Con cepa alemana

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Los alemanes no son grandes bebedores de vino; su consumo per cápita es de apenas 32 botellas al año, mientras que en Francia es, por lo menos, cinco veces más. En el país germano, donde la bebida favorita es la cerveza, es común mezclar el vino con agua para tomar mayor cantidad. Sin embargo, Alemania tiene una gran tradición vitivinícola, que se remonta a los tiempos del imperio de Carlomagno y la dominación romana. Su especialidad son los vinos blancos de bajo alcohol y aromatizados. Sólo 5% de su producción vitivinícola son tintos o rosados.

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Aunque algunas de sus marcas, como el Liebfraumilch –de cierta dulzura– se han hecho mundialmente famosas, la mayoría de sus vinos son poco conocidos en México. Algunos, como el sedoso Botzinger, un tinto pinot noir de cosecha tardía con fuerte sabor a uva, sorprenden por su excelente calidad y bouquet. En el caso de los blancos, el delicado Santa Ursula Riesling Dry, muy seco y ligero, con aroma a manzana, es digno de las mejores mesas. Otra buena sorpresa para los grandes conocedores, y los no tanto, es el Ruppertsberger Nussbien, un blanco con más de 12º de alcohol, algo poco usual en los vinos alemanes.

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La mayor parte de los viñedos donde se originan estos caldos crecen a lo largo del Rhin y sus afluentes, desde la región fronteriza con Francia hasta el río Elba, en el lado este. Las áreas vitivinícolas están divididas en 13 comarcas, algunas muy chicas, que obtienen cosechas muy pequeñas para el consumo local. Por lo general, los vinos provenientes de las comarcas al norte tienden a ser más ligeros, fragantes y de sabor afrutado. En estas comarcas templadas, incluso frías, la cepa puede madurar más tiempo. En cambio, en las regiones del sur los vinos que se producen tienen sabores más definidos.

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En Alemania, la vendimia se realiza en octubre y noviembre, mucho después de haber terminado las cosechas en otros lugares del viejo continente. El secreto de muchos de sus grandes vinos está precisamente en el grado de maduración de la uva, lo que se traduce en mejor gusto y aroma. El grado de madurez de la cosecha se indica en la etiqueta como “categoría de calidad”. Según la legislación alemana, los vinos se dividen en vinos de mesa, Tafelwein, y vinos de calidad, Qualitätswein.

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Los alemanes se jactan de que sus vinos son únicos en el mundo. Si bien algunos países han tratado de imitar sus cultivos de vid –particularmente Riesling, la uva alemana por excelencia–, los resultados nunca han sido muy satisfactorios.

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La guía que acaba de publicar el Instituto Alemán del Vino afirma que hay factores como el clima y la composición de la tierra que se conjugan para darles un carácter único.

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Tómese por ejemplo el caso de los vinos Eiswein, sumamente preciados en Alemania. La uva de estos vinos –que puede ser Silvaner o Riesling– se recoge exclusivamente cuando la temperatura llega a menos siete grados centígrados. En invierno, los agricultores corren a los viñedos para evitar que se congelen. Estos vinos son considerados la crème de la crème, pues sólo se recoge el néctar que sale del mosto. Las grandes casas alemanas producen algunas botellas de Einswein en años especiales. Ante la gran demanda que tienen  los vinos blancos, los alemanes ya promocionan algunas de sus mejores marcas en México.

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