Comercio ambulante. Manzanas de la disco

Tradición ancestral y eficaz alternativa para desempleados y consumidores de escasos recursos, el t
Mario Guillermo Huacuja

Una de las maquetas más atractivas y pintorescas que se encuentran en el Museo de Antropología de la ciudad de México es la que presenta al mercado de Tlatelolco antes de la llegada de los españoles: en ella se aprecia una constelación de mercaderes indígenas vendiendo mantas de vistosos dibujos, piezas de obsidiana, ornamentos de plata y cobre, alfarería de Cholula, flores de Xochimilco, yerbas medicinales, pencas de maguey, gusanos y serpientes, ollas de barro, chiles y frijoles, diademas de plumas, iguanas y armadillos, atole y agua de chía. Lo que ahí vemos son los orígenes de una tradición ancestral: desde ese entonces, el - tianguis o mercado callejero ha sido un elemento indispensable en la vida social de los mexicanos, y no sólo como el lugar predestinado para el intercambio de mercancías, sino también como un centro de convivencia y medio de comunicación, espacio de feria permanente, inspiración para pintores y extensión del hogar.

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En esencia, el tianguis mexicano es lo más opuesto al supermercado de los sajones: mientras que los supermercados cuentan con precios fijos, aire acondicionado y estantes sin vendedores, en los tianguis hay un calor ambiental y humano, los precios varían de acuerdo a los arreglos personales y los vendedores se convierten en -marchantes, que son los proveedores exclusivos de las familias.

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Después de la conquista, los vendedores callejeros se trasladaron al costado sur de lo que ahora es la Plaza de la Constitución, y algunos fundaron el Portal de Mercaderes al poniente del Zócalo. Posteriormente, los comerciantes se diseminaron por la ciudad.

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En la actualidad, y después de haberse visto opacados por la proliferación de las grandes cadenas de supermercados, los tianguis han vuelto por sus fueros, transfigurados por obra de la crisis económica en puestos ambulantes, ese fenómeno que pulula incesantemente por casi todos los rincones de las grandes urbes, y que ha generado una gama muy variada de efectos sociales: desde los dilemas que representan para las autoridades fiscales hasta los enfrentamientos con los granaderos en cada desalojo, el ambulantaje se ha convertido en un refugio para los desempleados, imán para los consumidores de bajos ingresos, jaqueca permanente para el comercio organizado, fuente de prebendas para líderes y autoridades, fuerza de apoyo para los partidos políticos y material inflamable para los conflictos y la violencia.

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Economía informal, ¿hasta dónde? A finales de los años 80, un ingeniero peruano con gran influencia en el gobierno, llamado Hernando de Soto, publicó un ensayo titulado El -otro sendero, en el que afirmaba que nueve de cada 10 comerciantes de Perú eran parte del sector informal de la economía, debido a las trabas burocráticas que impedían establecer un negocio legal. Según el autor, el culpable del crecimiento de la economía informal era el gobierno, quien pagaba sus culpas con una evasión fiscal escandalosa y, en consecuencia, con una bancarrota crónica.

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Pero el caso de Perú no era exclusivo. Según un estudio realizado por los investigadores Week y Frey en 1984, la economía informal contribuía con más del 8% del Producto Nacional Bruto en países tan formales como Estados Unidos, la República Federal Alemana, Inglaterra y Francia, mientras que en Bélgica y Suecia superaba el 12%. Una década más adelante, la CEPAL informó que entre 1980 y 1992 en América Latina 80 de cada 100 nuevos empleos se generaron en el sector informal de la economía, lo cual implicaba un crecimiento acelerado.

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Después de la publicación del valioso libro de De Soto, muchos investigadores e instituciones se adentraron en el análisis de la economía informal. Aunque las denominaciones variaban arbitrariamente -lo mismo se le llamaba economía subterránea que mercado negro o ilegal-, en esencia se trataba de todas aquellas actividades económicas que no eran registradas en las estadísticas y que no causaban impuestos. Tales actividades incluían lo mismo el contrabando que los servicios sin contratos, los juegos ilícitos y la prostitución, los préstamos usureros y el trueque, los trabajos domésticos y el tráfico de drogas.

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En el Estudio Nacional sobre el Comercio Informal, realizado por encargo de la Concanaco hace dos años, se afirma que existían aproximadamente 300,000 puestos ambulantes en las 45 principales ciudades de la República, que eran atendidos por cerca de 880,000 ambulantes. Eso implica que, únicamente en la capital del país, el ambulantaje superaba en 42% al número de comercios establecidos formalmente. En 1993, las ventas de los ambulantes se elevaron a N$114,400 millones de nuevos pesos, derivados de una enorme variedad de artículos que se agrupaban en alimentos preparados (28%), ropa y calzado (21%), juguetes y mercería (13%), electrodomésticos (9%), y otros (29%). Esta actividad generaba una impresionante derrama económica para una gran cantidad de familias, pero le quitaba al fisco más de N$14,000 millones de nuevos pesos.

