Civismo. Elección de lecturas

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Quedan pocos días para saber el desenlace de la novela que han protagonizado los mexicanos desde hace ya más de dos años: ¿Quién ganará en las elecciones? Según la mayoría de las encuestas, por primera vez en mucho tiempo, el resultado es incierto. Pero una vez que se despeje esa duda, que carcome cuando menos a los candidatos, quedarán todavía interrogantes: ¿De qué habrá servido todo el proceso electoral? ¿Es México más democrático?

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De aquí al 2 de julio, todavía queda algo de tiempo para que usted se informe y razone más su voto. Le presentamos una breve selección de los libros que hablan del proceso de transición democrática en el país.

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¿Cuándo sabremos que ya entramos a la democracia? Es la pregunta que trata de contestar José Antonio Crespo, en Fronteras democráticas en México (Editorial Océano, 1999). Según Crespo, hay evidencias de que en México sí se vive una transición en el sistema político pero, con la capacidad de adaptación del partido hegemónico, es difícil saber bien a bien de dónde a dónde se está transitando. No hay un régimen autoritario por completo, pero tampoco vivimos en una democracia plena. El autor discute diferentes indicadores que pudieran servir para saber si de verdad ya se instaló la democracia en el país: que existan organizaciones civiles y partidos políticos, respeto a los comicios y también que los ex gobernantes puedan ser sometidos a la rendición de cuentas. Aunque algunos creen que sólo con la alternancia en el poder se podrá decir que triunfó la democracia, Crespo advierte que sería simplista reducir a eso el cambio.

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Otra de sus advertencias coincide con lo señalado por Juan E. Pardinas en su didáctico libro Tú y tu voto construyen la democracia (Porrúa-CIDAC, 2000): Hay que tener cuidado con abrigar expectativas desmedidas de lo que significa la vida democrática de un país. Sí, se requiere para mejorar el nivel de participación de los ciudadanos, pero no es la solución inmediata a los problemas económicos y sociales de una nación. México tendrá que pasar, dicen los autores, por una etapa de desencanto democrático. Por lo pronto, además de la transparencia en las urnas, se necesitará reforzar el estado de derecho, como explica Pardinas: “Ahora tenemos que fortalecer los límites del poder de los gobernantes y obligarlos a rendirnos cuentas”.

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En Memorial del mañana (Taurus, 1999), Federico Reyes Heroles habla de otra de las condiciones para el avance democrático: que en México los ciudadanos perciban las leyes como necesarias para mejorar su convivencia. En la medida en que se avance en ese tema, crecerá el sentido de responsabilidad en que se basa la convivencia democrática. Según el panista Francisco José Paoli (Memorial del Futuro, Océano, 1996), para que eso sea posible en México deberá superarse “la cultura autoritaria que nos lleva a pensar en soluciones que otorga un solo poder”.

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¿Y el PRI? Independientemente del resultado de estas elecciones, el partido más grande habrá cambiado. Crespo aclara que su derrota no es indispensable para demostrar que la democracia ha avanzado en México. Sin muchas simpatías por este partido, Ugo Codevilla (El PRI frente al 2000, Diana, 1999) señala que su transformación sería un complemento para la “democracia formal” en México.

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Para los muy clavados en el tema, sería interesante leer a Robert A. Dahl, un autor que los politólogos señalan como nuevo clásico. El libro La democracia y sus críticos tiene como objetivo definir qué es y para qué sirve la democracia. Una pista: “Entre los bienes fundamentales a cuyo servicio están el proceso democrático y la igualdad política se encuentran la libertad, sobre todo la libertad de autodeterminación, el desarrollo personal y la protección y promoción de otros intereses compartidos con los demás individuos”.

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