Con un pie en Marte

Rafael Navarro-González, el mexicano del equipo de la NASA que buscará vida en el planeta rojo.
Regina Reyes-Heroles

Fueron dos pasiones las que llevaron a Rafael Navarro-González a comenzar a escalar las laderas del volcán el Pico de Orizaba de México: su fascinación de niño por los orígenes de la vida y su interés profesional por los lugares más diversos del planeta. Cuando se para en las laderas heladas, estudiando la línea de árboles más alta, Navarro-González imagina bosques en los suelos de Marte.

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Tiene 45 años y para muchos es un ser excéntrico: biólogo y químico con estudios en astrobiología (el estudio de la vida en otros planetas), su lenguaje remite al mundo del escritor de ciencia ficción Isaac Asimov.

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El investigador es hijo de un vendedor de artículos de ferretería; su infancia en la Ciudad de México fue como la de otros niños, excepto por su pasión temprana por la biblioteca y la lectura de literatura científica. Veía a Jacques Cousteau en la televisión y fue testigo del el alunamiento del Apolo en 1969 y las misiones Viking a Marte en 1970.

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Su origen humilde nunca fue impedimento para su trabajo y sueños. Obtuvo sus títulos universitarios de biólogo y químico en México. Y en la Universidad de Maryland su mentor fue un profesor de Sri Lanka llamado Cyril Ponnamperuma, que había estudiado las rocas de Marte como parte de su trabajo en astrobiología. Después continuó sus estudios en el MIT y la Universidad de París, Navarro-González forma parte de la diáspora de científicos mexicanos que durante los 80 se fueron de México en medio de un ciclo de crisis económicas que limitaron sus oportunidades para investigar. El biólogo y químico fue un cerebro más fugado de México.

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En 1994 aceptó una promesa del gobierno mexicano que consistía en una aportación de fondos para un laboratorio a cambio de que regresara. No obstante, este plan casi se desbarata cuando el peso se desplomó un año más tarde y no hubo dinero suficiente como para traer todo su equipamiento.

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A pesar de los contratiempos se convirtió en el fundador del Laboratorio de Química del Plasma y Estudios Planetarios en la Universidad Autónoma de México. Su laboratorio impacta a sus colegas extranjeros que a veces tienen una visión errónea de un México que se refleja en películas de antaño. En este lugar es donde Navarro-González estudia la vida a través de la mezcla de gases en tubos de ensayo para replicar la atmósfera de Marte o de la Tierra primitiva. Luego bombardea esas “atmósferas” con relámpagos generados con láser que pudieron haber brindado la energía crucial para el nacimiento de las primeras formas de vida.

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Desde hace varios años, con otros investigadores de la NASA, estudia diversos climas de la Tierra similares al de Marte, como el del desierto de Atacama, en Chile, el segundo más árido en la Tierra. “La cantidad de precipitación que puede tener la zona más árida conocida como yungay es de dos milímetros de lluvia cada 10 años, esto es equivalente al rocío de una mañana de invierno. Los que habitan cerca de esta región nunca han visto llover, no saben qué es. Quizá sea similar a las personas que nunca han visto nevar”.

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El interés profesional tan peculiar de Navarro-González va más allá de la búsqueda de vida, pues parte de su propia investigación es calcular si los humanos podrían producir vida en Marte. Las noticias sobre su trabajo llevaron a algunos cuestionamientos sobre por qué un país que está luchando contra la pobreza y otros problemas estaría dispuesto a gastar dinero en la exploración del espacio. Navarro-González y sus colegas respondieron que la ciencia y la tecnología son claves para los países en desarrollo. Al final, quienes trabajan en el Instituto de Ciencias Nucleares de la Universidad Autónoma de México saben lo importante que es aprovechar las colaboraciones científicas de Navarro-González y no están dispuestos a dejarlo ir a causa de una falta de presupuesto. Es vital la participación en actividades intelectuales para formar parte de un mundo inmerso en la tecnología y la ciencia.

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Los proyectos “Marte”
El proyecto más ambicioso de Navarro-González es validar si hay o hubo vida en Marte y ambientar al planeta para que seres humanos puedan vivir en él.