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Venta ambulante, horario fijo. Aunque generalmente se piensa que los ambulantes no tienen ningún tipo de organización laboral, en la práctica se trata de un trabajo que se rige por un conjunto de normas muy precisas. En la estación Insurgentes del Metro capitalino, que es un lugar privilegiado por la cercanía de la Zona Rosa y las oficinas aledañas, lo que más se vende son aparatos electrónicos, ropa y alimentos. Pero las ventas tienen sus turnos y los vendedores ciertos horarios, que varían de acuerdo a los horarios de las oficinas, los comercios establecidos, los cines, los centros nocturnos y la afluencia de pasajeros en el metro.

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A las 6:00 am llegan los que venden comida, jugos y desayunos, que permanecen hasta las 11:00 am un poco antes de esa hora aparecen los que venden corbatas, audífonos, pilas, grabadoras y casetes, y que permanecen hasta las 9:00 pm; y por la noche arriban los que venden películas de contrabando, artículos de papelería, tamales para la cena. Al filo de las 11:30 pm la jornada del ambulantaje se da por terminada.

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"Esta es una actividad como cualquier otra -dice Guillermina Rico, la lideresa que atiende a los ambulantes en sus oficinas de La Merced, pero cuya influencia se extiende hacia la Zona Rosa y la Colonia Roma-, y como cualquier otro ciudadano el comerciante ambulante tiene sus derechos. Por eso es injusto que se maltrate al ambulante, que se le prive arbitrariamente de su fuente de trabajo, que se le trate como a un delincuente. Nosotros somos los que continuamos con la tradición del tianguis mexicano."

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Pero resulta que no todos los ambulantes son propietarios de sus puestos, sino asalariados de los verdaderos dueños. En los lugares estratégicos de venta, las ganancias pueden ser contundentes. Un ambulante del Metro Insurgentes, quien pidió omitir su nombre para evitar represalias, dice que las ventas del ambulantaje son enormes. "Varía dependiendo de cada puesto -afirma señalando la gran variedad de mercancías que se ofrecen en los accesos-: al que vende películas "piratas" le va muy bien. Ofrece estrenos que aún no se exhiben en los cines, a precios de ganga. Todo esto lo sacan de Tepito. En estos puestos se están vendiendo entre N$1,500 y N$2,000 nuevos pesos diarios de mercancía. Los proveedores de casetes venden entre N$400 y N$500 nuevos pesos al día. Los que ofrecen "fayuca" llegan a reunir de N$2,000 a N$3,000 nuevos pesos al día entre pilas, accesorios para teléfono, -walkman, audífonos. A los que venden en la mañana también les va muy bien, sacan entre N$300 y N$500 nuevos pesos al día, dependiendo del puesto. Los puestos de jugos venden alrededor de N$300 nuevos pesos al día".

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Informa que la mayoría de los ambulantes que están en el Metro Insurgentes son empleados, todos tienen un patrón y perciben un sueldo. El patrón es el que viene en la noche y recoge la cuenta. Los sueldos, dice, oscilan entre N$25 y N$30 nuevos pesos diarios. -"O sea que los patrones son los que salen ganando con el negocio y además tienen varios puestos, por ejemplo, en San Cosme y en la calle de Puebla. También hay por ahí algunos que son pequeños propietarios, que están en su lugar de venta y trabajan en sus propios puestos, y en ocasiones les va mal. Pero los patrones no se pueden quejar, porque si les va mal en un puesto se equilibran con las ventas del otro."

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Refugio del desempleo, pero... En 1995, año cabalístico del desempleo, el ambulantaje se ha convertido en un refugio para los que perdieron su trabajo. Según César Flores, asesor de la Federación de Comerciantes, Condóminos y Locatarios de la Vía Pública de la República, únicamente de febrero a julio se han integrado a su agrupación más de 250 personas que se habían quedado sin empleo. "Para estas gentes -afirma-, el comercio ambulante es una opción de vida. Y lo es también para los consumidores de escasos recursos, esa inmensa mayoría que sufre los aumentos de precios. Este año, mucha gente se quedó sin trabajo y es mejor que se conviertan en ambulantes y no en delincuentes".

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Los bajos precios de los productos del mercado ambulante tienen su lógica, pero es falso que ello se deba a que los ambulantes no realizan ningún tipo de desembolsos. Ciertamente, no pagan impuestos, ni renta, ni luz, ni contribuciones de ninguna índole, pero tienen otro tipo de gastos. "Para ser ambulante se necesita tener dinero para poner un puesto y conocer a los líderes -afirma un ambulante que pidió omitir su nombre-; poner un puesto le cuesta, dependiendo del lugar, N$1,500 ó N$2,000 nuevos pesos. Hay algunos líderes que dan incluso facilidades, pero para todo aquél que quiera poner un puesto, ésa es la cuota de entrada. Además, hay que pagar al líder N$20 nuevos pesos al día, y los inspectores de vía pública pasan por su cuota cada semana. Y ahora, como se acerca la temporada navideña, hay que pagar también entre N$200 y N$300 nuevos pesos por permiso de venta. Si el ambulante no paga esto, le quitan el puesto. Y al entrar un nuevo vendedor, el líder se apodera de otros N$2,000 nuevos pesos por el derecho de vender en ese sitio. El de la camioneta pasa diariamente, pero únicamente supervisando. Si ve un puesto de más habla con el líder, y entre los dos arreglan el asunto. El hecho de estar agremiados es casi forzoso, y cada vez que hay algún evento político los ambulantes tienen que acudir a él. Quien comanda esa agrupación es Guillermina Rico, pero la base de toda la red que existe son los líderes."

