Clase de finanzas

¿Sabe qué tan segura es su Afore? Aún se busca la respuesta
María José Martínez Vial

En abril de 1998 fue juzgado, por primera vez, el nuevo sistema de ahorro para el retiro, las Afore, sistema que ya anda por los dos años. Y aunque es pronto para una conclusión, parece que las Afore no han presentado mayor problema. Durante su primer análisis, las diferentes instituciones encargadas de evaluar el comportamiento de las sociedades de inversión que manejan el dinero de las Afore (las Siefore), las calificadoras, mostraron cierto desacuerdo: los criterios utilizados no siempre coincidían; y en muchos casos, la forma de presentar los resultados se prestaba a confusión.

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Por eso, la Consar (Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro), y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores invitaron a las calificadoras a alcanzar el consenso. Con este objetivo, se decidió utilizar la misma metodología empleada para calificar inversiones de corto plazo, al estudio de los nuevos portafolios. Quizás un error: si hay un rasgo característico de los fondos de inversión para el retiro, es el largo plazo. Hoy, este capítulo está cerrado, y las diferentes instituciones han logrado dar especial prioridad al factor tiempo. Sin embargo, aunque la Consar ha regulado (para algunos “sumamente”) la mayoría de los criterios de evaluación de las Siefore estandarizando así el sector, persisten las divergencias. Las calificadoras no analizan del mismo modo el riesgo del portafolio. Tampoco se ponen de acuerdo en la manera de expresar sus resultados. Es un asunto delicado, porque la mayoría de los afiliados al nuevo sistema de pensiones son trabajadores con un nivel cultural  bajo, a los que la falta de claridad no ayuda. Es cierto que las Afore se han esforzado en enviar a sus clientes diferentes informaciones (estados de cuenta, publicidad...), pero a nivel didáctico existen demasiadas lagunas. El ciudadano está destinando parte de su dinero a las Siefore, sin saber realmente cómo funcionan; si además, las informaciones que recibe no son fácilmente comprensibles, las cosas se complican.

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“Es evidente que todavía hay que mucho por hacer, y que la ignorancia del sistema puede generar desconfianza entre la gente con bajos niveles académicos”, afirma Salvador Alonso y Caloca, vicepresidente de Planeación de la Consar. Pero aunque reconoce que hay un problema de comunicación, asegura que sí se han realizado esfuerzos. “Convertir en cotidiano el mundo de las finanzas es una tarea complicada; y lograr el consenso entre calificadoras también es difícil  en ocasiones, pero se está trabajando en ello”.

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“Nosotros calificamos con letras –explica Aurelio Cavazos, director de Duff & Phelps–. Tenemos una sola nomenclatura: A es mejor que B, que es mejor que C, y así sucesivamente... La idea es que el trabajador entienda lo mejor posible...” Standard & Poor’s, otra de las calificadoras, publica sus resultados con otro código. También utiliza letras, pero a éstas, les añade números que equivalen al riesgo de mercado. Una Siefore puede, por ejemplo, obtener la calificación aa1, o aaa3. Aunque ambas publicaciones cuenten con una explicación de su simbología, estas divergencias pueden sembrar confusión... Pero si no hay acuerdo no es sólo porque sí. Con su explicación Víctor María Herrera, director general de Standard & Poor’s, da quizás en el clavo: “No hay que olvidar que las diferentes calificadoras son instituciones diferentes, entre las que existe competencia.”

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Como sea, parece necesario que llegue un día en que los resultados sean expresados de manera conjunta. Se trata, al fin y al cabo, del dinero de todos. Y hay quien asegura que ya existe un principio de acuerdo a mediano plazo. Si así fuera, sería la propia Consar quien se encargaría de publicar el resultado de los diferentes estudios.

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