Cirugía plástica: también los hombres

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Julieta García González

No se asuste si de pronto descubre que su jefe se ve rejuvenecido, o si nota que un importante empresario parece no haber tenido nunca arrugas a pesar de sumar más de 60 años. O más aún, si descubre que algún respetable señor adelgazó “milagrosamente” o de pronto cambió la calvicie por una melena deslumbrante. No son actos de magia, sino de cirugía plástica estética.

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Si bien es cierto que los mexicanos se caracterizan por ser más conservadores que los estadounidenses, en naciones europeas e incluso en algunas sudamericanas también hay algunos grupos sociales que favorecen ciertas modas y toman lo que éstas ofrecen para su propio beneficio. En Estados Unidos la cirugía estética ha alcanzado niveles sorprendentes y curiosos (como el muy comentado alargamiento de genitales masculinos), mientras en México esta práctica parecería haber sido relegada a su aprovechamiento exclusivo por las damas. Pero las cosas podrían estar cambiando.

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Según la cirujana plástica Beatriz Santillán Aguirre, la demanda que los varones hacen de este tipo de cirugía se ha incrementado notablemente durante los últimos cinco años. “Ha aumentado muchísimo. Tal vez, por fin, el hombre se percata de lo bueno que es tener la posibilidad de operarse para eliminar un defecto molesto.” Y quizá así sea, aunque en número los varones no han igualado a las mujeres a la hora de operarse para “verse monos”.

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Según los médicos entrevistados, tan sólo 10% de sus pacientes para cirugía estética son varones, pues ellos en -general “no se animan”. Sin embargo, Santillán asegura que en su consultorio 40% de sus pacientes son hombres que acuden con fines estéticos. “A lo mejor es que tienen menos temor a ser juzgados si se operan con una mujer”, especula la especialista.

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Para el doctor Abdulahmid Hedo Toledo, destacado cirujano plástico —quien además realiza operaciones de cambio de sexo—, esto sigue respondiendo a un prejuicio que los hombres tienen y “al desconocimiento de lo que es la cirugía plástica”. Según varios médicos especialistas, es principalmente el miedo lo que mantiene alejado a un paciente varón de los posibles beneficios de la cirugía, y ese miedo puede ser de dos tipos: al “qué dirán” y a la operación en sí, pues una intervención de este tipo requiere de anestesia y hospitalización, además de cuidados especiales y una recuperación que puede ser dolorosa.

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“La mayoría de los varones que vienen buscan más bien cirugía reconstructiva”, dice el doctor José Escamilla Olvera, ex presidente de la Asociación de Cirujanos Plásticos. Esto se debe a que ellos están más expuestos a sufrir deformaciones de cara o cuerpo por accidentes, peleas, etcétera. Además, los hombres, a diferencia de las mujeres, no tienen una necesidad social de “verse bien” o más jóvenes. En los varones son menos notables los signos del envejecimiento y suelen entrar a la edad madura más o menos con los mismos rasgos que tenían cuando dejaron la juventud... o al menos eso piensan.

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“Yo nunca me haría la cirugía plástica (estética)”, dice Juan Manuel Arceo, joven consultor de bienes raíces quien tiene la -nariz prácticamente de lado. “Aunque tengo contacto con la gente, una cara bonita no hará que venda más o menos casas ni modificará el juicio de las personas en cuanto a lo que buscan”, asevera.

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“En general —dice el doctor Toledo—, los varones que vienen aquí -insinúan que quieren un cambio. Suelen acompañar a alguien —su esposa, muchas veces— y entonces sacan el asunto a colación: ‘¿Cómo ve las bolsas de abajo de mis ojos?’.”

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Sin embargo, una vez que están seguros de que lo quieren hacer, los hombres no se andan con miramientos. “Cuando saben que se quieren operar, se van a lo seguro”, dice Toledo. “Se recuperan muy bien y son más disciplinados que las mujeres después de la operación”, agrega Santillán.

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De perfil
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¿Qué “perfil” tiene quien decide acudir a un cirujano plástico? Se citan dos grupos principales: uno está integrado por jóvenes que están a disgusto con algún rasgo de su fisonomía y desean cambiarlo “porque les causa complejos serios”. Estos varones tienen edades que fluctúan entre 18 y 29 años; después de esa edad “el hombre está más acostumbrado a su propio cuerpo o acepta más fácilmente algún defecto”, comenta Toledo.

