Como volver a empezar

El fundador de esta firma jalisciense no sólo no perdió su empresa con sus anteriores socios, sino
Guadalupe Rico

Se necesitaban, cierto, pero la situación se había tornado insostenible. Si las diferencias superaban por mucho a las coincidencias, y ambas partes estaban de acuerdo en ello, qué caso tenía seguir juntos.

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¿Una conversación de alcoba? En lo absoluto. Es la clase de reflexiones bien pudieron cruzar la mente de Francisco Martínez Martínez, fundador de la cadena mexicana Quinta Real, respecto de sus socios, los directivos de Grupo Piasa y la correduría estadounidense Goldman Sachs. A ese grado debieron llegar las cosas para que, con menos de tres años de vida común, viniera la ruptura. Eso también explicaría la urgencia de Martínez, de 64 años de edad, por buscar un nuevo socio.

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El hecho es que, una vez más, se anuncian tiempos mejores para la nueva pareja. Martínez llegó a un acuerdo con José Antonio Alonso Espinosa –hombre de negocios poblano y nieto del decano de los banqueros en México, Manuel Espinosa Yglesias–, para recobrar la empresa hotelera. Con ello, Alonso se convirtió en propietario de dos terceras partes de la compañía, mientras que 33% restante quedó en manos del fundador y su hijo, Francisco Martínez Hermosillo.

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En el acuerdo se establece que Quinta Real, una cadena que se distingue por el estilo colonial de sus hoteles, conserva el concepto original que le dio vida, uno de los puntos polémicos que orillaron al rompimiento con los anteriores socios. La cadena se autodefine como un grupo de hoteles que destacan por su arquitectura y decoración tradicional mexicana, aunque con las variantes de cada ciudad, por su servicio de gran clase y su atención personalizada.

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En todo lo demás se esperan grandes cambios. Para empezar, se “se institucionalizará la compañía”, dice Alonso, nuevo presidente del consejo de administración.

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Para hacer efectivo ese propósito, integró un equipo de ejecutivos de primer nivel, encabezado por Jorge Couttolenc, quien llega a ocupar el cargo de vicepresidente ejecutivo del grupo, y Natalio Mier, el de director general. Conocido en el medio hotelero como el señor hotel, a Couttolenc lo respalda su experiencia. Participó en la creación de las dos cadenas mexicanas más importantes: al lado de Gastón Azcárraga Vidaurreta puso en marcha Posadas de México, y con el empresario Agustín Legorreta inició el Camino Real. Además fue presidente de Nacional Hotelera, para la que abrió más de 94 establecimientos, entre ellos los hoteles Presidente. Mier también tiene lo suyo. Formó parte del área turística de Banamex y colaboró igualmente en la cadena Camino Real, así como en los hoteles Westin y, más recientemente, en los Calinda, propiedad de Grupo Carso.

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El propio Alonso tiene una larga trayectoria, aunque desvinculada de la hotelería. Trabajó en el Chase Manhattan Bank de Nueva York y, una vez en México, durante el proceso de privatización bancaria, hizo intentos por recobrar para la familia el banco que había sido de su abuelo, Bancomer. Después adquirió la franquicia maestra de Domino´s Pizza (que más tarde vendió) y Dunkin Donuts, para su operación en Puebla.

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El control no regresa
Por lo que respecta a Martínez, con el cambio de sociedad recobró algunos puntos en la propiedad de la compañía, pero no su control. Desde junio de 1999, Quinta Real había sido operado por Ricardo Elías, quien fuera su socio original.

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“Como creador del concepto y como presidente honorario-vitalicio, nos apoyará con sus consejos –dice su hijo Martínez Hermosillo, quien ocupa la dirección operativa–. La experiencia que tiene en el área arquitectónica, de desarrollo y de creación de nuevos proyecto es valiosísima, por lo que estará más enfocado a la promoción de la compañía, en tanto que  la operación del día a día será llevada por José Antonio y el equipo de trabajo.”

