Codusa: Mundo de papel

El tiempo se agota para Corporación Durango: sus deudas crecen y las alternativas cada vez son meno
Raúl Castro

Con una deuda de casi $814 millones de dólares para los próximos años, seguramente Miguel Rincón Arredondo, presidente de Corporación Durango (Codusa), tiene muchas cosas en qué pensar.

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Y es que durante los últimos meses las cosas no han sido nada fáciles para esta empresa, que es en una de las productoras más grandes de pulpa, papel, empaques y papel para la impresión de periódicos en Latinoamérica. La compañía tiene una producción anual de 2.2 millones de toneladas de papel y ventas por $1,100 millones de dólares.

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De acuerdo con la publicación Pulp & Paper Magazine, el consorcio ocupa la posición 36 dentro del ranking de la industria mundial del sector.

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La organización está compuesta por tres subsidiarias: Grupo Industrial Durango (Gidusa), que se cuenta entre los principales fabricantes de empaques de cartón en la región y tiene en México 40% del mercado. La segunda es Pipsa-Mex, líder en la producción de papel para impresión y escritura con una cuota del mercado doméstico de 70% y una capacidad de producción de 420,000 toneladas anuales, de las cuales 25% se exportan a Estados Unidos y América Latina. Codusa también tiene un importante programa de crecimiento en la unión americana, donde genera 60% de su producción y la mitad de sus ventas totales. Ahí se encuentra establecida su tercera filial: Durango Georgia Paper Company, la cual adquirió en 1999

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A pesar de que la agrupación tiene entre sus clientes a empresas como Nestlé, Bachoco, Domeq, PepsiCo, Kimberly-Clark, Ford, Volkswagen y Cemex, las cosas comenzaron a complicársele durante el año pasado con la deceleración económica en Estados Unidos y México.

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El 27 de abril de 2001 anunció el cierre de operaciones en la Compañía Industrial de Atenquique, debido a los elevados costos de producción. De acuerdo con Francisco Ochoa, director general de la planta localizada en Tuxpan, Jalisco, la mano de obra representaba 25% del costo de producción de la unidad, contra 8 y 10% que representa en las otras cinco fábricas de Gidusa.

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Sin embargo, el verdadero trasfondo del anuncio consistió en terminar con el contrato colectivo de trabajo, que tenía 55 años de antigüedad y que la empresa consideraba poco competitivo “para una economía global”.

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Tras cuatro meses de conflicto con el sindicato, a finales de agosto de ese año los trabajadores aceptaron un nuevo convenio colectivo y la planta siguió sus operaciones normales.

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Tiempo después, en octubre de 2001, la firma tuvo que reestructurarse y fusionar su subsidiaria, Grupo Industrial Durango, con la holding, Corporación Durango. De esta forma estaba en mejores condiciones competitivas y, sobre todo, pudo contratar mayor deuda. 

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Los movimientos fueron insuficientes. La calificadora Fitch considera que el punto crítico para Codusa fue la caída en la actividad económica de Norteamérica, que se tradujo en un desplome de la demanda en algunos de sus mercados más importantes y una escasa generación de flujo.

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Hasta el primer trimestre de 2002, el consorcio operaba a 78% de su capacidad y arrojaba una caída de 20% en sus ventas netas, que sumaban $217 millones de dólares.

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En cuanto a las ganancias, el descenso fue todavía más estrepitoso y apenas sumó $19 millones de dólares. Esto significó una reducción de 52% contra el primer trimestre de 2001, cuando sus números mostraron casi $40 millones de dólares.

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En su división de papel, las ventas tuvieron una baja de 22% y en la de empaques de 20%. Además, tanto los embarques al exterior como los precios de sus productos se redujeron 11%, agudizando la situación financiera de la compañía.

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En ese contexto, el 22 de mayo Standard & Poor’s anunció una reducción en las calificaciones de riesgo de la empresa en moneda nacional y extranjera. La calificadora argumentó que “la revisión refleja la imposibilidad de Codusa de mejorar su generación de flujo de efectivo y reducir su deuda como consecuencia de la situación económica actual, lo que ha dado por resultado un continuo deterioro de su perfil financiero”.

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Durante 2002 y hacia finales de junio, los títulos de la organización en la Bolsa Mexicana de Valores tenían una pérdida de 30.93%.

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La gran deuda
Como si esto no fuera suficiente, la casa consultora advertía que el consorcio tenía elevados niveles de apalancamiento. Hacia el cierre de este año la papelera tendrá que enfrentar compromisos por $48 millones de dólares, pero de ahí en adelante la situación será mucho más complicada.

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Para el año próximo los compromisos serán por $196 millones de dólares; en 2004 de $105 millones y en 2006 de casi $321 millones de dólares. Sumados todos los adeudos que tiene Codusa hasta 2010, la cifra asciende a casi $814 millones de dólares.

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Pese a todo, el 7 de junio la agrupación anunció una nueva emisión de deuda por $175 millones de dólares. Además dio a conocer su intención de comprar anticipadamente sus títulos con vencimiento en 2003 para aligerar una carga de $196 millones de dólares.

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Con los recursos obtenidos se pagarían deudas de corto y largo plazos y adicionalmente se cubrirían los gastos de la compra anticipada de los bonos. Aunque el factor más importante es que se eliminarían restricciones impuestas por los inversionistas que participaron en la colocación de deuda.

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Otra de las medidas de Codusa orientadas a mejorar su situación financiera y su perfil de deuda es la oferta de activos no estratégicos. Según Fitch, la compañía podría efectuar ventas por $50 millones de dólares en los próximos meses y una cantidad similar durante el año próximo.

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Los activos que podrían ponerse a disposición de los compradores son las divisiones de empaques de huevo y su negocio de productos de madera.

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El 17 de abril ya se había anunciado la venta de propiedades de Durango Georgia Paper Company por $6.5 millones de dólares, pero el camino para llegar a $100 millones de dólares todavía es largo.

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Además, Standard & Poor’s advierte que “el tiempo que este tipo de operaciones toma es naturalmente incierto”.

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Es decir, habrá que esperar hasta que las transacciones sean cerradas con el fin de determinar si son suficientes para aliviar la apretada situación de este gigante del papel.

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