Comercio agrícola. Cómo romper el cerc

La paradoja de las naciones ricas de exigir apertura en el agro mientras ellas lo protegen amenaza c
Felipe Gazcón

En materia de negociaciones agrícolas, las endebles economías de los países en desarrollo librarán durante el presente año, en el seno de la Ronda del Milenio de la Organización Mundial de Comercio (OMC), una batalla que de entrada parece perdida frente al proteccionismo de las grandes potencias, enmascarado en diversas modalidades de subsidios a la producción y exportaciones de sus alimentos y productos del campo.

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En la últimas dos décadas un sinnúmero de países no industrializados, incluido México, confiaron en los dictados de la teoría neoliberal y desmantelaron poco a poco sus protecciones y apoyos al agro, pensando que el mercado permitiría una correcta asignación de los recursos y el consumidor tendría el privilegio de escoger los mejores productos al menor precio.

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Estas economías no consideraron que las naciones poderosas, que mucho impulsaron la liberalización del comercio agrícola, se encargarían de diseñar ingeniosos argumentos y tecnicismos para mantener, y en algunos casos elevar, las subvenciones. Sus diplomáticos y representantes comerciales argumentan que no asignan subsidios, sino "restituciones a los productores, apoyos o subvenciones". Aclaran que tampoco son créditos preferenciales a la exportación: "a los productores se les ofrece liquidez para que exporten sus mercancías", dicen.

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Países como los de la Unión Europea (UE) y Japón han acuñado el concepto de la multifuncionalidad de la agricultura, según el cual a sus campesinos se les debe ayudar para que mantengan los campos y cuiden la salud alimentaria de sus pueblos. Añaden que a los productores rurales se les tienen que proporcionar fondos con el fin de evitar el desempleo, mantener las cadenas productivas y cuidar la ecología.

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Las naciones ricas han gastado año tras año miles de millones de dólares en subsidios al campo y han dejado muy en claro que no están dispuestas a eliminarlos. Lo que podrían negociar es la reducción de éstos, a cambio de una serie de requisitos que no parecen aceptables para las naciones en desarrollo, como la baja de aranceles o la inclusión en el paquete de sectores no agrícolas.

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De acuerdo con la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), en 1999 los subsidios en los países industrializados, particularmente Estados Unidos y la UE, sumaron $360,000 millones de dólares. Se trata de un monto exorbitante si se considera que el comercio mundial de productos del campo se ubicó en el mismo año en $544,000 millones de dólares.

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Keith H. Christie, embajador de Canadá en México, señala que las naciones ricas, como las de la UE, ignoran que los subsidios pueden representar la muerte para muchos productores de economías en desarrollo. El diplomático agrega que tales subvenciones son los elementos que más distorsión causan al sector en el mundo, además de que golpean a los productos de países en donde hay pocos apoyos, como México, ya que deben competir con importaciones desleales.

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Manuel López Blanco, embajador de la UE en México, reconoce que en su región los subsidios pagados a los agricultores aportan 50% de sus ingresos. Sin embargo, aclara que el presupuesto actual de la zona es mucho más bajo que el de hace cinco años.

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La propuesta de los países del Mercado Común del Sur (Mercosur) –integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay– para la negociación en la OMC, aboga por una supresión de los apoyos a los productores. Indica que éstos han desordenado el mercado mundial, al generar sobreoferta de alimentos y precios deprimidos.

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Debido a que los productos agrícolas de los países en desarrollo no pueden competir en precio y calidad con los de las naciones poderosas, muchos se han convertido en importadores de alimentos, como México. Los respaldos en dinero, créditos, infraestructura y asesoría técnica que reciben los campesinos de estos países les permiten darse el lujo de exportar a bajos precios, dejando fuera del mercado a sus rivales menos afortunados.

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¿Qué hacer?

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A pesar del panorama poco optimista Mike Moore, director de la OMC, expresa que para los países pobres es mucho más benéfica una nueva ronda de negociaciones. Dice que esa es la vía adecuada para que los pequeños productores busquen un mejor acceso a los mercados, se defiendan de políticas unilaterales de economías fuertes y protegidas, y negocien un marco legal más justo con medidas como el sistema de resolución de controversias, que pretende amparar a los más débiles.

