Cero liquidez

Es tal el consumo de agua en el valle de México -y, sobre todo, su desperdicio-, que se ha vuelto i
Dino Rozenberg

Cuando se dice que México es un país sediento no se exagera: 31% del territorio nacional corresponde al clima árido y 36% al semiárido. Además, la distribución de las aguas también es injusta: el norte, que representa 30% de la superficie total, recibe apenas 3% de las lluvias totales, y en la mayor parte del país las precipitaciones caen en forma concentrada, entre mayo y octubre, agravando aún más las posibilidades de disponer de caudales suficientes y oportunos para las necesidades de la población, la agricultura y la industria.

- A este panorama -como explica un estudio del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM)- hay que agregar que 85% de los cuerpos de agua (lagos, ríos y acuíferos) se encuentran a 500 metros sobre el nivel del mar o más abajo, mientras que 75% de la población vive en alturas mayores, como la ciudad de México; esto exige el bombeo de grandes volúmenes de liquido y la construcción de costosas obras de conducción y almacenamiento.

- Una estrategia para la capital
Si la geografía y el clima de México no han sido muy benignos para dotar de agua a sus habitantes, éstos tampoco han hecho lo suyo para aprovechar debidamente este valioso y cada vez más escaso recurso natural. El de la zona metropolitana de la ciudad de México es un ejemplo a la vez dramático y penoso: con una población estimada en 16 millones de habitantes, consume 62 metros cúbicos de agua por segundo (35 el Distrito Federal y 27 los municipios conurbados).

- Como explica el ingeniero Jaime Tinoco Rubí en su estudio "Una nueva estrategia de agua para el Distrito Federal", este inmenso volumen significa una dotación promedio diaria de 360 litros de agua por habitante para todos los usos, lo que resulta muy desfavorable si se compara con el consumo de ciudades europeas que, gracias a un manejo eficiente del recurso, tienen un consumo per cápita de unos 200 litros diarios".

- Esto quiere decir que pese a la tradicional y muy conocida escasez del liquido, los capitalinos consumen más agua que en otras partes del mundo, y a un costo totalmente prohibitivo debido a las condiciones de su explotación, acarreo y distribución.

- Estos datos, que pueden llamar a la incredulidad, deben matizarse con otro no menos dramático: según Tinoco, director técnico de la Comisión de Aguas del Distrito Federal, una de las razones de este "excesivo consumo de agua se deriva de la gran cantidad de fugas que tiene la red, ocasionadas por la antigüedad y deterioro que ha sufrido la infraestructura, por los bajos gastos de mantenimiento y por los continuos hundimientos que sigue sufriendo la ciudad. Se estima que más de 30% del agua abastecida a la red de distribución se pierde en fugas antes de llegar a los domicilios de los usuarios".

- A riesgo de parecer una broma, lo que esto significa es que los capitalinos extraen del subsuelo y traen desde Cutzamala, a 127 kilómetros de la ciudad, grandes volúmenes del liquido, 30% de los cuales (18.6 metros cúbicos / segundo) se utilizan involuntariamente para regar el subsuelo. El estudio del ITAM revela que este caudal permitiría garantizar el abasto de agua de ciudades como Madrid y Roma, pero que la situación no es exclusiva de México: en Latinoamérica, entre 25 y 30% del agua que reciben las ciudades se pierde en los sistemas de distribución.

- La segunda causa que explica la ineficiente utilización del líquido, en la ciudad de México y en muchas otras de provincia, es la obsolescencia técnica, administrativa y financiera de los sistemas de agua potable. Según lo admitió hace unos meses un funcionario de la Comisión Nacional del Agua (CNA), hasta hace unos pocos años "las cuentas de los operadores de agua estaban mezcladas con las de los organismos municipales; unos estaban bien, pero otros no, y era imposible saber". También había ciudades que ni siquiera contaban con organismos especializados, como en el caso del Distrito Federal, donde apenas en 1992 tuvo que crearse una oficina que a la postre resultó la más grande del mundo.

- A este respecto, Tinoco agrega: "A pesar de la aguda escasez, en el Distrito Federal el agua se cobra a la gran mayoría de las cuentas mediante cuotas fijas. Bajo este sistema de recaudación los recibos no varían de acuerdo con los volúmenes de agua consumidos, haciendo que los usuarios no tengan ningún incentivo económico para ahorrar el recurso. Un agravante adicional es que un número considerable de tomas de agua no está registrado en el padrón de usuarios y, por lo mismo, en el sistema de cobro".

- Como no se ejercen medidas coercitivas en el cobro, del total de 1.2 millones de tomas, sólo 500,000 pagan el servicio en forma continua. El resultado financiero es que el Distrito Federal tiene un déficit que asciende a más de N$ 1,000 millones de nuevos pesos anuales por concepto de programas de agua y drenaje.

