Ciudad de México <br>Una megalópolis p

Por estos días, diversos científicos sociales se han puesto a pensar cómo hacer &#34más vivible&

Entre visiones apocalípticas, de desencanto, rencor, amor y abandono, la ciudad de México continúa siendo tema central de la vida de los mexicanos, no sólo de quienes cotidianamente padecen-disfrutan-se sorprenden-alaban-denuestan su contaminación, sus toneladas de basura, sus cotidianos vaivenes de más de tres millones y medio de automóviles o los decibeles enloquecidos de sus industrias, comercios y merolicos.

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La ciudad de México también es pasión nacional, piedra de toque de la producción y el consumo, aspiración de vida para muchos, pretexto para el regionalismo de los más, centro de diversión, libertad y masas en movimiento. Es también, en estos días, motivo de una disección intelectual sin precedentes que –aunque tardía para muchos–, servirá para conocer desde sus entrañas qué la distingue, qué es y, sobre todo, qué pueden hacer todos, ciudadanos, empresarios, estudiosos, organizaciones, partidos políticos y autoridades por esta megalópolis.

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Con la participación de varias universidades e institutos de la zona metropolitana, organizados en torno al Consejo Mexicano de Ciencias Sociales, desde el pasado 10 y hasta el 14 de marzo se realiza, en el Palacio de Minería, el Primer Congreso Internacional Ciudad de México.

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¿Por qué los académicos tardaron en realizar este evento? Fernando Pliego Carrasco, secretario general ejecutivo del Consejo Mexicano de Ciencias Sociales, especialista en procesos de participación social, explica: “Como nos creemos cosmopolitas y aquí en la ciudad existen estudios de otros países, no tenemos la costumbre de vernos como región. La mentalidad centralista tiene un lado negativo que se refleja, también, en la academia”.

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Hay cientos de investigadores que estudian esta ciudad, pero no ha habido una integración de todos ellos ni tampoco redes temáticas. Pliego advierte que el encuentro es independiente de los ciclos políticos que “pronto veremos darse en la ciudad de México, pero no de los ciclos sociales. La conciencia de la opinión pública en nuestra ciudad rechaza cada vez más los programas unilaterales que se deciden sólo entre las autoridades”.

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Se le comenta que una de las recriminaciones más reiteradas a la comunidad académica es que pocas veces este tipo de congresos logran aterrizar en proyectos viables que puedan trasladarse a programas de gobierno. El académico responde que lo que se requiere es crear una estrategia intermedia de mecanismos de difusión y divulgación del conocimiento científico, esto es, convertirlo en un lenguaje claro para los grupos que toman decisiones en los sectores sociales, privados y públicos.

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Apunta que otro factor de desvinculación es que las ciencias sociales no han sido apoyadas en México porque “los actos y ejercicios de gobierno nunca han sido de largo plazo”. Pero si no se ha trabajado en esos términos, ¿para qué necesitan a los científicos sociales? “Nos han utilizado de ideólogos; una vez que se han tomado decisiones, servimos para desarrollar sus ideas”, responde el investigador y uno de los principales organizadores del Congreso.

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Pliego opina que, ante la transformación democrática que vive el país, se dará una oportunidad muy valiosa para que las acciones de gobierno se planifiquen a largo plazo. Será cuando “la academia tendrá que trabajar en una relación independiente pero en un diálogo creativo en la toma de decisiones. Ahora sí se podrá cruzar información”.

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LA REGIÓN MENOS TRANSPARENTE
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¿Cuáles son los principales cambios que está viviendo la ciudad de México? Para muchos, el Valle de México se encamina rumbo al apocalipsis urbano. Hoy por hoy, 40% de los 17 millones que habitan la ciudad tiene una calidad de vida precaria. Si a esto se agregan las proyecciones para el 2020, según las cuales, considerando un crecimiento moderado, habrá 22 millones de habitantes, los escenarios no son muy alentadores.

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Para Javier Delgado, investigador del Instituto de Geografía de la UNAM y encargado de coordinar el área temática -Transformación socioeconómica y reestructuración territorial de la región centro, el punto a debatir es que el Valle de México (como sitio físico de vida urbana) ha sido rebasado y se ha extendido a todos los estados vecinos que rodean la ciudad. La descentralización económica ha creado pequeños distritos federales; es decir, al mismo tiempo que se generan lugares de desarrollo industrial, las concentraciones demográficas se desbordan en unas cuantas ciudades y no existe correspondencia entre este crecimiento y la creación de infraestructura.

