China la amenaza oriental

Tras fuertes cambios económicos, ya con rasgos occidentales, la nación más poblada del mundo riva
Ulises Hernández

Una espesa neblina cubre Pekín al amanecer y la envuelve en un velo de misterio. Conforme despunta la luz del día comienzan a divisarse los techos de las pagodas, y por las anchas avenidas empiezan a desfilar incontables grupos de bicicletas. Los jubilados, vestidos con chaquetas y gorras de la época de Mao Tsé-Tung, se reunen por centenares en los jardines del Templo del Cielo para hacer ejercicios de tai-chi o jugar una partida de dominó.

- Estas primeras impresiones hacen creer a los visitantes que el tiempo se ha detenido en la República Popular de China, pero basta con que transcurran algunas horas para descubrir que la nación de la cultura milenaria y sus habitantes están cada vez más inmersos en el presente que en el pasado.

- Los vestíbulos  de los nuevos hoteles de cinco estrellas se llenan de hombres y mujeres de negocios que visten traje sastre, lucen modernos cortes de cabello y leen The Asian Wall Street Journal. Los adolescentes se divierten mirando videos musicales al estilo MTV y cambian el típico pollo agridulce por el de los restaurantes Kentucky Fried Chicken. Los aparadores de las tiendas exhiben lo mismo productos de belleza L’Oréal que aparatos electrónicos Phillips.

- China muestra hoy una fisonomía diferente como resultado de más de 20 años de políticas de apertura económica. Para 1995, el país que alguna vez abrigó con firmeza la economía socialista, se convirtió en el segundo receptor de inversión extranjera directa ($48,400 millones de dólares) y en el noveno exportador de mercancías ($148,000 millones de dólares) en el mundo. El año pasado, China ocupó el primer lugar en cuanto a inversión extranjera directa y sus exportaciones rebasaron los $180,000 millones de dólares. Aún así, su participación en el comercio mundial es de apenas 3%.

Competidor peligroso
Ahora el gigante de Asia está por dar un paso más en su proceso de transformación al ingresar a la Organización Mundial de Comercio (OMC). El hecho, considerado el acontecimiento económico más importante desde las reformas que puso en marcha Deng Xiao Ping en 1979, impactará los patrones de comercio internacional. - Con una población superior a 1,200 millones de habitantes, China representa un jugoso mercado para las compañías estadounidenses y europeas; pero la nación más poblada del mundo es también sinónimo de mano de obra barata, prácticas desleales de comercio y violaciones a la propiedad intelectual.

- Los empresarios mexicanos, que ya han sufrido las consecuencias de la piratería y el dumping chinos, estan preocupados y han pedido a la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (Secofi) que defienda sus intereses. Actualmente, México negocia con el gobierno del primer ministro Zhu Rongji algunas concesiones comerciales a cambio de su voto a favor del ingreso del país asiático a la OMC.

- A mediados de abril, el subsecretario de negociaciones comerciales internacionales, Luis de la Calle, y  el director general de organismos internacionales de Secofi, Gerardo Traslosheros, viajaron a Pekín con ese objetivo. México es uno de los pocos miembros de la OMC que no ha concluido sus negociaciones particulares con China (las pláticas bilaterales son un requisito indispensable para cualquier nación que desee ingresar al organismo multilateral).

- “Nuestra petición es que se le siga considerando a China una economía centralmente planificada o ‘de no mercado’ por un periodo de transición de 15 años”, con el propósito de mantener las sanciones comerciales vigentes a las importaciones chinas durante ese lapso, explica Juan Manuel de Nigris, director general del Consejo Mexicano de Comercio Exterior  (Comce), organismo que agrupa 750 miembros, en su mayoría grandes empresas exportadoras. A principios de los 90, la Secofi impuso cuotas compensatorias a productos chinos en más de 1,200 fracciones arancelarias por considerar que ingresaban al país a precios por debajo de sus costos de producción (dumping).

- Los productos chinos perjudicaron gravemente a las industrias locales del vestido, textil, calzado y juguetes –todas intensivas en mano de obra–. Muchas empresas cerraron sus puertas porque su producción fue desplazada por las importaciones chinas. En el ramo textil  la magnitud del problema fue tal, que el gobierno impuso cuotas compensatorias de hasta 500% para contrarrestar el daño.

- Si dicha nación es aceptada como miembro de pleno derecho en la OMC –es decir, adquiriendo compromisos de desarrollo de mercado, apertura económica e inversión–, no podría ser objeto de un trato comercial discriminatorio por parte de otro país y, por tanto, ello pondría a México y sus cuotas compensatorias en un conflicto. “Si China dice: ‘Ya soy miembro de la OMC, quítame las cuotas’, el efecto sería devastador en esos sectores –advierte De Nigris–. Gracias a la imposición de esas cuotas compensatorias se ha logrado mantener la planta productiva.”