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La primera encomienda del equipo es retomar los proyectos que, bajo la anterior administración, se quedaron en la congeladora. Arrancaron con la construcción de un hotel en Puebla y en el transcurso del año iniciarán obras para levantar nuevos hoteles en las ciudades de México, Los Cabos, Villahermosa, León y el corredor Cancún-Tulum. También prevén la ampliación del que tienen en Monterrey, aunque ampliar la capacidad de los hoteles no es un tema suelto.

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Su tesis es que los inmuebles con más de 150 habitaciones son más rentables, por lo que en Quinta Real han decidido que algunos sean más grandes que los actuales. En conjunto, con los nuevos proyectos pretenden agregar 625 cuartos, estima Martínez, que se sumarán a los 600 que hoy disponen. Los hoteles de la cadena están localizados en Guadalajara, Zacatecas, Monterrey, Acapulco, Huatulco, en México y tienen otro en Guatemala.

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Para el financiamiento de los nuevos proyectos serán invitados inversionistas locales; lo que no revelan los directivos es el monto de recursos que requerirán para llevarlos a cabo.

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Tres contra uno
El nacimiento de Quinta Real, en 1985, fue la materialización de un sueño para Martínez, quien optó satisfacer una inquietud personal antes que atender las advertencias de algunos conocedores del ramo que lo pusieron en guardia ante su probable fracaso. El primer establecimiento, pequeño, ubicado en un barrio de importancia comercial en Guadalajara, fue un éxito, lo que animó al empresario tapatío y a sus primeros socios, los proyectistas Ricardo y Roberto Elías, a construir en otros sitios. Invitaron a participar a inversionistas locales, pero aún así se vieron en la necesidad de recurrir a créditos bancarios. Nunca imaginaron que, con el error de diciembre, esa deuda se convertiría en una pesada carga financiera.

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Incapaz de soportarla por sí mismo, Martínez aceptó la idea de formar una sociedad y mejorar así su frágil situación financiera. Después de algunos acercamientos con distintas cadenas hoteleras, en 1997 el Grupo Piasa Gran Turismo –propiedad de algunos miembros de las familias Autrey y Ancira– decidió comprar 25% del paquete accionario de Quinta Real.

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Los recursos recabados con esta operación eran suficientes para liquidar los pasivos de la cadena, y aún quedaba un remanente para financiar nuevos proyectos. Sin embargo, el invitado llegó a su vez con invitados. Piasa sugirió integrar a la sociedad a la correduría Goldman Sachs. Al poco tiempo, la firma estadounidense adquiría otro 25% de las acciones; el producto de esta venta estaría destinado a nuevos desarrollos. A Martínez no le desagradó el trato: “nos pareció muy interesante tener socios de esa trascendencia para lograr que la expansión de la compañía fuera más rápida y tener una proyección internacional.” Los planes de la naciente sociedad eran, en efecto, acordes con esa aspiración. Se propusieron abrir de ocho a 10 hoteles en un plazo de cinco años.

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Al paso de los días la realidad mostró otra cosa: los únicos hoteles concluidos, en Acapulco, Huatulco y Guatemala, fueron aquellos Quinta Real que había arrancado antes de sellar la unión.

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En los hechos, tal unión nunca existió. Las visiones entre los socios eran diferentes, acepta Martínez Hermosillo, al grado que la sociedad misma comenzó a ser cuestionada. “No es que uno fuera correcto y el otro equivocado, sino que eran puntos de vista totalmente diferentes del proceso y del crecimiento futuro de la compañía”, expresa. Al convencerse de que no podrían ponerse de acuerdo, sólo quedaba una cosa por hacer: vender. Pero aún eso requeriría de un mínimo acuerdo: definir quién sería el comprador y quién el vendedor. Tampoco eso fue posible. Los Martínez (padre e hijo) presentaron una oferta de compra por 75% del paquete accionario, que sumaba las partes en poder de Piasa, Goldman Sachs y los hermanos Elías (quienes para entonces ya habían cambiado de bando); y a la inversa, este grupo de accionistas se interesaban por el 25% de los Martínez.

