Comienza el cortejo

Las cifras de inversión e intercambio comercial entre las dos regiones no impactan a nadie, y los e
Elia Parra E.

La escasa presencia de Europa en América Latina, en términos comerciales, inquieta al Viejo Continente. Las importaciones de la Unión Europea (UE) provenientes de Latinoamérica disminuyeron de 3.2% en 1980 a 2.3% en 1990. El desequilibrio no se ha corregido en la presente década: del total de importaciones hechas por la UE en 1997 –casi $2 billones de dólares–, sólo 2.1% provinieron de Latinoamérica y El Caribe. Y otro elemento crucial, que acentúa la inquietud europea, es que mientras el volumen total del comercio entre ambas regiones se expandió 80% de 1990 a 1997, en el mismo periodo el intercambio de las naciones latinoamericanas con Estados Unidos se incrementó en 219%.

- De cara a esta poco alentadora situación, y más allá de los afanes de determinados países por diversificar su comercio –entre ellos México, con su flamante acuerdo comercial con la UE–, de este lado del Atlántico se suceden los análisis para buscar una explicación a esta suerte de “desinterés latinoamericano”, tal vez más aparente que real. Dentro de tal contexto y bajo el auspicio del Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE) y del Centro para la Empresa en Latinoamérica (CELA), ambos de la Universidad de Navarra, se realizó en Madrid el Primer Encuentro Empresarial Europa-Latinoamérica.

- La reunión congregó a máximos ejecutivos de compañías iberoamericanas –Pérez Companc, de Argentina; La Electricidad de Caracas, de Venezuela; Grupo Bavaria, de México; CSN de Brasil y Grupo Wong, de Perú, entre otras–; a representantes de empresas españolas con intereses en América –Endesa, Gas Natural, Unice y Dragados–; a responsables de 11 Escuelas de Negocio de Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Guatemala, México, Perú, Portugal, Uruguay y Venezuela; a académicos y políticos americanos y a representantes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y de la Comisión Europea.

- Con el eje puesto fundamentalmente en la oferta que hoy constituye Latinoamérica para los inversionistas europeos, se analizaron temas estratégicos de gestión empresarial, como el diseño de alianzas y mercados financieros.

Indiferencia
Para la mayoría de los expositores, el desconocimiento mutuo es la principal barrera para un comercio más fluido entre ambas regiones. “Hay una enorme ignorancia en cómo Europa ve a Latinoamérica, y al revés es lo mismo”, indica Miguel Ferré, catalán avecindado en Perú desde hace 20 años y director general de la Escuela de Dirección de la Universidad de Piura. “Los empresarios peruanos, por ejemplo, no tienen la más remota idea de cómo funciona la Europa unida a través del euro, y tampoco perciben la enorme capacidad de ahorro en este continente, así como Europa tampoco se da cuenta de la gran necesidad de inversión que tiene Latinoamérica.” - Advierte también la falta de homogeneidad en esta última región, y pone como ejemplo el Pacto Andino, el cual “no es un bloque microrregional compacto en términos de fronteras”, como es la UE. Cree, en cambio, que en este último tiempo se ha producido una mayor estabilidad política, con reglas del juego claras y estables, “lo que es muy importante para los inversionistas; todos los países, con la sola excepción de Venezuela, saben a dónde quieren ir en el futuro –Colombia también, pese a que hasta ahora no ha podido solucionar los problemas que le corroen–”. Lamenta, en todo caso, la tergiversación que hacen muchos medios europeos de la realidad de las naciones latinoamericanas, lo que, según él, contribuye a crear desconfianza al momento de invertir o buscar socios. José Luis Suárez, director del CELA, señala que también existe un desconocimiento mutuo de los marcos empresariales y regulatorios, “a lo que se suma una política agrícola común de la UE” y una escasa diversificación internacional de las empresas latinoamericanas.

- Pese a todo, advierte la entrada en una etapa de crecimiento “a buen ritmo” en las relaciones comerciales entre ambas regiones, “aunque tal vez inferior al observado dentro de cada una de ellas, lo que es natural”. Por otro lado, contradice la afirmación de que Europa no ofrece gran cosa a los inversionistas latinoamericanos. “En España, estas inversiones (latinoamericanas) crecerán parejas al grado de internacionalización de las empresas de esa región y, en el caso de México, hemos recibido inversiones importantes de Cemex, Pemex (a través de Repsol), Grupo Modelo y Vips (negocio de restaurantes de Cifra)”.