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“Uno de los propósitos del Congreso es señalar que se tiene que aprovechar la tendencia de crecimiento regional para distribuir mejor a la población en el territorio; la descentralización no sólo es hacia regiones lejanas a la ciudad, sino también en las propias regiones que rodean a la ciudad de México, y esto significa fortalecer sus municipios. Una de las prioridades del próximo jefe del gobierno capitalino debe ser llegar a acuerdos con los estados -conurbados –México, Hidalgo, Morelos, Puebla, Tlaxcala– para equilibrar de una mejor forma esta nueva dimensión regional”, apunta.

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Por otro lado, advierte que la ciudad de México necesita con urgencia que se lleve a cabo un plan de reciclamiento de áreas en desuso. Según algunos estudios, existen 8,000 hectáreas susceptibles de ser recicladas. Ejemplos: Ferrería, el rastro ubicado en Vallejo y la ex refinería de Azcapotzalco.

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Y TAMBIÉN LOS EMERGENTES
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Otros temas que se abordarán son los que se refieren a los llamados problemas emergentes: economía informal, seguridad pública, medio ambiente y calidad de vida. Según el físico Sergio Reyes Luján, director del Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad, de la UNAM, todos estos problemas se deben analizar como algo que no estaba previsto en la planificación de una ciudad como la de México, que al convertirse en una megalópolis requiere nuevas formas de interpretación y solución. Hace 12 años, recuerda Reyes Luján, era impensable tener un monitoreo de 24 horas de la calidad del aire, y las enfermedades se atribuían a males genéricos y no a factores muy concretos, como los contaminantes.

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Medidas como instalar convertidores catalíticos en los automóviles, producir gasolina sin plomo, lograr la limpieza del lago de Texcoco, sustituir el combustóleo por gas natural en las termoeléctricas y tener confinamientos de basura significan, según el académico, grandes avances.

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En cuanto a los servicios públicos, el especialista anota que los ciudadanos están acostumbrados a que sean casi gratis; no los aprecian, no los cuidan. Y ofrece datos: el consumo de agua por habitante es de 300 litros. O sea, 50% más que la que utilizan otros ciudadanos del mundo. ¿Por qué? “Porque no nos cuesta.”

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Es claro, advierte, que paulatinamente se dejará de subsidiar todo. Apenas hace dos años que el gobierno de la ciudad ha dejado de recibir transferencias del gobierno federal. “Quisiéramos más seguridad; o sea, más policías de a $1,000 pesos y además los deseamos egresados de la academia, que hablen inglés y consulten revistas de criminología”.

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Otro asunto emergente que habrá que estudiar, puntualiza un irónico Reyes Luján, es “¿cómo nos vamos a volver decentes los ciudadanos?”

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IDENTIDAD PLURAL
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¿Cuántas identidades culturales pueden identificarse en la ciudad de México? ¿Se sienten igual los residentes de Polanco, la Condesa, San -Ángel, que los de Portales, Iztapalapa, Narvarte, a pesar de vivir en el mismo espacio? A decir del maestro Luis Gerardo Morales, subdirector de Investigación de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), los referentes urbanos de los habitantes de esta megalópolis han cambiado y con ello sus costumbres y hábitos culturales, por lo que se hace más conveniente hablar de identidades plurales.

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“Queremos conocer las mentalidades que están surgiendo, una especie de mapa metropolitano, para saber hasta dónde la cultura de barrio, de vecindarios, se ha preservado y dónde ya no existe”, explica Morales.

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Es importante este monitoreo a la hora de diseñar políticas urbanas, apunta, porque las necesidades de los habitantes cambian de un sector a otro. En pocas plataformas políticas está contemplada la oferta cultural, que se ha limitado a que “los Sanborn’s sean los lugares de reunión del capitalino”. El propio Estado, agrega, se ha replegado en esta oferta porque no sabe qué tipo de público y consumidor tiene.

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En ese sentido, señala, el Congreso brinda la oportunidad no sólo de conocer los cambios del comportamiento ciudadano en los últimos años, sino también de ofrecer lineamientos pragmáticos para que la gente disfrute más de su tiempo libre y pueda gozar a la ciudad.

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El próximo gobernante del Distrito Federal tendrá que tomar en cuenta al nuevo ciudadano. Y éste no podrá seguir esperando que le resuelvan los problemas, sino asumir su responsabilidad.

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En los últimos 30 años, México ha vivido una de sus mayores transformaciones: ha dejado de ser un país de tradición cultural agraria para convertirse en otro con una cultura predominantemente urbana.

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También la ciudad está viviendo un tránsito entre tradición y modernidad. Pero una gran parte de los habitantes vive de manera fragmentaria su realidad: cada vez su territorio es más limitado y las relaciones sociales se vuelven muy difíciles de mantener. “Creo –dice Morales– que el -homo chilangus ha perdido el horizonte, su paisaje, para sustituirlo por una luz de neón permanente.”

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