Competencia juvenil

A pesar de la creencia generalizada al interior y exterior del país acerca de la falta de competiti
Alba Leal García

Después de estar reservado a universidades estadounidenses, el certamen anual Case Challenge que organiza la empresa consultora EDS en Estados Unidos, extendió su convocatoria a partir de 1995 a otras naciones entre las que se consideró a México como primer invitado. Las instituciones que representan al país desde entonces y exclusivamente por invitación son el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM).

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En esa primera participación, en la que los representantes nacionales se enfrentaron a las universidades más importantes de América y Europa, el ganador fue el Tec campus Monterrey, reconocimiento que tan sólo dos años después volvió a conquistar junto con la universidad canadiense de Queen’s, después de una acalorada votación en la que como caso excepcional se declaró empate, y cuya convocatoria congregó a 45 instituciones de Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Japón, Australia, Canadá y México. David Alanís Dávila, director de la Licenciatura en Sistemas de Computación Administrativa del ITESM y responsable de preparar a los jóvenes, afirma que los resultados obtenidos en esta justa confirman que “como mexicanos, realmente tenemos la materia prima para poder competir con cualquier persona de cualquier parte del mundo y de cualquier universidad”.

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El reto fue enfrentado por Leticia Jaramillo y Mónica Durán, licenciadas en mercadotecnia; Jesús Altamirano, contador público y Raúl Alejandro Olivo, a quien al momento del certamen le faltaba cursar dos semestres de la carrera de ingeniería en sistemas. Antes de viajar a Texas, sede del certamen, los jóvenes resolvieron siete casos para familiarizarse con la mecánica del evento. Alanís señala que en esta etapa la integración es un factor fundamental, ya que durante el certamen los miembros del equipo tienen que trabajar durante 72 horas prácticamente ininterrumpidas. “Como nadie se conoce, es muy importante ver cómo van a actuar, sobre todo cuando se trabaja bajo presión”. Para Altamirano, lo más interesante fue el tipo de interacción que tuvieron con los representantes de EDS. “Nos trataron como consultores desde un principio... nos dieron la oportunidad, la libertad de valernos por nosotros mismos”.

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En una primera etapa los jóvenes del Tec compitieron contra estudiantes de las universidades de Minnesota, Michigan (Dearborn) y California (Berkeley), al término de la cual expusieron su trabajo ante los jueces, quienes finalmente decidieron el empate entre la institución regiomontana y la Universidad de Queen’s.

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AL GRANO
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El reto consistió en resolver un problema real de la Orquesta Sinfónica de Detroit, que es una de las cuentas de EDS, cuyo objetivo era atraer más público a los conciertos aprovechando las ventajas de Internet. Además de enfrentar una deuda de $6 millones de dólares, la orquesta tiene un público muy limitado que se ubica en el rango de 50 a 59 años de edad. “Nuestra misión era convencerlos de que una página en Internet era un medio de promoción en nuevos mercados, lo que podría incrementar sus utilidades”, comenta Durán.

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El trabajo comenzó con una serie de entrevistas a ejecutivos de EDS en representación del cliente. Estas sesiones fueron cronometradas y en ellas se evaluaron todos los detalles, desde la manera de preguntar hasta la presentación del consultor y su trato al entrevistado, cuya actitud siempre fue muy reservada, ya que esto es parte del reto que deben enfrentar los jóvenes. A partir de estas entrevistas y de la información recabada en otras fuentes de información, los jóvenes elaboraron sus propuestas.

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Una de las soluciones se centró en la segmentación del mercado, lo que los condujo a estrategias alternativas para recabar recursos: organización de cocteles, venta de discos a través de Internet, renta de espacios en la página de la orquesta, entre otras. Altamirano comenta que algunas de éstas ya habían sido implantadas por EDS, lo que es un claro indicador de que las estrategias estaban bien “aterrizadas”. Sin embargo, las demás ideas ofrecieron a la compañía una visión más fresca del caso.

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Una vez superada la presión del certamen los estudiantes del Tec han tenido tiempo para reflexionar sobre lo aprendido. Para Jaramillo, la experiencia fue inolvidable porque supo lo que es trabajar y vivir en equipo. Además, aprendió que sólo se puede lograr un buen trabajo cuando los involucrados están realmente comprometidos con el proyecto. “Si no hubiera habido compromiso, no hubiéramos podido llegar.” Por su parte, Altamirano expresa que vivieron de cerca la experiencia de trabajar en una empresa de primer mundo con todos los avances tecnológicos a su alcance. Esta idea es compartida por Durán, quien no duda un segundo al afirmar que EDS es una empresa en la que le gustaría trabajar porque ahí se dio cuenta de lo importante que es ofrecer un servicio de calidad al cliente.

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Olivo, por su parte, señala que el hecho de ganar una competencia internacional le demostró que tienen capacidad para llegar a los puestos más altos “sin tener que bajar la cabeza ante nadie”. Además, entendió que en el trabajo interdisciplinario es importante hablar el mismo idioma a pesar de las diferencias profesionales. Como catedrático, Alanís considera que lo importante de este certamen es que congrega en un solo lugar diversas culturas y, por lo tanto, diferentes estilos de resolver un caso común.

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Cada estudiante recibió un premio de $1,000 dólares y si la compañía implanta las medidas propuestas, recibirán un premio adicional por el mismo monto cada uno.

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