- ¿Qué hacer?
La solución, según coinciden los expertos, ya no pueden ser nuevas explotaciones. En primer lugar porque el acuífero del Valle de México ya está sobreexplotado en 20 metros cúbicos / segundo, lo que inevitablemente conducirá a su agotamiento y a mayores hundimientos de suelos. Recurrir a nuevas fuentes externas resulta igualmente impensable, debido a los altos costos de la infraestructura de conducción, bombeo y tratamiento, aparte de que esta respuesta es políticamente cuestionable dado que reduce las oportunidades de uso de otras entidades federativas.

- La única salida viable, entonces, es combatir de manera agresiva las dos principales causas de dilapidación del recurso: controlar las fugas en la red de distribución y hacer más eficientes los sistemas administrativos y financieros, lo que significa el cobro justo y oportuno de los servicios. Esta estrategia, dicen los analistas, permitirá garantizar el abasto ecológicamente sostenible de agua potable para los próximos 15 años.

- Puesto que el gobierno federal, la CNA o el Departamento del Distrito Federal no cuentan con los recursos técnicos y financieros para enfrentar estas tareas, y gracias a la modificación del mareo jurídico vigente (sobre todo la promulgación de la Ley de Aguas Nacionales de 1992 y la creación de la Comisión de Aguas del Distrito Federal), esta propuesta abrió las puertas a la intervención de la iniciativa privada, que ha sido convocada para construir y operar, bajo diferentes modalidades contractuales, los sistemas de suministro de agua potable y alcantarillado y saneamiento.

- Los primeros proyectos ya han comenzado a dar sus frutos, y estos incipientes avances están mostrando el camino. A septiembre de 1994, según informó a EXPANSIÓN un vocero de la CNA, las inversiones contratadas bajo el esquema de inversión recuperable o BOT (por las siglas en inglés de construcción, operación y transferencia) superaban los N$ 1,000 millones de nuevos pesos, y fueron destinadas al financiamiento y construcción de plantas de tratamiento de aguas residuales, con una capacidad en conjunto de 24,122 litros / segundo. Además, en esas fechas estaban en etapa de promoción proyectos por otros N$ 130 millones de nuevos pesos.

- Por su parte, y bajo el amparo del Programa Nacional de Agua Potable y Saneamiento, el sector privado participa ya, con una inversión superior a los N$400 millones de nuevos pesos, en la construcción de obras de abastecimiento de agua potable, alcantarillado y saneamiento en las ciudades de Guadalajara (a través del Sistema Regional La Zurda Calderón), Cancún, Los Cabos y Aguascalientes. En algunos de estos casos se ha utilizado la figura jurídica de la concesión y el esquema de construcción llave en mano". Esta mecánica, según explica la CNA, es técnica y financieramente viable en poblaciones a partir de 50,000 habitantes y permite que la empresa constructora pueda operar las instalaciones y prestar los servicios correspondientes hasta recuperar el monto de la inversión.

- La participación del sector privado se hará extensiva a la construcción y operación de plantas de tratamiento de aguas residuales, de las que ya existen varios proyectos en firme, como el que dará servicio a Puerto Vallarta. El 74% de las plantas de tratamiento que se construye en la frontera norte se han concertado con la iniciativa privada, entre ellas las de Chihuahua Norte y Sur, Ciudad Juárez Norte y Sur, y Matamoros. También están en proceso de construcción tres macroplantas para la zona metropolitana de Monterrey, que cuentan con un financiamiento del Fondo de Cooperación Económica de Ultramar, auspiciado por el gobierno de Japón.

- La construcción y operación de plantas de tratamiento de aguas residuales se ha convertido en un apetecible negocio para las empresas mexicanas, ávidas de operar nuevos contratos de infraestructura. En una entrevista con Manufactura, publicación del Grupo Editorial Expansión, Carlos Sandoval Olvera, presidente del Consejo Nacional de Industriales Ecologistas (Conieco), manifestó que en el combate a la contaminación del agua se ha avanzado mucho más que en lo referente al aire y al suelo. Hace dos años, cuando se sometió a concurso la primera planta en Puerto Vallarta, sólo hubo dos empresas interesadas. Recientemente, la de Puebla se contrató a un precio 50% más bajo y presentaron ofertas 20 empresas.

- Una planta de tratamiento de aguas residuales para uso de la industria, con una vida útil de 20 años, puede costar entre N$300,000 y N$1 millón de nuevos pesos, y la inversión se amortiza entre seis meses y cuatro años, dependiendo del volumen y la tecnología utilizada. Instalar una de estas procesadoras no es mal negocio para la industria: si el usuario recicla el agua utilizada en sus procesos, en lugar de N$7 nuevos pesos por metro cúbico paga alrededor de 50 centavos.

