Con todo para despegar

ITR demuestra que hay oportunidades en los cielos nacionales.
Verónica Baz

La reparación de motores de aviación, actividad que muchos creían muerta, ha resurgido con fuerza en México. Muestra de ello es Industria de Turborreactores (ITR).

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Actualmente 80% de las operaciones de la firma se enfocan a clientes como Aeroméxico y Mexicana; el 20% restante a aerolíneas extranjeras.

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Emilio Otero, director general de la empresa, señala que han desarrollado mano de obra especializada en colaboración con universidades. Sin embargo, hoy el mayor obstáculo es otro: como consecuencia de la crisis que trajeron los atentados del 11 de septiembre de 2001, se dio una drástica disminución en el número de motores y turbinas que requerían reparación. El directivo explica: “Muchas aerolíneas, en vez de reparar sus turbinas y motores, adquirían los de algún avión que estuviera parado.” Además, la crisis aceleró el cambio en los modelos de los aviones, lo que implicará invertir en tecnología y capacitación.

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Frente a este escenario, la compañía ha instrumentado una estrategia para mantener su nivel de competitividad en el área de reparación, al tiempo que invierte en dos nuevas divisiones: Ingeniería de Diseño Aeronáutico y Fabricación de Partes de Motores de Aviación.

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ITR demuestra que los altos salarios, la entrada de inversión extranjera, la formación de mano de obra especializada y la posibilidad de competir en áreas intensivas en tecnología son algunos de los atractivos que ofrece la industria aeronáutica al país. Sin embargo, la falta de conocimiento sobre el potencial de este sector y la ausencia de apoyos gubernamentales pueden ser la diferencia entre escribir una historia de éxito o sólo la de otra oportunidad desaprovechada.

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