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Dolor de cabeza para los establecidos. Si hay un sector para el cual el ambulantaje representa una competencia desleal y tramposa, ese es el comercio establecido. Y para ellos –como para muchos otros-, 1995 ha sido uno de los peores años de la historia reciente: en el segundo trimestre del año, 95% de los comercios medianos y pequeños de la capital del país padecieron un desplome de 45% de sus ventas, debido al incremento de los precios, la caída del poder de compra, el aumento del desempleo y... el ambulantaje.

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"Es cierto que tenemos una cultura del tianguismo en México -afirma Salvador López Negrete, presidente de la Cámara de Comercio de la Ciudad de México-, pero lo que estamos viendo en las grandes concentraciones de ambulantes no tiene que ver nada con los tianguis. Lo único que conserva es el nombre. Porque el hacer una venta callejera no les da una connotación de comercio, como ocurría en la época prehispánica: hay que recordar que entonces los tianguis estaban perfectamente regulados, ya que había una autoridad que ejercía justicia expedita cuando se cometían abusos. Eso no sucede con los ambulantes.”

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A juicio de los comerciantes organizados, el ambulantaje no es un problema comercial o fiscal, sino que forma parte de una "cultura de la ilegalidad" que atropella los derechos de la sociedad en su conjunto. "Nosotros consideramos que el ambulantaje afecta no nada más al comercio organizado de la ciudad de México -afirma López Negrete-, sino a todas las demás esferas de nuestra vida ciudadana, y en general a todos los habitantes de la ciudad de México en su economía y en sus actividades cotidianas. Primero, el ambulantaje ocupa los espacios públicos -plazas, jardines, accesos- y les impide cumplir sus funciones urbanas. Segundo, afecta al erario público, toma de los procesos económicos sin dar nada a cambio, y altera la economía de la ciudad. Tercero, además de no pagar impuestos, no cumple con las normas de protección al consumidor, ni con las garantías, ni con las normas básicas de salud -en el caso de tratarse de puestos ambulantes de alimentos, que generan temibles focos de infección en la ciudad. Si un número mayor de ciudadanos se dedica a practicar estas actividades, va a llegar el momento en que nuestra ciudad no tendrá la base fiscal necesaria para poder mantener una atmósfera de seguridad, un adecuado equipamiento urbano y el clima necesario para la convivencia."

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Sin embargo, el punto neurálgico del asunto es el hecho de que el ambulantaje ofrece una gama muy variada de productos a precios inferiores a los que se encuentran en el comercio establecido, y por ello los consumidores de bajos recursos acuden a los puestos ambulantes para surtirse. Por esto, la organización de los comerciantes organizados desempeñó un papel muy importante en los desalojos que las autoridades realizaron el pasado mes de agosto en el Centro Histórico, y mantiene una campaña permanente para erradicar al ambulantaje en toda la ciudad.

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A juicio de los establecidos, ellos son los principales afectados por el ambulantaje. "En primer lugar, nos dan un mal nombre -afirma el dirigente de la Canaco- Muchos de los abusos que se cometen frente al consumidor, se cometen por quien practica la venta callejera. El ambulante atiende a un consumidor poco enterado de sus derechos; es un consumidor que muchas veces está dispuesto a sacrificar esos derechos por obtener el precio más accesible, y al comprar mercancías de dudosa procedencia y calidad, generalmente no tienen la satisfacción adecuada. Eso nos da un mal nombre, porque luego se les llama comerciantes ambulantes, pero no son comerciantes. En segundo lugar, nos afecta porque representa una competencia desleal. Los ambulantes se establecen sin pago de rentas, sin pago de impuestos, sin pago de luz, etcétera, y muchas veces se expenden los mismos productos afuera de los establecimientos. En tercer lugar, causan problemas de seguridad, porque dentro del sistema que tienen de administración de sus espacios y protección de sus actividades, tienen verdaderos cuerpos paramilitares para hacer una -"Justicia" expedita dentro del concepto que tienen de lo que se puede y no se puede hacer. Utilizan métodos de mano dura, y esto no contribuye en nada a una convivencia más armónica. Hay muchos aspectos por los cuales compiten, y muchas maneras con las cuales hostigan al comercio establecido."

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Mientras para López Negrete la mejor solución para el ambulantaje es una desregulación que quite las trabas a la libre actividad empresarial y libere a los ambulantes del yugo impuesto por sus líderes, para los miembros de la Asamblea de Representantes del Distrito Federal la única alternativa es partir del reconocimiento legal de dicha actividad para poder reordenarla, en un marco que contemple los derechos de los ambulantes, pero también sus obligaciones con el fisco y con los consumidores.

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