Comercio mortal

Los estadounidenses desesperados por un trasplante de riñón están viajando a América Latina, donde organizan cirugías que pueden resultar fatales.
Michael Smith / Bloomberg

La madre de Luis Picado recuerda el día en el que su hijo pensó que había ganado la lotería. Llegó a su casa de techo de lata y ladrillos en un barrio pobre de Managua, Nicaragua, y dijo que había encontrado una manera de escapar de la pobreza y de empezar una nueva vida en Estados Unidos. Un estadounidense había prometido darle a Picado, un joven de 23 años que tuvo que abandonar la escuela secundaria para trabajar como obrero de la construcción, un departamento en Nueva York a cambio de que le donara uno de sus riñones. Luis aceptó el acuerdo inmediatamente, dice su madre.

Tres semanas después, en mayo de 2009, Picado salió de la cirugía en el Hospital Militar de Managua, con una hemorragia interna de las arterias que los médicos habían afectado al remover el riñón, de acuerdo con la historia clínica del joven. Su madre, Elizabeth Tercero, se puso de rodillas cerca de la cama de su hijo en la sala de recuperación, y comenzó a rezar. "Le dije a mi hijo que no se preocupara, que yo lo cuidaría", cuenta Tercero, de 49 años. "Pero era demasiado tarde". Picado se desangraba mientras los doctores intentaban salvarle la vida, según el reporte de un juez de instrucción. "Siempre anduvo en busca del sueño americano, y finalmente esto le costó la vida", dice Tercero.

Matthew Ryan, el estadounidense, tuvo un destino similar. Ryan, de 68 años, supervisor jubilado de una compañía de autobuses de Nueva York, murió dos meses después de recibir el riñón de Picado, en el mismo hospital. Los reportes post mórtem de las autoridades nicaragüenses citaron el trasplante como la causa de muerte de ambos hombres. Los fiscales de Managua están investigando si alguien infringió una ley nicaragüense que prohíbe pagar a un donante por un órgano.

Los dos hombres formaron parte de un mercado ilícito y cada vez más grande, el de trasplante de órganos, que se extiende por todo el mundo. Cada año, aproximadamente 5,000 personas gravemente enfermas provenientes de países como Estados Unidos, Israel o Arabia Saudita, pagan a otros para que les donen sus órganos, dice Francis Delmonico, profesor de la Escuela de Medicina de Harvard y cirujano. Esta práctica es ilegal en todos los países excepto en Irán, explica Delmonico. Los pacientes ricos, a menudo desesperados, viajan a países donde los pobres les venden sus órganos. En América Latina, con frecuencia, los trasplantes son organizados por intermediarios sin autorización para hacerlo, y los realizan cirujanos acreditados. La demanda global de órganos excede ampliamente la oferta existente. En Estados Unidos, 110,673 personas están en listas de espera para un trasplante de órgano, y por año se encuentran menos de 15,000 donantes.

El comercio ilegal de órganos es el lado desagradable de una industria que en otros aspectos es legal, la del turismo médico. Los procedimientos médicos legales generaron aproximadamente 100,000 millones de dólares de ganancias en 2010, según un reporte de Deloitte Touche Tohmatsu.

Durante décadas, los ricos de Brasil, México y Arabia Saudita han recurrido a los hospitales de Estados Unidos y Europa para obtener el tratamiento médico que no podían conseguir en su país. Pero en la década pasada, este esquema cambió. En la actualidad, hay hospitales desde México hasta Colombia que atraen a los estadounidenses con promesas de tratamientos de gran calidad por una fracción de lo que les costaría en su país. La empresa de turismo médico MedToGo LLC, con sede en Temple, Arizona, dice que, en breve, ofrecerá trasplantes de riñón en México y Costa Rica por 50,000 dólares, a un quinto del costo en EU.

En Perú, Rafael Peraldo, un taxista que actualmente está bajo investigación por presunto comercio de órganos, ha recorrido las calles de los barrios bajos desde 2005, según cinco personas que, al ser entrevistadas, dijeron que le vendieron a él sus riñones. Peraldo les pagó 5,000 dólares, aseguran las cinco personas. Los pacientes que compraron los órganos pagaron al menos 150,000 dólares, según las investigaciones de los fiscales. "Los pobres se han convertido en un banco de repuestos para los ricos", advierte Nancy Scheper-Hughes, antropóloga de la Universidad de California, Berkeley, y especialista en tráfico de órganos.