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La operación que más se efectúa en este grupo es la rinoplastía o cirugía de nariz. “La cara es muy importante en la ado­lescencia y la juventud”, explica Santillán.

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Otro grupo —quizá el más nutrido— es el de los hombres de edad avanzada que pretenden darle un nuevo giro a su vida o que por cuestiones de trabajo deben tener una apariencia agradable, que despierte confianza. Son generalmente personas que tienen que dar literalmente la cara: gente que trabaja en medios de comunicación, un ejecutivo de ventas, un embajador o alguna persona que necesite estar en contacto directo con otras. “Son hombres que suelen tener 50 años o más —comenta Escamilla—, personas que están ya en una edad madura.”

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Para el doctor Toledo, la principal razón por la que se operan los varones que ya pasaron los 50 años es emocional. “Son hombres que han enviudado y desean volver a casarse o que tienen una relación amorosa con mujeres mucho más jóvenes que ellos”, revela. Las operaciones que se efectúan con mayor frecuencia en este tipo de pacientes son la cirugía de párpados (que elimina las bolsas debajo de los ojos y que levanta el tejido que cae sobre el globo ocular), la de papada y el -lifting facial o ritidectomía, que incluye un “levantamiento” de cuello, papada, mejillas y párpados.

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También hay otras que implican “cambios muy drásticos” en la fisonomía del paciente, según Santillán. Dentro de estas operaciones se incluye el injerto de pelo, en la que se extrae un pedazo del cuero cabelludo de la nuca y se pone en la parte en donde falta pelo. “El aspecto de una persona que se efectúa semejante operación cambia por completo”, asegura Santillán.

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Hay un factor coyuntural que influye en las decisiones de quien se hace una cirugía estética. “La liposucción está de moda —dice el doctor Toledo—, por lo que muchos varones vienen con la idea de reducir sus medidas de modo notable.” La liposucción (literalmente se succiona grasa fuera del cuerpo) ha dado mucho de qué hablar en los últimos tiempos. De hecho, en octubre pasado un par de jóvenes modelos se sometieron a la liposucción y ambas permanecieron en coma por un tiempo prolongado. “Es una cuestión delicada —confirma Toledo—, porque es imposible sacar toda la grasa del cuerpo, y no hay que olvidar que la gente requiere también de la grasa”. A pesar de los posibles riesgos y de las equívocas interpretaciones de los pacientes (creen que una operación de este tipo los dejará delgados por siempre), la liposucción está en auge.

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¿Quiere operarse? Más vale que tenga dinero: la cirugía puede costar hasta $25,000 pesos. “Hay que ir con un médico profesional —dice Escamilla— y no permitir que las operaciones se realicen por manos inexpertas: hay dentistas, -otorrinolaringólogos y otros médicos que aseguran tener la capacidad de hacer una cirugía plástica. Eso no es cierto: para poder hacerla se requieren muchos otros conocimientos.” Un cirujano plástico tarda alrededor de seis años, después de un tiempo similar invertido en la carrera, para especializarse en esta disciplina. A ello hay que sumar la experiencia posterior.

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¿Cuáles son las consecuencias psicológicas de operarse la cara, reducirse la “panza” o eliminar la “papada”? “Pueden ser muy positivas”, dice la psicoterapeuta Minerva Salces Mühler, siempre que “no respondan a una necesidad patológica del paciente de mutilarse o de convertirse en alguien más”. De lo contrario, es probable que la reacción del paciente ante el cambio sea negativa y entre en una depresión.

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“Es indispensable que el paciente esté sano física, mental y emocionalmente”, dice Escamilla. De lo contrario no es posible operar. Para Toledo, el paciente debe estar consciente de lo que le sucederá y, para ello, es indispensable la colaboración del médico. Santillán opina por su parte que el paciente debe ser objetivo y no esperar de la cirugía plástica “algo que no puede ofrecer”. Si se cumplen estos factores, es posible que la persona se sienta más conforme consigo misma y supere algún complejo que le molestaba. Lo cierto es que la cirugía estética no es la panacea contra todos los problemas.

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