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