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Marte está más alejado del Sol, de ahí que sus temperaturas sean más bajas y el estado del agua sea sólido. El robot Opportunity, de la nasa, encontró evidencias de un mineral llamado jarosita que sólo puede formarse con presencia de agua líquida. Con esta evidencia, los científicos como Navarro-González creen que en Marte hubo vida hace aproximadamente 350 millones de años y eso es lo que quieren comprobar. ¿Cómo lo harán?

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El nuevo robot que enviará la nasa a Marte en 2009 formará parte de una nueva generación que superará a los ya conocidos Spirit y Opportunity. El nuevo robot Mars Science Lab (MSL) se trasladará con más rapidez, será más ligero y más grande, pero quizá lo que más llame la atención es que ya no utilizará energía solar, sino que creará su propia energía. La misión de este nuevo robot –que entrará en la atmósfera marciana en cuatro años– es investigar si el metano que hay en la atmósfera marciana es biológico. “Si es así, tendremos la primera prueba concreta de que en Marte hubo vida”, dice Navarro-González.

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A comparación de Spirit y Opportunity (que superó su tiempo de vida  proyectado de medio año a un año marciano), el MSL trabajará como mínimo un año marciano fuera de la Tierra, lo que equivale a dos años terrestres Y contará con un laboratorio móvil que ayudará en la búsqueda de vida en Marte. Además de investigar si hay el metano, el MSL buscará compuestos orgánicos en el subsuelo del planeta rojo. La intención es localizar la zona marciana y establecer las bases para que en 2014 un cuarto robot recolecte rocas que sean investigadas en la Tierra. Posteriormente, en 2020 ó 2030 se contempla enviar humanos a Marte para la exploración; los astronautas deberán prepararse en desiertos como el de Utah o la Antártica y en una base lunar.

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¿Y cómo lograrán hacer similar el ambiente? Navarro-González explicó que varias de sus investigaciones pretenden calentar la atmósfera del planeta rojo como lo hemos hecho –inconscientemente– en nuestro planeta desde el desarrollo industrial.

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En Marte se soltarán gases invernadero más eficientes y en pequeñas cantidades para así incrementar su temperatura y derretir el hielo para que formen lagos u otros cuerpos acuíferos.

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Obteniendo agua en estado líquido, se intentará introducir vida, éste sería el segundo paso para la terraformación –cambiar características ambientales a unas similares a las de la Tierra–. En la tierra hay algas unicelulares que hacen fotosíntesis y producen sus propios alimentos y el científico mexicano considera que podrían hacer lo mismo en Marte. Claro, esto podría llevarse entre 1,000 y 10,000 años, asegura el científico. Por lo pronto en 100 años prevé que los humanos puedan vivir en bases marcianas con un sistema de respiración mecánico y controlado por medio de cápsulas.

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Marte en el pico de Orizaba
En el volcán mexicano Pico de Orizaba hay un bosque a una altura de entre 4,200 o 4,400 metros con un clima de cinco grados centígrados.

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Navarro-González, junto con investigadores de la nasa, de la Universidad de Louisiana, la Veracruzana y la UNAM, prevén que después del calentamiento de la atmósfera de Marte, la tarea es desarrollar un bosque como el del Pico de Orizaba en tierras marcianas.

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Además, en la zona más alta del volcán hay un glaciar que podría asemejarse a las situaciones actuales en Marte. Al descender un poco la montaña se llega a 5,000 metros de altura y el hielo de los glaciares comienza a derretirse, lo que sería comparable al cambio de estado sólido a líquido del agua en Marte, por medio de la liberación de gases en la atmósfera y el calentamiento del ambiente.

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Unos metros más abajo se encuentra un suelo arenoso y con cenizas, más adelante uno con líquenes y pastos y finalmente el bosque. Éstas serían las etapas que se realizarían en Marte para llegar a condiciones ambientales como las de la Tierra.

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Otro de los proyectos es el desierto de Atacama, en Chile. Aunque es la segunda zona más árida que existe en el planeta –luego de los Valles Secos de la Antártica–, la realidad es que tiene vida, materia orgánica, y se parece a lo que encontró el proyecto Viking en los años 70 y ahora se convierte en una zona estratégica para probar las misiones espaciales que buscan vida en Marte.

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Más allá de las críticas que Rafael Navarro-González despierte, la realidad es que es un investigador mexicano de talla mundial y como él mismo dice: “Lo importante es que todo lo he hecho en México”.
 
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