Cómo afrontar el desempleo ejecutivo

Pocas situaciones tan indeseables como el desempleo, pero en caso de encararlo quizá pueda servir p
Ma. Josefa Cañal

Antes, el ejecutivo que perdía su empleo podía aspirar a encontrar otro con relativa rapidez y quizá hasta mejor remunerado. Tal vez optaba por establecer su propio negocio o una empresa de consultoría.

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El panorama ha cambiado. Hoy como nunca, México se enfrenta a un fenómeno de desempleo masivo que reduce significativamente las posibilidades de bienestar y desarrollo. ¿Cómo hacer frente a esta nueva realidad? Gina Fontanot, profesora numeraria del Centro de Orientación Psicológica de la Universidad -Iberoamericana, responde a ésta y otras preguntas.

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¿Cuáles son las consecuencias emocionales de la pérdida de empleo para un ejecutivo?
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Depende de cuán importante sea el trabajo y la parte económica en su vida. En aquellas personas que lo anteponen a todo lo demás, la pérdida de empleo les rompe la forma como se explicaban el mundo y puede generarles una ruptura en la imagen que tienen de sí mismos. Entonces entran en un proceso de depresión —signado por desinterés, desconexión frente a cosas antes importantes, cambio de hábitos, insomnio o sólo pensar en dormir—, pues se quiebran y no son capaces de pensar qué hacer para salir del problema. También pueden vivir situaciones de mucha angustia, aislamiento, incapacidad para salir a la calle o para permanecer en un lugar durante un cierto tiempo.

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¿Existe una forma sana de enfrentar el problema?
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Quien le da importancia a distintos aspectos de la vida va a salir adelante porque podrá relativizar y pensar más objetivamente qué hacer. Aunque tal vez planeaba comprar una casa de mayores dimensiones o cambiar su coche cada dos años, enfrenta esa situación crítica pensando que nada pierde al bajar su nivel económico mientras busca una salida. Si la situación no lo paraliza, quizá logre encontrar alternativas que antes no consideraba y ser mejor como persona. La pareja y la familia ayudan mucho.

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Esa persona también debe considerar cuál es el mensaje que le está transmitiendo a sus hijos mediante su actitud. Tiene que enseñarles que la situación económica no es más fuerte que ellos. La persona que se mantuvo siempre en cierto nivel económico puede resultar más débil para enfrentar las situaciones adversas. En cambio, quien —por ejemplo— aprendió a disfrutar lo mismo en un hotel de lujo que en una tienda de campaña, tiene más posibilidades de -gozo y de no quebrarse ante lo adverso.

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¿Cuándo pedir ayuda a un profesional?
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Es más fácil hacerlo en una situación de angustia que cuando existe depresión, porque ésta paraliza, no hay energía. No es frecuente acudir a un experto porque implica un gasto extra en un momento económico difícil. Sin embargo, si el ejecutivo supera el miedo a perder su autoimagen, puede acercarse a grupos de ayuda a muy bajo costo: la Asociación Mexicana de Psicoanálisis de Grupo, la Asociación Psicoanalítica Mexicana, el Círculo -Psicoanalítico y la Asociación Gestalt, entre otras.

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¿Cómo afectan los despidos a quienes permanecen en la empresa?
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Puede cambiarles mucho, incluso su rendimiento en el trabajo. Depende de cada persona. -Algunos se pondrán las pilas y trabajarán más. Otros, en cambio, pueden entrar en procesos depresivos (“para qué hago algo, no vale la pena”). Además, la inseguridad y la angustia limitan la creatividad.

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¿Influye la edad en la forma de enfrentar el desempleo?
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Muchísimo. Antes de los 40 años predomina la sensación de que hay tiempo para recuperarse, pero a los 50 la energía ya no es la misma y es más probable caer en una depresión. A los 60, quizá no preocupe tanto la situación económica como poder estar activo, servir para algo.

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¿Está preparada la sociedad mexicana para afrontar esta situación?
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México era un país en donde el trabajo era seguro y teníamos la idea de siempre ir a más: estatus, -dinero... y no había la sensación de que algo podía perderse. Ahora no es sólo la inseguridad frente al trabajo, sino también frente a la vida (asaltos, secuestros). Quizá lo peor de la crisis es más lo que nos quita de futuro que de pasado.

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No estamos preparados. Las clases más desposeídas cuentan con redes de subsistencia —pierden la casa y van a vivir con el tío, o mandan a sus hijos a comer con el compadre—. El ejecutivo, en cambio, ha vivido en la autosuficiencia y pedir ayuda está mal visto. Hay una parte de fingimiento, de querer mantener el estatus anterior, sin afrontar el hecho de estar mal y de que es necesario moverse para eliminar la angustia.

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En el contexto de la crisis, ¿sería conveniente que el ejecutivo se replan­teara en qué ha basado su vida?
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En los países europeos, por ejemplo, han pasado por crisis y sufrimiento, lo cual les ha dado la posibilidad de enfatizar otros aspectos, como la calidad de vida. Ellos tratan de vivir mejor con los recursos de que disponen. En México, en cambio, estamos influidos por la idea de desarrollo de los estadounidenses.

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Tenemos que cambiar, acostumbrarnos a pensar a corto plazo, hacernos a la idea de ayudarnos entre las familias, aceptar que nuestros hijos de 28 ó 30 años, sin perspectivas de casarse o independizarse, vivan en casa. Los jóvenes tendrán que incorporarse a la vida laboral lo más pronto posible, no como antes que perpetuaban la vida de estudiante. Paradójicamente, cada vez necesitarían estudiar más, pero ellos dicen que estudiar no sirve para nada, y están angustiados. La crisis nos está obligando a cambiar rápidamente.

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