Cine Mexicano El verdadero callejón de

Encontrar el equilibrio entre sus prestaciones culturales y su rentabilidad comercial parece ser el
María Rosas

Hace más de 40 años, el cine mexicano expresaba, en América Latina, la prosperidad del país. Pedro Infante, María Félix y las rumberas eran el mejor producto azteca de exportación. En efecto, el cine mexicano atravesaba por uno de sus mejores momentos --se hablaba de su "época de oro"-, porque ganaba un gran territorio regional aprovechando que los estadounidenses, su gran competencia, enfrentaban un periodo bélico que paralizó su producción cinematográfica, para cederle el paso a -Santa, Campeón sin corona y muchas otras cintas mexicanas de renombre.

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Sin embargo, como suele suceder, las glorias de aquellos años se fueron extinguiendo. Por un lado, debido a que esa fórmula de hacer cine se agotó y las temáticas no se renovaron, lo que llevó a que las salas de Buenos Aires, Montevideo y Quito dejaran de abarrotarse para presenciar las películas aztecas. Por otra parte, el fin de la Segunda Guerra Mundial marcó el regreso, en gloria y majestad, del cine estadounidense a las pantallas latinoamericanas y con la consigna de quitar del camino a toda aquella producción que oliera a competencia.

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Desde entonces, e incluso hasta ahora, en que la cinematografía mundial celebra un siglo de vida, se escucha acerca de la crisis por la que atraviesa la industria nacional. Pero, ¿se puede hablar de crisis cuando se siguen produciendo películas que, entre otras cosas, recorren el mundo, muchas de ellas con un éxito incuestionable?

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¿Negocio o calidad? Patricia Millet, directora de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (Canacine), señala que se puede afirmar que el cine está en crisis, siempre y cuando se aclare que dichas crisis han sido diferentes a través del tiempo.

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"La poca variedad de temas fue lo que llevó a nuestro cine de oro a una primera crisis –opina­. -A finales de los 70 y durante la década siguiente, las ficheras y los albures fueron las temáticas que lo saturaron. Entonces también se empezó a hablar de crisis, pero se trataba de un problema de contenido. Había dinero para producir y, de hecho, hubo años en que se produjeron más de 200 películas".. Señala que el problema actual, en cambio, es estrictamente económico, ya que la situación por la que atraviesa el país también afecta al cine. -"Pero aunque se producen menos películas, éstas son de mucha mayor calidad."

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Datos de la Canacine señalan que durante la década pasada se filmaron anualmente entre 120 y 140 películas. En los albores de los 90 esta cifra bajó a los 50 filmes y en 1995 se produjeron menos de 10.

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Frente a este lamentable descenso, Millet aclara que la Canacine busca fortalecer a la industria: "Que aquel que esté en el negocio del cine pueda hacer eso: negocios; que obtenga beneficios y reinvierta. Esta pauta funciona en todo el mundo. Así, si el tema de las ficheras resulta redituable, pues que vengan más ficheras".

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Por su parte, Gustavo Montiel, director del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), cuna de talentosos cineastas mexicanos hoy reconocidos internacionalmente, afirma que hay que partir de la base de que en el cine los intereses prioritarios no son industriales sino culturales, ya que no hay una pronta recuperación de la inversión. "No se puede hacer una evaluación estrictamente comercial del cine. En este ámbito artístico se necesita encontrar un balance entre la finalidad cultural, expresiva, de identidad, y el objetivo comercial. Es innegable que la industria necesita recursos para seguir produciendo, sobre todo ahora que el cine ya no es subsidiado, pero no hay que perder de vista que la relación costo-recuperación no se va a dar en términos financieros, sino en función de la difusión, del mayor número de gente que vea la película", expresa.

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El difícil equilibrio . Es evidente que en estos periodos críticos, prácticamente nadie invierte en cultura. Los inversionistas buscan ganancias, que su dinero se multiplique y, para eso, nada mejor que colocar su capital en áreas que garanticen un feliz retorno de lo desembolsado. Según esto, hay quienes afirman que la cinematografía no puede considerarse como una industria, ya que no asegura ganancias rápidas y menos aún la recuperación.

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Jean Pierre Leleau, director de Televicine, brazo cinematográfico de Televisa, afirma categórico que sí es posible hablar de una industria del cine si se entiende por ésta no nada más la producción de acetatos, sino también las salas, su mantenimiento, las dulcerías que allí existen, etcétera. "En México sí existe una industria del cine que es, además, líder en América Latina. Este país es el que tiene la mayor infraestructura y el más grande índice de espectadores". Añade que en Televicine han encontrado la forma de recuperar sus inversiones: una es el video, otra la venta de películas al extranjero, o bien los pagos por evento a través de Cablevisión. "Estas alternativas nos han permitido alcanzar un cierto equilibrio".

