Cien días

Claroscuros. Esa es la palabra que quizá mejor define la actuación del gobierno foxista, si bien a

Hace escasos días se cumplió la simbólica fecha de los primeros 100 días del gobierno encabezado por Vicente Fox. Como ha sido desde el inicio, el signo de la actual administración –la primera surgida de la oposición luego de las larguísimas décadas del priato– ha sido el de las grandes expectativas.

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¿Qué ha pasado? Pese a que la evaluación de 100 días puede parecer un poco injusta, fue el propio presidente Fox quien, en su toma de posesión, habló de que en ese periodo los mexicanos comenzaríamos a ver los primeros resultados concretos de su gestión de cambio. Y, en este sentido, dominan la escena los claroscuros: por un lado, decisiones políticas acertadas, disciplina en el gasto, movimientos eficaces en algunas instituciones, intentos de diálogo político, anuncios de apoyo a empresarios pequeños y micros; por otro, ambigüedad en ciertos programas económicos, inconsistencias y hasta incongruencias en mensajes entre miembros del gabinete, excesos en los desplantes humorísticos del propio primer mandatario… Al final de la lista: muchos buenos deseos e intenciones, pero escasos resultados concretos. Al menos, todavía.

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Para no pecar de injustos en este veloz análisis, hay que enfatizar que el presidente Fox y su equipo están priorizando los asuntos más complejos y los problemas más añejos del país, sin descuidar un ápice la estabilidad económica. Sin embargo, el sentido de urgencia que esperamos del actual gobierno aún no es visible en muchos campos, quizá porque la atención del gobierno federal, en las últimas semanas, ha estado centrada primordialmente en la ruta zapatista y la búsqueda de un acuerdo de paz.

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En la siguiente edición de esta revista presentaremos análisis a fondo de lo que se prometió, lo que se ha hecho y lo que se hará en todas las secretarías asociadas al gabinete económico. En medio de la incertidumbre generada por el frenazo de la economía estadounidense y del circo mediático del cambio de horario, el zapatour y los conciertos por la paz, los empresarios –y, a decir verdad, el país en su conjunto– requieren señales más claras y enfoque a los temas importantes: reformas fiscal, financiera y energética, reactivación del crédito a tasas competitivas, mejoras radicales al sistema educativo, mayor inversión en infraestructura, avances en la eficiencia gubernamental, ataque frontal a los problemas ambientales y, sobre todo, combate agresivo a la  pobreza.

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En este último punto está la clave. Tal como lo dijo con toda claridad Miguel Vargas, presidente de la Fundación Vamos, en el Foro Económico Mundial de Cancún: “De la misma manera que en lo económico se adquieren deudas, ocurre en lo social. En México esa deuda, enorme, se llama pobreza. Debemos ya ser constructores de liderazgo social, inclusivo (no excluyente) y competente (no competitivo).” ¿Por ahí estamos caminando?

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