- Soluciones para la macrópolis
Sin embargo, a pesar del avance alcanzado en ciudades medianas y grandes del país, el mayor desafío para estas nuevas estrategias será su aplicación en el Distrito Federal, donde ya están en sus fases iniciales de desarrollo.

- Tinoco explica que la participación privada "permitirá adoptar las mejores tecnologías y prácticas disponibles en distribución y comercialización de agua y rehabilitación de redes; implantar incentivos económicos conducentes a un mayor ahorro del recurso en la distribución, y encontrar fórmulas de financiamiento para las inversiones y gastos necesarios, que no impactarán de manera importante en las finanzas públicas de la ciudad". Además habrá importantes ahorros. El funcionario capitalino señala que estas medidas permitirán reducir en 10 metros cúbicos / segundo el abasto de agua a la ciudad, y que al cabo de ocho años podrá eliminarse el déficit financiero del sistema hidráulico de la ciudad.

- La situación tiene sus complejidades, puesto que por un lado el gobierno capitalino sostiene la decisión de retener en sus manos el control y la responsabilidad por la prestación del servicio, y por el otro carece de la adecuada información contable, financiera y operacional del sistema hidráulico. Como esto último hubiera trabado la participación de las empresas interesadas, el gobierno del Distrito Federal decidió instrumentar una estrategia basada en contratos de prestación de servicios, en los que la propiedad de la infraestructura y el nuevo sistema de cobro permanecerán en manos oficiales.

- La iniciativa se instrumentará a lo largo de tres fases progresivas, la primera de las cuales, precisamente, se dedicará a actualizar el padrón de usuarios, a la instalación de medidores, sobre todo a los grandes usuarios, y al levantamiento del catastro de redes hidráulicas. En la segunda fase se iniciará el sistema de medición, emisión de recibos y cobro del servicio. La tercera será para la operación, mantenimiento y rehabilitación de la infraestructura de distribución.

- Tinoco apunta que una vez que se concreten las dos primeras etapas y se inicie el cobro por el consumo medido en todas las tomas del Distrito Federal, la recaudación anual subirá a más de N$1,200 millones de nuevos pesos en 1996, más del doble que en 1992. En 1995, mediante la instrumentación del programa de Grandes Usuarios de Agua, la recaudación esperada es de N$ 800 millones de nuevos pesos anuales. Con este incremento en los ingresos, el Distrito Federal podrá invertir en los próximos cinco años alrededor de N$1,500 millones de nuevos pesos para rehabilitar la red de distribución.

- Algunos analistas no ocultan sus reservas respecto de la concreción de estos planes, en parte debido a las consecuencias de la reciente crisis financiera y los recortes presupuestales; tampoco se sabe a ciencia cierta cómo reaccionarán los consumidores ante el sistema de cobro y las nuevas tarifas, y si aquí se repetirán los retrocesos y vacilaciones que se manifestaron en casos como el del Ecotren de Valle Dorado a Bellas Artes, un proyecto de más de $600 millones de dólares que está prácticamente detenido debido a la oposición de grupos de vecinos.

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- Con todo y las dudas, ya es un hecho la licitación de estos trabajos, para los cuales la ciudad de México fue dividida en cuatro zonas con un número similar de tomas de agua. Todas las empresas ganadoras son asociaciones entre constructoras mexicanas y socios técnicos ingleses y franceses: ICA, vinculada con Banamex y Generale des Eaux; Industrias del Agua, integrada por Socios Ambientales de Monterrey y Severn Trent of Britain; Grupo Gutsa, con North West Water Group, y Tecnología y Servicios de Agua, integrada por Bufete Industrial, Bancomer, Lyonnaise de Eaux-Dumez y Anglican Water. Esta última asociación operara en las delegaciones Iztapalapa, Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta, con una superficie de 166 kilómetros cuadrados y 340,000 tomas de agua.

- A la hora de las conclusiones, Tinoco es realista cuando afirma que la administración pública no puede subsidiar indefinidamente la prestación de los servicios de agua y drenaje, puesto que esto significaría un grave deterioro en su estructura interna o la desatención de otros servicios en los que la participación estatal y municipal es indispensable. "Algunas entidades ya han descubierto los beneficios de la administración del agua con la colaboración del sector privado. Otras, como la ciudad de México, están por empezar a experimentar con nuevas formas de participación de la sociedad civil en la prestación de servicios municipales, que seguramente servirán para mejorar sus sistemas de agua y drenaje en un marco de finanzas públicas sanas.

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