Con la balanza a nuestro favor

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Carlos Sámano

Uno de los elementos que en algún momento se convirtió en nuestra peor pesadilla es el saldo de la balanza comercial. Este indicador, que en tiempos de una administración satanizada en la actualidad, era motivo de acentuada preocupación por parte de algunos, y que el entonces secretario de Hacienda defendía como ejemplo de los capitales que llegaban a México a apoyar el desarrollo, hoy vuelve a ser motivo de atención.

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Sin pretender abordar nuevamente la conveniencia o no de mantener déficit comerciales elevados, la verdad es que en nuestro país parece haberse logrado ya cierto nivel de articulación entre las importaciones y las exportaciones, la que responde al crecimiento de la economía.

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Esta forma relativamente nueva de reaccionar genera efectos muy positivos sobre algunas de las variables financieras, como el tipo de cambio, pero dado que éstas no responden a las expectativas de catástrofe que algunos parecieran desear, entonces empezamos a escuchar voces alertando sobre la inminente llegada del lobo.

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El punto es tratar de desentrañar, en esta nueva realidad en donde los efectos del TLC empiezan a mostrar que modificaron de manera estructural nuestra economía, cuáles serán las señales que verdaderamente nos deberán alertar sobre el peligro de caer en una crisis.

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Se sigue manteniendo como una "regla de dedo" el que el déficit comercial no rebase el 4% del PIB.

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Los bienes de consumo provenientes del exterior, dada la fortaleza enorme que ha mostrado nuestra moneda, se han mantenido con niveles de crecimiento mucho mayores a los de los bienes de capital o los intermedios. Sin que se haya modificado de manera relevante el tipo de cambio, la tasa empezó a declinar de forma clara.

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Ciertamente no pretendemos plantear que la economía ha alcanzado un nivel de desarrollo tal que estamos ajenos a los problemas. En la medida que más nos insertamos en las corrientes internacionales de comercio tendremos que seguir la evolución externa y buscar hacer los ajustes para acomodar las variables de una economía que depende de las exportaciones en poco más de 30%.

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A manera de ejemplo, tenemos que aun cuando nuestras reservas internacionales han alcanzado marcas récord, superiores a $40,000 millones de dólares, éstas siguen representando una cantidad apenas superior a tres meses de importaciones.

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La regla que estamos aprendiendo es que nada mejora la salud de la economía más que mantener la disciplina monetaria y fiscal, y dejar que sea el mercado el que actúe para determinar el tipo de cambio adecuado.

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–El autor es director de Análisis en BBVA-Bancomer

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