Cómo reestructurar una deuda

Algunas empresas saben mover sus piezas y escabullirse de la suspensión de pagos, otras no. Los est
Lucía Pérez-Moreno

La falta de certidumbre jurídica ha hecho que muchos bancos en México decidan cerrar las llaves del crédito, y las grandes empresas han tenido que recurrir a los mercados externos para  financiarse. Asimismo, la aceptación que han tenido los mayores grupos mexicanos por parte de la comunidad financiera internacional en las emisiones de bonos en esta era globalizadora, sumada a sus ambiciosos planes de crecimiento, que requieren fuertes inversiones, desembocó en un aumento brutal del endeudamiento privado.

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De acuerdo con datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, la deuda externa del sector privado no bancario mexicano se ha triplicado en los últimos 15 años: en 1986 sumaba $16,283 millones de dólares y para 2001 llegó a $55,172 millones. Este año a las empresas mexicanas se les vienen encima vencimientos cercanos a $16,300 millones de dólares, una cifra récord; muchas compañías necesitan no sólo refinanciar esos compromisos, sino también instrumentar reacomodos operativos mucho más amplios, para poder pagar y asegurar la sobrevivencia futura de la empresa.

-Las condiciones que ponen los bancos extranjeros y los tenedores de bonos a compañías de países “emergentes” para prestarles dinero, plasmadas en los llamados covenants (compromisos en los contratos de crédito), son muy exigentes. “Los bonos obligan a mantener ciertos niveles de activos, circulante, capital contable y flujo de efectivo”, explica Luis Vite, socio-consultor y experto en reestructuras financieras de PricewaterhouseCoopers. Además, agrega, los bancos de inversión están vigilando de cerca que se cumplan las reglas pactadas.

-Para no tener que lidiar con las leyes mexicanas, a las que consideran “inciertas”, las instituciones de crédito internacionales obligan a sus deudores a regirse bajo las leyes del estado de Nueva York  y, cuando alguno deja de pagar, se enfrenta a jueces de mano firme. A los tribunales de México los acreedores extranjeros sólo acuden a ejecutar las sentencias que se resolvieron en Estados Unidos para recuperar su dinero, un procedimiento que no dura más de un año.

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Administraciones ineficientes
Ante la incertidumbre económica, la caída de las ventas, los malos manejos administrativos y la falta de previsión, muchas empresas con pasivos abultados terminan en el incumplimiento de pagos, lo que conduce a costosos procesos de renegociación y reestructuración financiera para evitar juicios y, al mismo tiempo,  a mantener abierto el acceso a los mercados de capitales internacionales.

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El caso más reciente es el de SanLuis Corporación, que ha tenido que iniciar una etapa de reestructura para evitar que sus acreedores interpongan demandas judiciales. Este año, la empresa cayó en default (incumplimiento de pagos) debido a una mala coyuntura en el sector de autopartes, acompañada de ineficiencias administrativas, según han señalado analistas privados.

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Su deuda neta representaba casi tres veces y media su capital al cierre del primer trimestre del año (cuando lo aconsejado es que la razón de apalancamiento no sea más de uno) y el precio de sus acciones cayó a la mitad en los últimos 12 meses finalizados en mayo pasado. La empresa  hizo algunos ajustes durante 2001 para reducir gastos y prepagar su deuda financiera, que asciende a cerca de $500 millones de dólares, pero cuando sobrevino el 11 de septiembre todo el proceso se truncó. “Se incrementaron las tasas de interés y se cerraron los mercados de deuda”, dice Luis Miranda, analista en la Casa de Bolsa Santander Serfin.

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Antonio Madero Bracho, presidente y director general de SanLuis, está en una carrera contra el reloj para reestructurar la empresa y obtener plazos más largos en los vencimientos de la deuda. Este año vendió el negocio de minería LuisMin, el cual aportaba cerca de 15% de los ingresos del grupo. Ya logró recalendarizar algunos pagos de bonos, pero ha tenido que aceptar términos más duros en los contratos de deuda, como canalizar todos los excesos de flujo de efectivo hacia su pago. “Tuvo que hacer un alto en el camino para llevar a cabo un proceso de reestructuración que le permita seguir operando”, refiere Vite. Dada su baja cobertura de intereses, es muy probable que la empresa se vea obligada a buscar un socio extranjero que le inyecte capital. “Actualmente no tiene suficiente flujo para pagar los intereses”, añade Miranda.

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Mientras que en una renegociación de la deuda el objetivo primordial es alargar los plazos de la misma o mejorar sus condiciones, una reestructura significa un proceso mucho mayor y más complicado: “Implica una reingeniería total del negocio”, señala Guillermo Sottil, socio-consultor de la firma ADP Mercer. 

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Algunas compañías han evitado entrar a procesos de reestructura forzados como el de SanLuis, al adelantarse a los problemas financieros. Uno de los pocos ejemplos exitosos que se tiene presente en México es el de la firma de medios Televisa. En 1997 inició un recorte de sus operaciones y posteriormente lanzó el plan Televisa 2000 con miras a mejorar su salud financiera. Durante tres años limpió la casa; vendió sus participaciones en PanamSat, de operación satelital, y Univision, un canal hispano de Estados Unidos. Recortó gastos operativos y adelgazó la nómina. Los recursos obtenidos los destinó a reducir el monto de su deuda.