Posibilidades para todos
Las pequeñas y medianas empresas (pymes) constituyen una buena base de despegue para el intercambio europeo-latinoamericano, aun cuando la realidad de unas y otras es muy distinta. “Lo que se entiende por pyme en Europa equivale a una empresa grande en Latinoamérica –explica Ferré–. En Perú, por ejemplo, sólo 47 empresas tienen una facturación anual por encima de los $100 millones de dólares, y 122 están entre los $30 y $100 millones.” - Para Ramón Casilda, del grupo español Unión Fenosa, la colaboración entre este tipo de empresas “constituye una firme tendencia que no deja de afianzarse”, la varita mágica que aumentará su competitividad. Esta cooperación, indicó, puede ser en las materias tecnológica, productiva, de aprovisionamiento, marketing y comercialización, y puede llevarse a cabo a través de subcontrataciones, licencias, franquicias, consorcios y redes (acuerdos múltiples entre muchas empresas, y de éstas con instituciones públicas o privadas y con entidades financieras). Casilda considera que, de aquí a cinco años, más de la mitad de las pymes estarán colaborando estrechamente con sus principales competidores. “Están descubriendo que, con estos acuerdos, es posible que las dos partes ganen en un segmento de mercado determinado, aunque en otras actividades sigan siendo competidores”.

- En el encuentro empresarial también se reconoció el éxito de posicionamiento en Latinoamérica alcanzado por grandes empresas europeas. La automotriz alemana BMW es un buen ejemplo. Eduardo Henkel, presidente del grupo mexicano Bavaria, socio nacional y principal distribuidor de BMW en México, indica que las ventajas competitivas de su país para embarcarse en un proyecto de tal magnitud son “las extraordinarias cualidades y habilidades del trabajador mexicano”, y no precisamente el bajo costo de la mano de obra. El que México forme parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), lo convierte “en una plataforma estratégica importantísima para llegar al enorme mercado de Estados Unidos y a Latinoamérica”. Destaca que en este país BMW aceptó por primera vez trabajar con un socio local y que, luego de los buenos resultados, ya desarrolla proyectos similares en otras naciones. La planta en México de esta firma automotriz produce 2,100 unidades anuales y a fines de 1999 habrá sumado 5,000 automóviles fabricados en el país. Esta experiencia, insiste, demuestra que en naciones como México “los inversionistas extranjeros pueden encontrar socios que no sólo ofrezcan una amplia capacidad económica e influencia política, sino también el conocimiento del mercado y la cultura general y empresarial del país, el entusiasmo, la entrega y la perseverancia, todo lo cual puede significar la diferencia entre el éxito y el fracaso de un proyecto”.

- Respecto de los mercados financieros, se hizo referencia a los grandes bancos españoles, que se han convertido en líderes del negocio de las finanzas en la mayoría de los países latinoamericanos, con la excepción de Brasil (“la principal asignatura pendiente”, se dijo). En su ponencia, Álvaro Calderón y Ramón Casilda, este último de la española Norsistemas-Unión Fenosa, dicen que la banca hispana llega “a América Latina por sus propios intereses, más que por el de sus clientes” aunque, pese a ello, opinan, ha tenido “un positivo impacto en el dinamismo y modernización de los sistemas financieros regionales”, con la introducción de nuevos instrumentos y tecnologías, que incrementan los niveles de competencia y con efectos directos sobre el acceso y valor del crédito. Entre las dificultades que también observan están el incremento de la concentración y la lenta transferencia hacia los clientes de esta mayor competencia y eficiencia.

Hay que aprender a entrar
La principal conclusión del encuentro fue que Latinoamérica encierra un potencial insospechado para la inversión europea, siempre que “se aprenda a entrar en sus mercados”. De acuerdo con Ferré, son tres los aspectos básicos que deben procurarse: aprovechar los recursos naturales y, con esta ventaja comparativa, plantear la comercialización hacia el resto del mundo; atender el mercado doméstico de cada país, ya que en la mayoría de ellos “las necesidades son mucho mayores que las demandas”, por lo que los empresarios deben de ser capaces de ofrecer productos a la medida del consumidor interno, e identificar qué etapas de la cadena de valor del negocio deben ser asumidas por la empresa extranjera y cuáles por las locales. - Según él, los sectores con mayor potencial para el inversionista europeo son turismo, pesca comercial, artesanías y obras de arte; para crecer en los mercados domésticos aconseja la compra de ciertas empresas estatales de operación deficiente: “Telefónica de España, por ejemplo, ha visto claramente el negocio y lo está explotando a fondo”.

- Cree, en todo caso, que lo más importante para lograr el éxito es la confianza, no sólo en los gobiernos de las naciones latinoamericanas sino, sobre todo, entre los empresarios de una y otra región, pues sus códigos de actuación son distintos. “Ahí es donde, a mi juicio, el aporte del IESE, a través del cela y de las Escuelas de Negocio de los diferentes países, puede ser de gran importancia.”

- ¿Y las posibilidades de Latinoamérica en Europa? Ferré opina que éste es un continente viejo y poco interesante en términos comerciales. “Para que Europa no se encierre en sí misma debe ir hacia a donde está la ilusión, la potencia, las posibilidades de futuro.”

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