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La asesoría de Jaime Serra Puche, secretario de Secofi en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari,  no robustecieron la posición de los Martínez. “Al ser tres partes contra una, era realmente complicado y veíamos pocas probabilidades de recuperar Quinta Real”, recuerda Martínez.

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Las negociaciones fueron arduas y al final favorables para el fundador de la cadena. No logró imponer su oferta, pero ganó tiempo. En paralelo a las negociaciones, se dedicó a buscar otro socio. Lo encontró en Alonso, con quien constituyó, en marzo de este año, la empresa Angea, con el único propósito de hacer la recompra de Quinta Real.

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Un mes después, al cruzarse las propuestas de compra del fundador y del grupo tripartita, Angea dio la sorpresa. Presentó una oferta superior a la de los ex socios del hotelero. Para Martínez, el monto de la operación es inconfesable.

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Socio nuevo ¿vida nueva?
¿Y el negocio? Por fortuna para la nueva sociedad, la rentabilidad no había sido dañada por las discrepancias que antecedieron a la disolución de la sociedad con Piasa y Goldman Sachs. Martínez Hermosillo lo atribuye a que, al iniciar las dificultades, en julio de 1999, él y su padre optaron por dejar de participar en las decisiones del grupo. De ese modo, dicen, evitaron contravenir las indicaciones de Ricardo Elías, quien había asumido la dirección general de la cadena y, con ello, que las discrepancias influyeran en la operación del negocio.

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Los responsables de los hoteles de Guadalajara, Monterrey y Huatulco tuvieron la habilidad para sacar adelante sus presupuestos, en tanto que al resto de las plazas sólo les faltó de 5 a 10% para cubrir su cuota. De esta  forma, agrega Martínez, los ingresos totales de la firma sumaron $275 millones de pesos al finalizar 1999, lo que representó un  crecimiento superior a 25% con relación al año previo.

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Este desempeño es una razón más para el optimismo de Alonso. “Siento que le entramos a  un magnífico negocio”, opina. Pero ese entusiasmo no es tanto por el Quinta Real actual –“que es muy bueno”–, sino por lo que tiene en mente. Además de revivir proyectos, dice que hay muchos gobernadores y hombres de negocios de diversas entidades que “piden y exigen” que abra un Quinta Real en sus localidades. Aunque se trata de propuestas tentadoras, él prefiere irse con pies de plomo: “Haremos nuestro proyecto de expansión en lugares adecuados y, de ahora en adelante, nuestros planes de desarrollo y de operaciones se harán de acuerdo con estudios de mercado y con el apoyo de gente profesional, para no incurrir en ningún error y mantener una estandarización de servicios”.

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Los Martínez apoyan la cautela de Alonso. “Mi papá creó esta compañía con corazón, con pantalones y con cariño, más que con tecnología. Sin embargo, ahora que José Antonio (Alonso) ha traído a la mesa los ingredientes financieros y técnicos, hay que ver dónde es más conveniente abrir un hotel no sólo desde la óptica de la rentabilidad sino también desde el punto de vista estratégico”.

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Según Alonso, Quinta Real reúne todas las características para ser un concepto exportable. A raíz de su integración en sociedad, dice, ha recibido llamadas de fondos de inversión  “muy importantes” de Estados Unidos, Europa y Sudamérica, manifestando su deseo de participar con el grupo en la apertura de hoteles en esas regiones. “En concreto, de Estados Unidos tenemos propuestas de inversionistas de Los Angeles y Dallas –asegura–, quienes están ansiosos por construir un hotel lo más pronto posible”.

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Por ganas no queda. 

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