La Procuraduría Nacional de Perú está investigando 61 trasplantes en siete de los principales hospitales de Lima desde 2004, según demuestran los documentos sobre este caso. Peraldo es uno de los 150 intermediarios, doctores, enfermeras y otros implicados que están bajo investigación, señala Jesús Asencios, procurador que lleva adelante el caso. Peraldo asegura en una entrevista telefónica que no ha hecho nada malo: dice que no hará más comentarios hasta que concluya la investigación.

Como las personas con fallas renales siempre tienen problemas generales de salud, el trasplante nunca es garantía de cura. Aun así, un trasplante legal tiene muchas posibilidades de éxito. Más de 75% de los receptores de trasplantes de riñón en Estados Unidos viven 10 años más, según los Institutos Nacionales de Salud. Por lo general, los donantes no tienen problemas; pueden llevar una vida normal con un solo riñón. En contraste, en el comercio ilegal, abundan los peligros tanto para el donante como para el receptor.

Los órganos extirpados en Perú de 2004 a 2010 fueron a personas enfermas de Estados Unidos, Chile, México, España y Venezuela, según los registros de los hospitales y las entrevistas de los fiscales con donantes y médicos. Óscar Soberón, fundador de una empresa de sistemas de computación de la Ciudad de México, fue uno de estos pacientes. Luego de aproximadamente un año de sesiones de diálisis para sobrevivir a su insuficiencia renal, Soberón acordó que se le realizaría un trasplante en un hospital de Lima con el médico peruano Christian Miranda por 125,000 dólares, contó el empresario a los fiscales antes de morir. El 1 de noviembre de 2009, los doctores trasplantaron un riñón de un panadero a Soberón. Once semanas después de la cirugía, Soberón moría a causa de una infección generalizada, según muestra su historia clínica.

Es en los barrios más pobres de Lima, la capital, donde los intermediarios han encontrado a la mayoría de los donadores. Los intermediarios reclutan a personas como José Levano, técnico de laboratorio desempleado, y a su esposa, Vilma Bramon. Ellos viven con uno de sus cuatro hijos y la madre anciana de Levano en un hogar muy humilde de Ancón, una localidad costera al norte de la ciudad de Lima. No tienen agua potable.

En 2005, Levano, de 45 años, puso un aviso en el diario local ofreciendo en venta uno de sus riñones. Peraldo, el taxista, respondió al anuncio. Peraldo le pagó 5,000 dólares y los cirujanos de la Clínica Internacional de Lima realizaron el trasplante sin ninguna complicación el 20 de agosto de 2005.

Para fines de 2007, la pareja estaba en bancarrota después de ocuparse de un familiar enfermo. Levano llamó a Peraldo y le dijo que su esposa estaba dispuesta a donar un riñón. Peraldo llevó a Vilma Bramon al laboratorio clínico LAD SrL de Lima; uno de los socios del laboratorio es Víctor Salas, amigo de Peraldo, explica Bramon. Pocos días después, Peraldo llevó a Bramon a ver a un nefrólogo a la clínica El Golf, en la colonia San Isidro de Lima, una de las zonas más lujosas de la ciudad. "Me dijo que era una candidata perfecta para ser donante y que nada me pasaría", recuerda Bramon.

A principios de enero de 2008, Peraldo contactó a Bramon con la noticia de que había encontrado un paciente que necesitaba un riñón, dice. El 20 de enero, Bramon ingresó al hospital San Felipe donde Peraldo le entregó  6,000 dólares en efectivo, cuenta la mujer.

Al día siguiente, el 21 de enero de 2008, José Arias, cirujano de trasplante miembro del personal del hospital, le extirpó el riñón. El órgano le fue trasplantado a un español, señalan los reportes del hospital para la investigación policial. Bramon dice que desde entonces sufre fuertes dolores. "He visto a cuatro médicos diferentes y gasté todo el dinero que recibí por mi riñón en médicos y medicinas".

A menos de un año de la extracción del riñón de Vilma Bramon, Peraldo y Miranda hallaron a otra persona dispuesta a vender un riñón. A fines de 2008, un amigo que había vendido un riñón envió a Eduardo Yataco, un trabajador de la construcción de Lima, a ver a Peraldo. "Me prometió unos 12,000 dólares", recuerda Yataco, de 33 años. "Me dijo que era totalmente seguro".

Yataco fue a la clínica Vesalio de Lima. Arias, el mismo cirujano que operó a Vilma Bramon, le extirpó el riñón izquierdo el 12 de febrero de 2009, según consta en los registros del hospital. El receptor del riñón de Yataco fue una mujer de Lima, de acuerdo con los registros del hospital citados por la policía.