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López Blanco observa: "Se crean disciplinas que se imponen a todos y eso siempre es bueno para las naciones pobres, se evita la extraterritorialidad y la arbitrariedad de los grandes países, que son los que se benefician de una relación de fuerzas dispar." Opina que a los países pobres les conviene negociar una baja de aranceles en la OMC porque sus propios impuestos son "demasiado elevados; entrar a una liberalización comercial que les permita el acceso a otros mercados reduce los costos de sus propias importaciones".

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Aunque varias de las economías menos avanzadas –en especial de África y Asia– ya entran a la UE y Estados Unidos con arancel cero, Moore indica que en la Ronda Multilateral existe una propuesta para ampliar la lista a los 48 países más pobres de los 140 socios de la Organización.

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José Silos, asesor de la dirección del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias, advierte que las pláticas en el seno de la OMC en materia de subsidios serán complicadas, debido a que existen muchos apoyos encubiertos en las naciones industrializadas como aportaciones cuantiosas para la capacitación, asesoría técnica y créditos para materias primas.

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El economista –quien participó en los acuerdos del capítulo agropecuario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)– sugiere a las naciones en desarrollo buscar reglas del juego claras, ya que no sólo se tratará el tema de subsidios sino que también se pretende regular el comercio de organismos vivos modificados, transgénicos y normas y medidas sanitarias o fitosanitarias, tópicos que han sido usados en ocasiones por las potencias como escudos proteccionistas contra las importaciones de las economías pequeñas.

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La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés) recomienda a los países débiles negociar en bloque para que sean reconocidas sus asimetrías respecto a los más fuertes.

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Seattle: el fracaso

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La Ronda Uruguay del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés), que culminó con la creación de la OMC en 1995, impulsó una mayor liberalización, negociada entre 1986 y 1994. Sin embargo, no se logró poner orden en los subsidios a la producción doméstica y las exportaciones.

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En la segunda ronda de discusiones –realizada en diciembre de 1999, en Seattle, Washington– se pretendía diseñar una agenda para profundizar mecanismos que derribaran las barreras al comercio agrícola. Sin embargo, los elevados subsidios fueron la manzana de la discordia que impidió avanzar en las negociaciones.

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Se confrontaron las posiciones de los países débiles y los ricos. También chocaron los grandes productores agrícolas del mundo aglutinados en el Grupo Cairns –con 18 miembros, entre los que destacan Canadá, Australia, Argentina y Brasil– con Estados Unidos y la UE. A su vez, estos dos últimos también se sumergieron en una guerra de acusaciones que ha retardado el avance en la materia.

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En la redacción del texto para la agenda una sola palabra generó el desacuerdo: Estados Unidos y el Grupo de Cairns deseaban que la UE se comprometiera a una "eliminación" gradual de los subsidios; esto fue inaceptable para los europeos, quienes dijeron que se quería poner al principio el objetivo final de la negociación; sólo se comprometieron a una "disminución" gradual.

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Los principales países y bloques de productores involucrados en las pláticas presentaron en los últimos días de marzo –durante la Reunión de la Comisión de Agricultura de la OMC– sus nuevas propuestas en las cuales ratificaron su compromiso de avanzar en la liberalización del comercio agrícola.

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Debaten los poderosos

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Estados Unidos se pronuncia por limitar las subvenciones de cada país a un porcentaje fijo del valor de su producción, aunque pide mantener la flexibilidad para apoyar a los productores en caso de desastres naturales, como sequías o heladas, y en algunos productos esenciales. Dice que los subsidios se deben clasificar en dos categorías: los que distorsionan el comercio y los que causan mínimos impactos.

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Visto ese criterio, su Departamento de Agricultura propone eliminar los subsidios directos a la exportación. Entre 1998 y 1999, a ese país correspondió sólo 2.2% del total de subvenciones mundiales por dicho concepto, mientras que a la UE 90.3%. Sin embargo, sugiere que los créditos a las ventas externas no se negocien en la OMC (con 140 países), sino en el seno de la OCDE, que cuenta con 30 naciones miembros, incluidas todas las potencias económicas (aunque en los años 90 hayan aceptado a México y algunos países de Europa del Este).

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En cuanto a los aranceles, propone reducirlos en las importaciones agrícolas y eliminar las disparidades nacionales en esta área.

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López Blanco critica la postura estadounidense: "Pretende liberalizar todo, al igual que el Grupo Cairns, aunque ellos tienen altos subsidios con instrumentos diferentes a los de la Unión Europea. Su objetivo es mantener sus mecanismos desmantelando los de sus competidores."

