Cómo templar un negocio mientras otros

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Juan Cedillo

La tormenta que azotó al mercado siderúrgico internacional el año pasado fue la peor de los últimos 25 años. La combinación de vientos asiáticos, heladas siberianas y lluvias amazónicas dejó algunos náufragos. En México, incluso, los nubarrones comenzaron antes, en 1995, cuando el “error de diciembre” (de 1994) provocó una caída de aproximadamente 50% en el consumo de productos de acero.

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De modo que el sector mexicano sufrió los embates de dos tormentas, la interna y la externa. A pesar de ello, hubo quienes lograron llegar a puerto seguro, o salieron incluso fortalecidos. La siderúrgica Lázaro Cárdenas Las Truchas (Sicartsa) es uno de estos casos. Entre 1996 y 1999 esta empresa ha aumentado en más de 50% su producción de acero líquido.

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Entre las medidas que le permitieron sortear el desplome del mercado y la caída de los precios del acero, señala Julio César Villarreal Guajardo, director general de Grupo Villacero (al que pertenece Sicartsa), está la reconversión tecnológica, iniciada precisamente en 1995, y en la que invirtieron alrededor de $500 millones de dólares. En el terreno financiero, en ese periodo también negociaron la ampliación de los vencimientos de sus pasivos de corto plazo.

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La firma supo aprovechar cada una de sus ventajas, como la ubicación de su planta, que le facilita tanto las maniobras de recepción de la materia prima como las de envío de sus productos a los distintos mercados. El dato dista de ser insustancial si se considera que en un año, de 1994 a 1995, la producción de la empresa dirigida a la exportación fue de 0 a 60%. “Hay que reconocer que Sicartsa cuenta con circunstancias privilegiadas que le han permitido sortear con menos dificultades los embates del desplome de los mercados y los precios del acero: la ubicación de Sicartsa en el puerto de Lázaro Cárdenas (en Michoacán) le permite recibir y enviar nuestros productos a los distintos mercados a costos considerablemente menores que los de otras acereras, lo que es una ventaja significativa”, dice Villarreal. El ahorro en materia de transporte, respecto de otras compañías del sector ubicadas en la región norte del país, puede alcanzar hasta $30 dólares por tonelada.

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La modernización tecnológica llegó para varias de sus plantas, entre las que se cuentan una de oxígeno, otra de inyección de finos de carbón y, desde mayo de 1998, también incluyó la operación de un nuevo horno de fusión, que por sí sólo representa una inversión cercana a $200 millones de dólares.

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Este horno, conocido como oxicúpula, garantiza una producción anual de 650,000 toneladas y constituye una innovación tecnológica respecto del tradicional sistema de cubilote, debido a la posibilidad de inyectar oxígeno a la velocidad del sonido, lo que permite utilizar materias primas más baratas que la chatarra para producir acero, además de que genera ahorros importantes en la utilización de coque, debido a las menores pérdidas térmicas. “Con la reconversión tecnológica que iniciamos después de 1995 logramos abatir aún más nuestros costos y convertirnos en una de las empresas acereras más eficientes del mundo –afirma un orgulloso Villarreal–. Así que nos sentimos bien preparados para enfrentar los nuevos retos que el panorama mundial nos propone, en los que los costos y la calidad van a ser determinantes.”

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Posterior a la reconversión tecnológica vino la reestructuración financiera. “A raíz de la crisis que provocaron los efectos tequila, samba y dragón, creo que nuestro principal acierto fue la prevención, y ante estos escenarios contingentes, en Sicartsa se tomaron varias medidas. En la mayoría de los casos se logró negociar con antelación y dar una mejor estructura a la deuda, pasando pasivos de corto a largo plazo. Así, hubo tiempo de generar ciertos espacios para maniobrar, es decir, fue posible dirigirse a nuevos clientes y a nuevos países”, expone el directivo.

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Hasta 1994 Sicartsa atendía esencialmente al mercado nacional, pero la crisis del año siguiente la obligó a salir a los mercados externos con aproximadamente 60% de su producción. El mercado natural de Sicartsa es Estados Unidos, así como los países de la Cuenca del Pacífico, Asia y Latinoamérica. Pese a que el volumen comparativo de exportaciones ha retrocedido, en los últimos años la firma ha incursionado en más de 30 naciones, a las que destina 30% de su producción, en tanto que el 70% restante se queda en el país.

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También la geografía cuenta
Desde enero de este año, Villacero estableció un acuerdo de coinversión con la firma alemana Coutinho Caro para comercializar los productos de Sicartsa en el mercado mundial. En El Salvador, a su vez, creó Aceros de Centroamérica, con la finalidad de distribuir sus productos en esa región. Y en México compró recientemente Temple Industrial, empresa ubicada en el estado de Veracruz, en la que producirá derivados de alambrón para atender el sureste del país. Además, en Estados Unidos opera una compañía productora de varilla, Bordel Steel, y otra de tubos Tex Tube.

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Uno de los aciertos de Sicartsa fue la especialización, observa Francisco García Hernández, investigador del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), pues a diferencia de otras empresa que entraron en un proceso de expansión y diversificación de productos, Sicartsa se mantuvo en una misma línea. Eso le permitió enfrentar la competencia que, derivada de la crisis asiática y rusa, generó la creciente importación de productos de acero a bajo precio, refiere García.

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Sin embargo, debido precisamente a esa especialización, su producción de varilla, perfiles y productos para la construcción, etcétera, será la primera en resentir el nuevo ajuste que se prevé sufrirá la economía en el año 2000 o 2001, después de las elecciones presidenciales, advierte el investigado del ITESM.

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Mientras tanto, Villacero sigue adelante con sus planes. Uno de ellos es la construcción, en Guanajuato, de Siderúrgica del Bajío (Sibasa), que en su primera etapa producirá 600,000 toneladas anuales de varilla corrugada. Asimismo, están en proceso de ampliación las instalaciones de la planta Viga Trefilados, con el fin de aumentar su capacidad de producción de 40,000 a 200,000 toneladas anuales de derivados de alambrón. “Otra tarea será enfocarnos a alcanzar el potencial de productividad de la modernización tecnológica y el incremento de la capacidad instalada de Sicartsa realizada entre 1996 y 1999. Esta coinversión permitió llevar nuestra capacidad de producción de acero líquido de 1.5 a 2.35 millones de toneladas anuales, y también aumentar nuestra capacidad instalada de laminación, con lo que estamos listos para satisfacer las necesidades del mercado y consolidar nuestra operación una vez que repunten los precios del acero”, afirma Villarreal.

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Uno de los objetivos de la empresa en el mediano plazo es ampliar sus mercados. “Buscamos la diversificación con la venta de materiales de mayor valor agregado, abriendo por una parte la línea de productos, como actualmente estamos haciendo con el alambre y sus derivados y, por otra, buscamos ampliar la base de clientes para la varilla corrugada y el alambrón, pues queremos conservar nuestro liderazgo en estos ramos”, concluye el directivo.

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