Un caso mexicano

Meses después, Miranda recibió el llamado de un mexicano que quería comprar un riñón, según los hallazgos de la policía. Óscar Soberón, fundador de la empresa de sistemas de computación S&C Constructores de Sistemas, con sede en la Ciudad de México, había sufrido problemas renales desde diciembre de 2008. El peluquero de un club privado le había comentado sobre los transplantes de órganos en Perú, cuenta Óscar Soberón Jr., su hijo.

A fines de septiembre de 2009, Soberón padre llamó a Miranda a Lima, y el doctor le prometió que le haría el trasplante por 125,000 dólares, declaró Soberón a la policía luego de la intervención. "Me dijo que esa suma cubriría todos los gastos míos y los de la persona que donaría el riñón", explicó Soberón.

Peraldo llamó a Santiago Montero, un panadero limeño, de 34 años, según la declaración de Montero a la policía. Cuando Montero ingresó al hospital Santa Lucía de Lima el 31 de octubre de 2009, los doctores anotaron en su expediente médico que la causa para extirpar el riñón era la presencia de piedras en el órgano. "La idea era ocultar lo que estaba sucediendo", señaló Montero a la policía mientras investigaban el caso. "La verdad es que nunca tuve problemas en mis riñones".

El 1 de noviembre de 2009, los cirujanos extirparon el riñón izquierdo de Montero y se lo transplantaron a Soberón. Mientras Montero se recuperaba de la cirugía, Peraldo fue a visitarlo. "Me dio 7,000 dólares", contó Montero a los investigadores.

Seis semanas después de la cirugía, Soberón, de 56 años, empezó a quejarse de dolores severos. Fue al hospital San Felipe, el mismo donde los cirujanos extirparon un riñón a Vilma Bramon, según la policía. El organismo de Soberón rechazó el órgano trasplantado, muestra su historia clínica. El 13 de diciembre, los doctores lo extirparon. En menos de 10 días, Soberón había desarrollado fiebre y neumonía, tal como consta en un reporte de la investigación con fecha 23 de diciembre de 2009. Murió el 14 de enero de 2010 en la Ciudad de México, y su cuerpo fue cremado. "No creo que este negocio tenga que ver con la medicina", señala Óscar Soberón Jr. "Es sólo una cuestión de dinero".

Fanny Fregueiros, abogada del Ministerio de Salud de Perú, explica que Soberón murió porque el trasplante no se realizó correctamente. El 26 de enero de 2010, recomendó a la Procuraduría Nacional que acusara a las partes implicadas en el caso de tráfico de órganos. Hasta mediados de abril, nadie había sido procesado.

De vuelta en Managua, Elizabeth Tercero solloza. En marzo de este año, visitó al fiscal que investiga la muerte de su hijo y él le dijo que, posiblemente, será muy difícil probar que alguien infringió la ley. "Nada me va a devolver a mi hijo Luis", lamenta la mujer.

ÓRGANOS EN ALTA DEMANDA
Ante la escasez de donadores, las personas viajan por el mundo en busca de trasplantes.
País
Nº de personas esperando un trasplante de órganos
Donadores en 201
Tiempo de espera para un trasplante de riñón
Estados Unidos 110,693 14,506 3.5 años
Reino Unido 7,733 2,025 3.04 años
FUENTES: US Department of Health and Human Services y UK National Health Service.
LA ODISEA DE VILMA BRAMON

El ama de casa peruana decidió, al igual que lo había hecho antes su esposo, extirparse un riñón para pagar las deudas de su familia.

Octubre 2007 Contacto. Bramon le pide a Rafael Peraldo si puede vender un riñón. Peraldo le ofrece 6,000 dólares.
Semanas después Laboratorio. Bramon dice que Peraldo la lleva a un laboratorio para comprobar que está en condiciones de ser donante.
Enero 20, 2008 Pago. Bramon ingresa al hospital San Felipe de Lima. Peraldo le paga 6,000 dólares en efectivo, dice ella.
Enero 21, 2008 Cirugía. El riñón de Bramon le es extraído y de inmediato es trasladada al área de cuidados intensivos sufriendo dolor y fiebre.
Enero 7, 2011 Daño. Aún con dolor, Bramon acude en Lima con el cirujano Wilfredo Luna, quien le informa que su cirugía le produjo daños irreversibles.
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