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Las naciones de la UE y Japón observan a la agricultura como una actividad muy importante para la sociedad y no como un negocio más: es el concepto de la multifuncionalidad. El desarrollo regional, la lucha contra la desertificación, el agro como parte del medio ambiente y los aspectos sociales, son sus argumentos. "Si estos temas no son tomados en cuenta en la negociación de la OMC será muy difícil que la UE pueda progresar en el desmantelamiento arancelario", advierte López Blanco.

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En el otro extremo está el Grupo Cairns, que concibe a la agricultura como una industria que produce bienes y en donde cuenta más el que produce mayor cantidad a menores costos, sin considerar el efecto sobre la ecología.

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Christie, el embajador canadiense, ataja las objeciones al señalar que la UE introduce el tema de la multifuncionalidad porque no está dispuesta a abrir sus mercados: "Por ello complica las cosas en la negociación con un lenguaje sospechoso." Cuestiona que los europeos hablen de negociar una liberalización del comercio agrícola cuando sólo se refieren a su deseo de bajar los aranceles pero no los subsidios.

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López Blanco responde: "Quienes nos acusan de inventar argumentos para negociar y mantener un proteccionismo no conocen la historia de la política agrícola común de los últimos 20 años. Se trata de ajustar las fuerzas del mercado a los objetivos sociales."

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¿Y México?

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Algunos expertos señalan que México tiene poco que negociar o que ganar en la OMC luego de su apertura unilateral en la materia, incentivada por la Ronda de Uruguay y los acuerdos comerciales que firmó. Agregan que el país destina menores subsidios que los industrializados, lo que le brinda un reducido margen para tratar el tema.

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Sin embargo Luis de la Calle, subsecretario de Negociaciones Comerciales Internacionales de la Secretaría de Economía, sostiene que México tiene cosas por las que pelear. En el documento preparado por su dependencia, la Secretaría de Agricultura y el sector privado, que fuera presentado ante la OMC a finales de marzo, el gobierno mexicano propone la eliminación de los subsidios a las exportaciones agrícolas y una reducción sustancial de las subvenciones a la producción doméstica.

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El funcionario agrega que el país luchará por que se reconozcan las asimetrías entre las naciones ricas y pobres, con el fin de que se permita a estas últimas mantener algunos subsidios –congruentes con la OMC– para el desarrollo general del campo y de algunas regiones en particular.

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Por otra parte, México busca actualizar su legislación antidumping y antisubsidios, con la intención de no permitir la entrada de productos que tengan tales protecciones a su mercado.

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Las autoridades locales del sector pretenden acortar los tiempos para la investigación de importaciones de productos del campo en condiciones desleales, debido a que se trata de artículos perecederos y, por tanto, los procedimientos para defender a los productores deben ser más rápidos que los utilizados en el renglón de manufacturas.

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En las reuniones de Seattle, los funcionarios de la extinta Secofi –hoy Secretaría de Economía– se inclinaban más por la postura del Grupo Cairns, de poner en la misma mesa de negociaciones la rebaja de todos los subsidios y de los aranceles al comercio agrícola. De hecho, México ya realizó una súbita apertura en este terreno que, a decir de muchos productores, fue indiscriminada porque permitió importaciones de maíz, trigo, arroz y soya, en algunos casos por encima de los montos negociados en el TLCAN. El entrante secretario de Medio Ambiente, Víctor Lichtinger, señalaba antes de asumir su cargo que las importaciones de maíz en tales condiciones generan la miseria de ocho millones de productores agrícolas.

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Debido a los efectos adversos de la apertura en el campo, Enrique Dussel –académico del Posgrado de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)–, sugiere no sólo a las autoridades del país sino también a las de Estados Unidos y Canadá crear un mecanismo de transferencia de recursos para los productores mexicanos que han sido los perdedores del TLCAN.

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Humberto Jasso –director de Negociaciones Industriales y Agrícolas de la Secretaría de Economía– expresa que el escenario ideal de conclusión de negociaciones en la OMC para los intereses de México sería que las economías industrializadas eliminen o reduzcan sustancialmente sus subsidios, pero permitan mantener los propios en el país.

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Sin embargo, reconoce que México, al igual que las naciones en desarrollo, recibirán "presiones" para ceder en algunas áreas, como parte del juego de la negociación con las naciones desarrolladas.

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