- Los empresarios mexicanos temen también que las inversiones extranjeras puedan desviarse hacia China, donde los costos de mano de obra son menores a los que pagan muchas maquiladoras en los estados fronterizos. A finales de 1999, la firma juguetera estadounidense Hasbro decidió cerrar su planta de Tijuana y mudar su producción a aquel país, luego de 18 años de operar en territorio mexicano. El cierre de la planta, que dejó a 1,600 empleados en la calle, obedeció a una estrategia de reducción de costos y de concentración de operaciones. Tijuana representaba 5% de la producción de Hasbro, mientras que China ya concentraba 80%.

- El bajo costo de la mano de obra no sólo es reflejo de la numerosa población, sino de las largas jornadas de trabajo. La fuerza laboral china, tanto urbana como campesina, se estima en 700 millones de personas. Las jornadas de trabajo oscilan entre 10 y 14 horas diarias y el ingreso per cápita se calcula en $773 dólares anuales.

- Si a esto se añaden los apoyos y subsidios que brinda el gobierno chino a la planta productiva –dos tercios de los trabajadores urbanos son empleados por compañías estatales–, las condiciones de competencia resultan abiertamente inequitativas.

- “A un país como México, donde existen sectores manufactureros intensivos en mano de obra, le pega directamente la competencia china y ese es el aspecto que estamos tratando de cuidar”, dice De Nigris.

- Otra de las situaciones que preocupan a los empresarios mexicanos son las violaciones a la propiedad intelectual e industrial. Año con año, el gigante asiático ocupa los primeros sitios en cuanto a reproducciones ilegales de audio y videocasetes, discos compactos, películas, libros, programas de cómputo y videojuegos, según el gobierno estadounidense y organizaciones que vigilan la protección de sus derechos intelectuales, como la Motion Pictures Association (MPA) y la Business Software Alliance (BSA).

- Las violaciones a la propiedad industrial –aquellas que tienen que ver con marcas y patentes– son toleradas incluso por las autoridades. En la cosmopolita Shanghai, los guías de la agencia estatal de turismo China International Travel Service (CITS) llevan a los turistas a una tienda localizada en una fábrica de confección, donde por unos cuantos yuanes (moneda china) se pueden adquirir imitaciones en seda de las corbatas y mascadas de la marca italiana Versace. La visita a dicha tienda es tan natural como los recorridos que organiza la agencia a los talleres de cloisonné (cobre esmaltado) o a las granjas de perlas de agua dulce en otras ciudades.

Discrepancia
Las reglas de la OMC exigen que China entre en cintura y erradique las prácticas desleales de comercio. Los miembros de la Comce exigen a la Secofi que negocie con Pekín un periodo de transición de 15 años, porque consideran que en ese periodo el gobierno chino eliminará los apoyos y subsidios estatales a la planta productiva y el país habrá completado su transición a una economía 100% de mercado. Pero en el caso de que China aceptara las condiciones mexicanas, éstas tendrían que hacerse extensivas a los demás miembros de la OMC, según lo que disponen los estatutos del organismo. - Sin embargo, no todos los exportadores mexicanos piensan de la misma manera. “No vamos a lograr que los otros miembros de la OMC asuman las mismas actitudes que nosotros”, opina Fernando Correa, presidente de la Asociación Nacional de Importadores y Exportadores de la República Mexicana (ANIERM), que agrupa a unos 1,000 miembros, en su mayoría medianas y pequeñas empresas.

- Correa considera que la visión de Secofi es “ingenua”, pues nadie podrá frenar el ingreso de China a la OMC, y apunta que, en lugar de querer arrancarle concesiones al gigante asiático, el gobierno y los empresarios deberían de armar un plan de desarrollo industrial para contrarrestar los efectos en la planta productiva mexicana.

- “Debemos establecer una estrategia desde ahorita para prepararnos al comercio con China y no dejarlo a la buena voluntad y decir: ‘bueno, compitan, ábranse’”, advierte el líder de la ANIERM. “Debe de haber un programa estratégico en todos los aspectos: de promoción de tecnología, de desarrollo de gente especializada, de acceso al capital, que es uno de los problemas más graves que tenemos.”

- Para el dirigente, aun cuando China cumpliera con todos los parámetros de la OMC y eliminara las prácticas desleales, la competencia con los productos chinos sería fuertísima, tanto aquí como en el extranjero. Esa economía maneja producciones de alto volumen con elevados estándares de calidad y bajos costos. Por ello, dice, México debe empezar a desarrollar productos de alto valor agregado y dejar atrás el estatus maquilador para competir no sólo con China sino con todo el mundo.

- No obstante, por el momento, no existen visos de un plan industrial entre gobierno y empresarios. “Ahora, cada quien se rasca con sus propias uñas”, concluye Correa.

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