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En el sentido más estricto del término, podría pensarse que aquí sí existe una industria cinematográfica, porque hay producción, distribución, exhibición y una infraestructura técnica. "El problema --expone Montiel- es que no se desarrollaron de igual manera la producción privada y la estatal; ninguna fue lo suficientemente sólida como para conformar una gran industria productora".

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Pero, trátese o no de una industria, ¿cómo medir la rentabilidad cultural de una película? -María de mi corazón, y Una papa sin catsup, de Gloria Trevi, ¿son equiparables económica y culturalmente?

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Leleau afirma que el cine está llamado a ser, por excelencia, el medio de transmisión de cultura más amplio. Sin embargo, reconoce que a veces es necesario producir películas comerciales más ligeras, que además arrojen ingresos suficientes como para financiar la producción de mayor calidad. "Lo importante es encontrar el equilibrio entre el cine como una empresa rentable y como promotor de la cultura. A veces tendremos que producir alguna cinta que salve económicamente a dos o tres más".

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Estímulos fiscales. Encontrar este equilibrio parece ser el centro del debate. Pero mientras éste se desarrolla, la industria cinematográfica mexicana sigue sin encontrar un mecenas al que se le convenza de las bondades de invertir, con los ojos cerrados, en un proyecto cultural.

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Montiel señala que con todo y que el cine producido por el sector privado es el que ha tenido más continuidad, tampoco ha sido la cuerda que jale al sector. Se necesitan nuevos empresarios, dice, con una mentalidad diferente. "Las nuevas propuestas cinematográficas de tanto éxito mundial y que de alguna forma cuentan con el apoyo estatal, a través de -Imcine, empiezan a tener resultados comerciales y parece que Televisa ya se dio cuenta de ello. Por eso es importante ese giro que ha dado en su política de apoyar a la nueva cinematografía: le sirve a sus necesidades de expansión, para la satisfacción de los mercados ya existentes y también le sirve a los cineastas porque les garantiza la salida de su película".

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Por su parte, Jorge Sánchez, integrante de esta nueva ola de empresarios del cine compara este quehacer con una ruleta: "Te puede ir bien o te puede ir muy mal, pero no hay nada más distante de un negocio racional que una inversión en cine. Tampoco tiene garantía, no estamos en Hollywood".

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Productor de la reconocida Danzón y actualmente de una película en coinversión con Colombia y España, considera que la única manera de revivir al "casi fallecido" cine nacional es con una política de estímulos fiscales y de créditos. "Si esto no sucede, el cine va a morir como ha pasado en casi toda América Latina, excepto en Brasil, en donde se puso en marcha un fondo especial de apoyo de $15 millones de dólares". Señala que aquí se estudia la posibilidad de la deducibilidad impositiva y se está pensando en alguna fórmula fiscal para que las distribuidoras y exhibidores extranjeras inviertan en la producción de cine.

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La distribución, estratégica. "Muchos de los mercados que ha perdido el cine mexicano han tenido como causa principal la mala distribución", expone Millet. Señala que durante los últimos 30 años el cine ha dependido prácticamente de¡ gobierno, el que ha sido empresario, productor, distribuidor nacional e internacional y que no hizo nada de eso de manera eficaz. "Esto explotó por los malos manejos administrativos, culpables también de que se dejara el terreno libre al cine estadounidense en detrimento del mexicano."

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A su juicio, la estrategia para ganar y recuperar los mercados cinematográficos es, además de invertir en buen cine, inyectar valor agregado a la exhibición, mejorando los cines y fortaleciendo la creación de este nuevo concepto de varias salas en un mismo techo, al estilo de Cinemark o de Cinemex.

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Leleau afirma que si bien se ha perdido un importante mercado nacional al liberar el precio de los boletos, por otra parte se ha recuperado un público con mayor poder adquisitivo que va al cine dos o tres veces por semana y a salas de gran calidad.

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Para Montiel, el problema de la distribución radica en que los industriales del ramo no distribuyen ni exhiben películas mexicanas, lo que impide que se cierre positivamente el ciclo de la producción y que el cine despegue industrialmente. Cree que así como el cine privado puede comercializarse a través del -videohome o en otros mercados, también se puede encontrar una salida para el cine apoyado por el Estado.

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Sánchez opina que los cineastas debieran dominar todos los procesos de la producción cinematográfica. "Tanto las cooperativas de producción como los nuevos empresarios, entre los que me incluyo, tenemos que entender la complejidad del proceso de producción y dominar absolutamente las leyes que rigen la distribución, ya que es en esta fase en donde está el dinero. Si logramos encontrar algunas fisuras en los monopolios de la distribución --lo que es muy difícil­ encontraremos también un gran nicho de mercado para nuestro cine, el cine mexicano de -calidad".

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