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“Crearon una situación muy diferente a la Televisa de 1995 que se había embarcado en muchas adquisiciones”, comenta Francisco Rivero, director de análisis en Casa de Bolsa Santander Serfin. Antes de la reestructura, el gigante de medios tenía gran parte de sus vencimientos a corto plazo, pero al alcanzar una cobertura de intereses razonable (suficiente flujo de caja para el pago de intereses), renegoció su deuda y emitió nuevos bonos con plazos de hasta 30 años. Aceptó pagar tasas de interés más altas, pero el esquema fue un éxito. “Este caso sienta un precedente importante en México porque es la primera vez que una empresa nacional logra tan buenas condiciones.”

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Manipulación financiera
Las empresas muy endeudadas, con vencimientos en puerta y que operan en un mercado deprimido, muchas veces tratan de engañar a los acreedores al manipular sus estados financieros e intentar transferir los fondos a otras compañías para rescatar su capital. “Son prácticas muy extendidas”, asegura Vite.

-El caso más reciente en el país es el de Compañía Minera Autlán, la más grande productora de ferroaleaciones de manganeso en Norteamérica. Esta agrupación, cuyo director general es José Antonio Rivero Larrea,  acumuló durante años pérdidas que atribuyó a la caída de los precios de los minerales pero que, de acuerdo con los analistas del sector, también se debieron a una mala administración.

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El año pasado se declaró en incumplimiento de pagos, con lo cual se canceló su cotización en Bolsa. Empezó a negociar con sus acreedores mexicanos y extranjeros rebajas de deuda. “Su propuesta era francamente obscena” y las negociaciones fracasaron, dice un analista que conoce esta empresa. Finalmente, añade, los accionistas de Autlán desviaron los recursos de la firma a un negocio donde los bancos no podrían ejercer sus garantías: la línea aérea Allegro. La minera terminó en manos de un fondo de inversión estadounidense, dejando sin saldar deudas por cerca de $200 millones de dólares, casi el valor de sus activos.

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Muchos banqueros de inversión ven muy difícil que los anteriores accionistas de esta empresa puedan recuperar la confianza de los bancos para recurrir a nuevos créditos en otros negocios.

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Por lo general, los bancos se dan cuenta cuando el deudor les oculta información o está desviando recursos. “Siempre están midiendo el riesgo para saber si el cliente es solvente”, dice Ernesto Kruger, socio fundador de Fincor, consultora dedicada a asesorar a empresas que requieren refinanciamiento.

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Si el engaño se descubre, las instituciones bancarias endurecen su postura o cancelan las negociaciones. “La manipulación de las cifras le hace un gran daño a las negociaciones”, enfatiza el entrevistado. Se crea un ambiente de hostilidad y los bancos condicionan cualquier acuerdo posterior a un enorme blindaje legal y financiero.

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En el caso de incumplimiento de pago, se hace más necesario para la empresa asesorarse con expertos en la materia. “Si le pides a los mismos empleados de la compañía que hagan un plan de reestructura entras en un circulo vicioso, pues ellos fueron los que metieron a la organización en problemas”, arguye Rafael Moreno Valle, dedicado a las reestructuras financieras en su despacho del mismo nombre.

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Los expertos en reestructuras, que en México son por lo general ex banqueros o contadores, asisten a las organizaciones a revisar las características de su deuda, la viabilidad de los activos no estratégicos y la relación con proveedores, entre otros aspectos. “Hay que identificar todas las áreas de la compañía que no están funcionando adecuadamente”, señala Sottil. Además, hay que elaborar proyecciones financieras para ver si la agrupación tendrá suficiente capacidad de pago en unos años.

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Muchos deudores se resisten a encarar una negociación porque suponen que los bancos van a tratar de quedarse con su firma. Si bien los banqueros tienen fama de insensibles, la mayoría tiene una actitud pragmática. “A ningún banco le interesa entrar a costosos y prolongados juicios que pueden terminar quedándose con los fierros de una empresa”, analiza Federico Hernández Chávez, director de reestructuras corporativas de KPMG.  Casi siempre están dispuestos a declarar una “tregua legal” (Stand-Still) para renegociar un nuevo acuerdo de pagos.

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Durante ese lapso el deudor debe actuar rápido, porque cuando las negociaciones se prolongan demasiado se corre el riesgo de erosionarlas. “Llega un punto psicológico donde ya no se puede avanzar más”, afirma Luis Manuel Meján, director del Instituto Federal de Especialistas de Concursos Mercantiles.

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La mayoría de las compañías espera a estar gravemente enferma para tocar la señal de alarma, aunque entonces ya puede ser demasiado tarde. “Cuando el cuerpo está tendido en el forense, ya nada se puede hacer por reanimarlo”, ironiza Hernández Chávez.

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Finalmente, los expertos observan que no hay que menoscabar la importancia de un buen mercadeo. “Por más bueno que sea el plan [de reestructura financiera], si no tienes la habilidad de venderlo no vas a convencer a los bancos”, sostiene Sottil.

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